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EDITORIAL: It´s the economist (stupid).

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Poco antes de las elecciones de 1992, Bush (padre) era considerado imbatible por la mayoría de los analistas políticos, fundamentalmente debido a sus éxitos en política exterior, como el fin de la Guerra Fría y la Guerra del Golfo Pérsico. Su popularidad entonces había llegado al 90 % de aceptación. En esas circunstancias, James Carville, estratega de la campaña electoral de Bill Clinton, señaló que éste debía enfocarse sobre cuestiones más relacionadas con la vida cotidiana de los ciudadanos y sus necesidades más inmediatas. Con el fin de mantener la campaña enfocada en un mensaje, Carville pegó un cartel en las oficinas centrales donde decía It´s the economist , stupid, en español “es la economía, estúpido”. Aunque el cartel era solo un recordatorio interno, la frase se convirtió en una especie de eslogan no oficial de la campaña de Clinton, que resultó decisivo para modificar la relación de fuerzas y derrotar a Bush, algo impensable poco antes.
Se preguntará que tiene que ver esta historia política con la actual situación que estamos viviendo en el mundo, es que si bien la salud debe ser lo primero y que existen apremiantes necesidades sociales y muy distintos focos políticos con tal de solucionarlas, también hay que finalmente debe existir una economía capaz de satisfacer las múltiples necesidades de todos los individuos. Ya que lamentablemente en algo que va más allá del capitalismo, y que el comunismo real no contempló causando en última instancia su colapso, es la existencia de recursos a ser utilizados, repartidos, distribuidos, o la forma que se elija para su uso. Es que la economía no es más que las millones de interacciones humanas que nos permiten vivir en sociedad.
En este sentido para cualquier planificación, desde las grandes inversiones al presupuesto familiar se necesitan certezas, la inflación en este sentido es altamente incierta y lamentablemente la incertidumbre de reglas que aun no están claras aumentan este cuadro. No queremos decir con esto que la discusión constitucional sea el problema, el problema es la falta de acuerdos y de amplios consensos que lleven a pensar que el rechazo es una opción real, aumentando más entonces la incertidumbre ante escenarios desconocidos. Por eso será muy distinto el enfrentar un plebiscito de salida con una economía fuerte y estable, a una con una inflación alta.
Por eso es tan importante ante esta coyuntura el trabajo coordinado entre el sector productivo, gremios, academia y sector público, para enfrentar una enfermedad que no solo afiebra a los mercados financieros, sino también a la economía real y a sus principales actores: las pymes.

 

 

Luis Fernando González V
Sub Director

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