Por: Gisella Abarca.
Hace tres años que Rancagua no tenía un obispo titular desde la salida de Monseñor Alejandro Goic en julio del 2018 en medio del caso La Cofradía. Goic estuvo guiando la diócesis de la Santa Cruz por 14 años (2004 al 2018). No obstante, la mañana de este martes 8 de junio, la Nunciatura Apostólica en Chile comunicó que el Papa Francisco nombró al obispo de la diócesis de Rancagua a Monseñor Guillermo Patricio Vera Soto, hasta ahora obispo de Iquique.
“Recibo con alegría, gratitud y esperanza el oficio que el santo padre Papa Francisco me llama a ejercer como obispo en la diócesis de la Santa Cruz de Rancagua”, dijo el prelado desde la nortina ciudad de Iquique.
La sede vacante de Rancagua, desde el 2 de marzo de 2020 hasta ahora, era conducida por el administrador apostólico Juan Ignacio González, obispo de San Bernardo quien seguirá con su tarea episcopal en la diócesis de San Bernardo de donde es obispo titular.
EL NUEVO OBISPO
El recién nombrado obispo de Rancagua, Monseñor Guillermo Vera de 63 años, nació el 7 de junio de 1958 en Isla de Maipo.
Cursó su enseñanza Primaria y Secundaria en el Colegio María Regina de Isla de Maipo.
En ese pueblo recibió la llamada del Señor para compartir su misión. Hizo estudios filosóficos y teológicos en el Pontificio Seminario Mayor de Santiago.
Fue ordenado sacerdote el 12 de junio de 1982 en la Catedral de Santiago por el entonces Obispo Auxiliar de Santiago, Monseñor Manuel Camilo Vial Risopatrón.
Sus primeros años de sacerdote fueron en la diócesis de Melipilla donde fue párroco de la Inmaculada Concepción en Talagante, por un decenio a partir de 1983 y después de la Parroquia de Curacaví. En esta zona del país estuvo 21 años.
Hasta abril de 2003, fue párroco de la Catedral de Melipilla, Decano, Encargado de la Pastoral familiar de la diócesis y miembro del Consejo de Gobierno del Obispo, Monseñor Enrique Troncoso. No obstante, el 10 de abril de ese mes el Papa Juan Pablo II lo nombra Obispo de la entonces Prelatura territorial de Calama y recibió la ordenación episcopal el 31 de mayo de 2003.
El 20 de febrero de 2010, la Prelatura de Calama fue elevada a Diócesis con el nombre de San Juan Bautista de Calama y Monseñor Vera Soto fue nombrado su primer Obispo. Diez años y medio después dejó esa tierra nortina pues el Papa Francisco lo nombra Obispo de Iquique, diócesis que asume el 29 de marzo de 2014, donde ha estado siete años y medio.
18 años de pastoreo en el norte, en estos pueblos que señala le enseñaron “a contemplar la obra de Dios en el desierto, en sus quebradas, junto al colorido, la alegría y la música de los bailes religiosos”.
Desde hace tres años que Rancagua no contaba con obispo titular desde Monseñor Alejandro Goic quien estuvo 14 años en el cargo, un obispo crítico con las injusticias sociales que solicitó un sueldo ético, un obispo cercano a la gente. ¿Dónde pondrá su énfasis para pastorear a las ovejas de la diócesis de Rancagua?
R.- Quiero llegar, conocer y caminar con la gente, aprender a conocerlos, a escucharlos, eso es lo que me corresponderá estar muy atentos para atenderlos en la oficina y en las parroquias que tendré que ir visitando. Mi primera tarea tendrá que ser eso, visitar las parroquias, conocer los sacerdotes, conversar con ellos, rezar, animarlos en el trabajo que nos corresponderá hacerlo juntos y en esa visita a las parroquias de las distintas comunidades conocer a la gente y escucharlas. Luego tratar de ir respondiendo a lo que Dios va pidiendo en este tiempo que nos toca vivir. Lo primero es conocerlos, acompañarlos, escucharlos, que me conozcan y que sepamos que estamos todos en la misma barca y tenemos que remar para el mismo lado.
¿Habrá sido un regalo de cumpleaños acercarlo a su natal Isla de Maipo?
R.- No sé si como regalo de cumpleaños, pero si siempre como un regalo de Dios. El Señor es el que ha ido guiando mi vida y así lo he sentido, y sin duda que fue significativo que mi nombramiento saliera al día siguiente de mi cumpleaños, lo veo como un signo del cariño, de la ternura de Dios.
