
Por: Viviana Aguirre Vicedecana de Investigación
y Desarrollo de la Facultad de
Ciencias Médicas de Usach
La pandemia por COVID19, se ha convertido en una enfermedad que, además de ser global, tiene una alta morbilidad y una importante mortalidad, lo que la convierte en un problema mundial que ha venido a modificar nuestra sociedad y la forma de relacionarnos de una manera significativa.
El germen que la causa es un virus llamado Sars-cov2 y corresponde a un tipo de coronavirus que surgió hace poco en la escena mundial y por tanto todos somos susceptibles a contraer la infección, puesto que no hemos desarrollado defensas contra él. La infección por COVID19 nos ha afectado a todos, aunque su agresividad se ha manifestado especialmente en los adultos, provocando un cuadro respiratorio cuya manifestación más importante es la neumonía, asociado a complicaciones tromboembólicas entre otras, que explican la gravedad de algunos pacientes, pudiendo provocar la muerte o secuelas físicas relevantes.
En la población pediátrica, inicialmente se vio un escaso compromiso del paciente infectado, donde la mayoría de ellos hacían una infección asintomática o manifestaban síntomas respiratorios que podían ir desde un resfrío leve a un cuadro semejante a la influenza. Cuando se conoció más la enfermedad y se acumuló experiencia, nos dimos cuenta que en un pequeño grupo de niños esta infección podía causar un cuadro de falla sistémica sin compromiso pulmonar específico, conocido por su sigla en inglés PIMS (Pediatric Inflamatory Multisistemic Syndrome) y que, aunque de baja frecuencia, es grave y puede provocar la muerte.
Con toda esta escena del terror, es genuino pensar que los padres quieran proteger a sus hijos de esta infección, especialmente cuando tienen una enfermedad respiratoria crónica, como lo es el asma.
Si vemos algunas generalidades del asma, podemos destacar que es una de las enfermedades crónicas no transmisibles más frecuentes, especialmente en la edad pediátrica. De los estudios del ISAAC (International Study of Asthma and Allergy in Childhood), se ha estimado que, en Chile de cada 100 niños, 15 a 18 de ellos son asmáticos.
Una de las principales causas de síntomas de asma y de crisis asmáticas son las infecciones respiratorias causadas por virus y la exposición a agentes desencadenantes como contaminación y pólenes.
Sabiendo esto, debemos preguntarnos ¿qué ha pasado con los asmáticos menores de 15 años en tiempos de pandemia?
En general, durante la pandemia se ha visto una disminución de las crisis y síntomas de asma lo que le ha permitido al médico bajar dosis de medicamentos e incluso los padres los han suspendido. Este buen control de la enfermedad probablemente se deba al lavado de manos, uso de mascarillas y distanciamiento físico que reduce la exposición a infecciones respiratorias y otros agentes desencadenantes de síntomas.
¿Y el asmático que se enferma de COVID19?
Hasta lo que va descrito en la literatura, los asmáticos en general no parecen tener mayor riesgo de tener COVID19, así como tampoco se ha visto un mayor riesgo de tener la enfermedad grave ni mayor riesgo de muerte por COVID 19, en aquellos que tiene un asma bien controlada.
Podemos decir que, en la población infantil, la pandemia ha resultado en que la mayoría de los asmáticos estén mejor de su enfermedad y que la infección por COVID19 en ellos provoca síntomas de asma indistintamente de cualquier otro virus respiratorio.
Queda la inquietud de lo que sucederá cuando volvamos a la normalidad y los niños vuelvan a enfrentarse a los desencadenantes habituales de síntomas de asma, con dosis bajas de medicamentos o sin ellos. Debemos aconsejar a los padres que antes del desconfinamiento, retomen el tratamiento en caso que lo hayan suspendido; y probablemente los médicos tengamos que volver a indicar las dosis de inhaladores de antes del inicio de la pandemia.
