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La obra social y ejemplo de vida del Sacerdote Manuel Bahl Sack.

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Por: Gisella Abarca

Fotos: Marco Lara

 

Una valiosa, fructífera y enriquecedora obra por décadas realizó en beneficio de los más pobres y marginados. Nos referimos al sacerdote de la Congregación del Verbo Divino, padre Manuel Bahl Sack, que el  pasado 27 de junio de 2021 cumplió 90 años de vida y que hoy 10 de abril de 2022 falleció en Santiago, junto a su comunidad del Verbo Divino.

El sacerdote nació en Argentina el 27 de junio de 1931 en San Miguel Arcángel, conocida entre otras cosas, por ser la localidad que más vocaciones sacerdotales y religiosas a la Iglesia católica ha dado en el país trasandino, ingresando el 21 de septiembre de 1957 al Seminario de la Congregación del Verbo Divino en Buenos Aires.

Desde entonces, inicia su vasta labor como sacerdote. En 1958, a los pocos meses de haber sido ordenado fue enviado por su Congregación a Chile para colaborar en el Liceo Alemán de Santiago; sin embargo, el padre Manuel no acepta esa destinación. Su vocación de servicio y apostolado religioso lo inclinan al trabajo comunitario, deseando laborar en  poblaciones marginales. Entonces, su orden religiosa lo envía a Osorno a la Parroquia San Mateo, desde donde colaboraba con la naciente vida parroquial en Nuestra Señora del Carmen de dicha ciudad, y Entre Lagos donde vivió el terremoto de 1960.

Durante su apostolado, debió abandonar su comunidad por un año para realizar un viaje a Europa con el objeto de perfeccionar sus conocimientos. Al volver a Chile traía consigo una serie de experiencias que quería compartir con su gente del sur, pero sus superiores lo destinan a la Diócesis de Rancagua donde continuó desarrollando su labor pastoral. “Tenía 29 años cuando llegué a Chile, un poquito más de 60 años atrás. Llegué a Entre Lagos, más tarde me mandaron a cerquita de Roma en Italia, hice cursos, me especialicé con profesores en distintos idiomas. Estudié alemán, castellano y otras cosas. Volví a Chile, a Entre Lagos, de ahí, a mediados del 60 me mandaron a Rancagua, aquí a La Granja”, cuenta el padre Manuel Bahl Sack.

EVANGELIZACIÓN Y URBANIZACIÓN EN LA GRANJA

 

El 20 de septiembre de 1968, a los 37 años, asumió funciones en la parroquia San José Obrero de La Granja, parroquia erigida el 19 de octubre de ese año, desmembrándola de El Sagrario. Aquí el sacerdote estuvo por cerca de 30 años, iniciando su labor con la comunidad que vivía en condiciones precarias. No tenían luminarias y sus calles polvorientas causaban muchas molestias, por eso procurarles una mejor calidad de vida fue un desafío que se impuso el sacerdote cuando llegó a la ciudad. Debió comenzar desde cero en la evangelización así como en la urbanización.

Sus inicios en la capital regional no fueron fáciles, pero no se detuvo y comprendió que debía acercarse a la comunidad no sólo en un plano sacerdotal; sino como un amigo y fue así como se acercó a la gente sencilla y a los marginados. Paulatinamente fue creando fuertes lazos con los pobladores lo que le permitiría participar activamente en la urbanización y construcción de las poblaciones. Sería este nuevo trato espiritual con los más pobres el que le preparaba el terreno para comenzar su trabajo, recuerda el longevo sacerdote. “La gente me ayudó mucho, porque al día siguiente de llegado tuve que atender un enfermo. Acá en La Granja no había veredas, nada, todo era de tierra y se me ocurrió poner solera y pastelones, y comenzamos la tarea de hacer veredas. Entonces me fui a Obras en la municipalidad, mandaron un topógrafo y máquinas para emparejar”, cuenta.

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La primera obra de urbanización fue colocación de soleras, después las veredas, rebajar calles, rellenar otras y construirlas donde sólo había polvo. Fue el padre Manuel quien realizó los trabajos de urbanización con sus propias manos. En un principio debió trabajar solo porque nadie creía que las locas ideas de este sacerdote pudieran concretarse.

Así, la primera vez que salió del templo con pala en mano fue para preparar el terreno para las soleras, para después levantar luminarias, cumpliendo los desafíos con éxito. “Empecé solo por el frente del templo, ahí comenzaron las soleras, y en la esquina del frente recuerdo que los viejos se reían de mí. Trabajaba con carretilla en mano, a pulso donde de a poco se fue sumando la gente e hicimos soleras y veredas en más de 10 kilómetros”, recuerda con orgullo el sacerdote.

