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Editorial

EDITORIAL: Cura de mi Pueblo y cambios de párrocos en tiempos de pandemia.

 

Posiblemente será esta la primera vez en la historia para muchos sacerdotes católicos en que celebrarán los ritos de Semana Santa en la soledad de su conventos y de sus iglesias, capillas y casas parroquiales.

 

Son días de reflexión profunda para el mundo cristiano sobre el dolor de Cristo el Viernes , su ausencia el Sábado y finalmente la resurrección el Domingo .

 

Este Viernes será mucho más doloroso para los sacerdotes de nuestra Región quienes se encuentran en el escrutinio público desde hace mucho tiempo a raíz de las acusaciones por el llamado caso de “La Cofradía” . Ellos también continúan sufriendo por la ausencia de un Obispo titular que por fin reúna a sus ovejas dispersas por todos los rincones de la Región y las reorganice definitivamente .

 

La pandemia ha afectado muy fuerte a los sacerdotes diocesanos ya que al no poder celebrar misas y administrar sacramentos y perder el contacto con sus feligreses también han perdido los ingresos que reciben por medio de donaciones y ofrendas . Esas monedas recogidas en el ofertorio significan para muchas parroquias el pago de los servicios básicos, sueldos de empleados y la subsistencia del Párroco.

 

También los feligreses se ven profundamente afectados ante la imposibilidad de asistir al templo o de participar en los cultos , justamente ahora en que más se necesita el apoyo espiritual es cuando menos se puede tener.
Pese a todo en muchas parroquias se han implementado medios tecnológicos para poder transmitir la misa dominical y hacer circular temas de reflexión para seguir desde la casa usando las redes sociales para mantener el espíritu de comunidad y unión propios del cristianismo .

 

La Fé no se ha perdido ni en los ministros ni en los feligreses la iglesia está volviendo a sus orígenes con las pequeñas comunidades y sobreviviendo a la pandemia a los problemas económicos y sobre todo a la falta de una cabeza estable que facilite un orden.

 

A todo el clima de incertidumbre en que vivimos se suman los próximos cambios y destinaciones de párrocos determinados antes de la pandemia .

 

Al parecer no es este el mejor momento para quitarle a los feligreses a su pastor al que para bien o para mal conocen perfectamente y al que generalmente quieren y estiman también como un amigo. No podrán haber despedidas masivas que cierren un ciclo y que permitan recibir al nuevo pastor que será un desconocido por mucho tiempo justamente cuando se prevee que los peores tiempos de la pandemia aún no llegan.

 

 

Alejandro González Pino
Director

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