Este el 12 de junio celebra 39 años desde que fue ordenado sacerdote, si nos pudiera contar parte de su vida consagrada
R.- Nací en Isla de Maipo, un pueblo muy parecido a muchos de los pueblos que habrá en la Diócesis de Rancagua, un pueblo donde hay una vida de piedad, que gira mucho en torno a la vida parroquial. Desde niño participé de la vida de la parroquia, fui acólito y así fue surgiendo mi vocación sacerdotal.
A los 17 años entré al Seminario Pontificio Mayor de Santiago, a los 24 años me ordenaron sacerdote. Mis primeros años estuvieron en la parroquia San José de Maipo, pero a los 6 meses volvía mi zona. Fui cura y párroco en Talagante, en Curacaví y luego en Melipilla donde fui cura en la catedral por 10 años y medio, fue un tiempo largo donde ejercí el sacerdocio en mi zona, estuve 21 años de cura.
Cuando fue nombrado Obispo de ciudades nortinas como Calama e Iquique ¿fue muy grande el cambio?
R.- A los 45 años el Papa San Juan Pablo II me nombra obispo para Calama y me traslado al norte, yo que siempre había estado en zona de campo, fui trasladado al desierto, un cambio para mí desconocido, fue fuerte el cambio; pero pronto comencé a conocer la gente, los paisajes, las costumbres y tradiciones de este norte que a uno lo van enganchando. Estuve en Calama 10 años y medio, en medio de la altura y la minería, pero en las alturas también hay gente que vive de la ganadería y de la agricultura.
Vivir y compartir la religiosidad de la gente que, si bien somos católicos, la vivimos de distinta manera. El norte está marcado por una profunda religiosidad popular que se manifiesta en sus bailes y música, que por medio del canto y el colorido se va expresando la fe. Son formas distintas, el campo y el desierto, pero las dos formas son hermosas, es el reunirnos con Dios.
Monseñor ¿Cómo se trabaja en pandemia?, ¿cómo se mantiene viva la fe en confinamiento?
R.- Espero que cuando allá se abran las iglesias, la gente vaya, asista; no creo que haya decaído la fe, creo que la pandemia ha puesto de manifiesto que la gente ha buscado a Dios, y en mi experiencia en el norte acá en Iquique y espero que allá también se haya hecho, los sacerdotes hayan procurado a través de los distintos medios, plataformas multimedia, estar cerca de la gente con la celebración de la misa, con momentos de oración, de reflexión. Creo que ha habido mucho de vida espiritual en este tiempo de pandemia al interior de las familias y de las casas, con el peligro de no acostumbrarnos a vivir la fe de esa manera telemática. Tenemos que trabajar enormemente en vivir nuevamente la fe en comunidad y pienso que luego de esta pandemia tendremos que realizar un gran trabajo misionero.
En su saludo dirigió palabras a diversos santuarios de nuestra región, La Compañía, Alcones, Puquillay, Santa Rosa de Pelequén, San Judas Tadeo de Malloa y San Expedito en Rosario a ellos le pidió que seamos una iglesia, viva, misionera y fraterna ¿Conoce nuestra zona?
R.- Algo conozco, pero muy de pasada, y en dos ocasiones me tocó estar en O’Higgins cuando fui a misiones, en el sector de La Estrella, en Mallerrmo (Marchigue), en oportunidades fui desde Melipilla a Pichilemu por Rapel, conozco el Santuario de Santa Rosa de Pelequén y he celebrado misas allí, un lugar que convoca mucha gente, no sólo de esa región, sino que del país. También he estado en Retiro, en la Escuela Las Garzas.
¿Cuál es el mensaje que le envía a la comunidad de la región de O’Higgins antes de su llegada?
R.- Lo que conozco de ustedes que son una región muy religiosa y eso es algo que tienen que cuidar como un gran tesoro, ahí los mayores han sabido transmitir la fe, cuidarla, saben expresar la fe de una manera sencilla, algo tan valioso que hay que cultivar y cuidarlo. Decirle también que en este tiempo se animen mucho al interior de las familias y saber mirar hacia afuera las necesidades que hay, sé que es una zona que ha ido recibiendo a muchos migrantes que trabajan en los campos, servicios y lugares y por lo tanto, una comunidad que tiene que seguir siendo tremendamente acogedora con los que han llegado desde lejos. Hay muchos desafíos que se pueden vivir desde la fe.
La Sexta Región es una zona típica chilena donde decimos que somos amigos, acogedores, todos esos son valores que hay que seguir cultivando y eso quiero llegar a compartirlo y a vivirlo con ustedes.