Asimismo, con el objeto de asegurarle vivienda a la gente más necesitada de su comunidad, se abocó a la compra de sitios y con los títulos de propiedad en mano, comenzó la construcción de algunas villas.  Una de ellas fue la Villa Verbo Divino donde existen 18 casas. “Ahí el colegio Verbo Divino de Santiago pagó el terreno porque era  para unos viejitos y el terreno estaba abandonado, así que comenzamos a trabajar en la construcción de las casas”.

Recuerda que “también hay otros sectores donde comprábamos terrenos, les hacíamos un pasaje y paramos de 5 a 6 casas, en Andes y en la Manuel Rodríguez, son casas pequeñitas, pero también ayudamos a que tuvieran vivienda”, relata el padre Bahl.

Y no sólo la comunidad donde había llegado a ejercer su misión evangelizadora se encontraba en condiciones precarias. También el templo que lo recibía no tenía cielo y el piso de éste como de las oficinas era de tierra, por lo que su mejoramiento fue una tarea ardua. “Aquí había una sala y dos salitas más acá, allá en el rincón tenía la casita del Hogar de Cristo, pero no había cama, ni sillas, ni nada. Recuerdo que el primer día los chiquillos llegaron con un colchón y al día siguiente llegaron con el catre. La construcción de la iglesia estaba, pero en el segundo y tercer piso había que hacerlo, por eso trabajé y dirigía”.

 

FORMADOR DE COMUNIDADES

 

Después de varias décadas en Chile, el balance de su obra es elogioso. Ha sido formador de diversas comunidades religiosas en Población Dinstrans (Sagrado Corazón de Jesús), Óscar Bonilla, Rancagua Sur (Verbo Divino), Isabel Riquelme, Centenario, Manzanal (Espíritu Santo), Las Rozas y Santa Julia, Siete Puentes y Lo Conty, entre otras, donde pobladores, colegios y juntas de vecinos dan testimonio de sus notables servicios prestados a la comunidad. Es por esto que el sacerdote guarda hermosos recuerdos de las comunidades por donde ha estado, y gracias a su espíritu constructivo, muchas de ellas en la actualidad tienen un lugar para reunirse y celebrar su fe. “La más grande en que ayudé es la Parroquia de El Manzanal, después Bonilla, Dintrans, Rancagua sur, Isabel Riquelme, en total son seis”, comenta.

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En tanto para obtener recursos y parar los templos, “la gente me ayudaba, la comunidad, los vecinos ponían dinero y trabajaban conmigo. Por ejemplo en el Manzanal era una cosita chica y seguimos construyendo en ese terreno más grande, los mineros se entusiasmaron y cuando volvían del trabajo ayudaban a sacar tierra”, recuerda el padre Manuel entre risas, “teníamos una sola carretilla, todo era a pulso y los vecinos ayudaban mucho con recursos y mano de obra”.

Otra de las construcciones en la que ayudó fue la capilla de la población Óscar Bonilla. “Ahí habían sacado la cosecha de papas y un grupo de gente ocupó el terreno, comenzaron las lluvias y ayudábamos con nylon para que no se pasara en agua. La capilla de la Óscar Bonilla comenzó en una toma donde me dejaron un pedazo de tierra para una iglesia”, comenta. “En la Población Rancagua Sur también ayudamos en la construcción. Ahí nos tocaba un terreno chiquitito y gracias a una persona que trabajaba en la municipalidad, nos dieron ese tremendo terreno y entre todos los vecinos  comenzamos a pulso a construir”, cuenta el sacerdote.

A esto se agrega la gran labor en favor de los jóvenes ya que con gran preocupación se dedicó a la rehabilitación de estos en los flagelos de la drogadicción y alcoholismo, creando centros especializados para ello.

En 1998 el Padre Manuel recibió su traslado a Santiago, al Seminario de la Congregación y su partida deja una huella imborrable de reconocimiento a la valiosa y enriquecedora obra que durante varias décadas ha trabajado en beneficio de los más pobres y marginados, dejando de lado diferencias religiosas, políticas y sociales. Estos hechos fundamentaron la iniciativa de concederle la nacionalidad por especial gracia en los años ‘90.

Luego el sacerdote volvió al sur, donde el 22 de septiembre de 2017 celebró en Osorno 60 años de Ministerio Sacerdotal. Actualmente  vive en la parroquia San José Obrero de La Granja donde día a día sigue evangelizando a su ritmo que a los 90 años aun lo mantienen con total vitalidad. “Visito enfermos, gente viejita encerrada, copuchamos un poco, hace dos semanas visité 40 familias, lo hago en la tarde, porque voy caminando”, finaliza.

Falleció querido sacerdote Manuel Bahl Sack

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