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Con El Teniente nació también la Gran Minería del Cobre en Chile.

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En 1905 el Estado de Chile dictó un decreto autorizando a la Braden Copper Company para operar la mina El Teniente, permiso que representó el comienzo de la “Gran Minería del Cobre en Chile”.

La gestación del primer gran negocio minero para explotar pórfido de cobre en Chile se encuentra en una misiva enviada el 3 de noviembre de 1903 por el ingeniero de minas italiano Marco Chiapponi a su colega estadounidense William Braden. En ella, Chiapponi exponía los argumentos que hacían interesante invertir en El Teniente, un yacimiento conocido desde tiempos prehispánicos.

Braden viajó a Chile a principios de 1904, interesado en evaluar personalmente la singular veta. Le gustó, volvió a Nueva York, organizó la Braden Copper Company, e inició de inmediato la planificación de la mina, una planta concentradora, la fundición, una central hidroeléctrica y el ferrocarril.

En poco tiempo tuvo listos el estudio de factibilidad, el proyecto y el financiamiento. Casi todo lo trajo de Estados Unidos -como los cientos de toneladas de pino oregón que se usaron para construir la planta- y con otros cuatro ingenieros tenía la mina trabajando y produciendo en 1905.

La historiadora Celia Baros señaló que “El Teniente abrió el capítulo del trabajador del cobre como historia y fenómeno social y revolucionó el concepto de las minas de este mineral en Chile. Esto marcó a fuego el desarrollo futuro del mineral y catapultó a la mina hacia el liderazgo mundial”.

Agregó que con variaciones, estos elementos han permanecido a través del tiempo, pese a los cambios societarios. Primero cuando a finales de la década de 1967 el Estado chileno adquirió el 51% de la propiedad de la mina a través del proceso de Chilenización del cobre y la Braden Copper se convirtió en Sociedad Minera El Teniente S.A. Y posteriormente, cuando a raíz de la Nacionalización de la gran minería, se convirtió en una empresa 100% estatal.

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TRAGEDIAS Y LOGROS

En la historia de El Teniente, uno de los mayores accidentes correspondió a la “Tragedia de El Humo” de 1945, en que fallecieron 355 mineros.

Entre los logros, hay varios récords. La primera meta de producción de concentrado fue de 10.000 toneladas diarias, que se cumplió en 1920; los primeros 10 millones de toneladas netas anuales fueron obtenidos en 1943; la tonelada 300 millones se anotó en 1961 y la tonelada 1.000 millones se registró en 1995.

La instalación de El Teniente conllevó un sinnúmero de obras necesarias para el funcionamiento de este mineral. Así la Braden Copper

emprendió la construcción de un camino de carretas -y luego un tren como medio de transporte-; habilitó una oficina comercial en Graneros

y bodegas en La Compañía; edificó una planta concentradora, un patio industrial, y –lo más importante- creó una serie de campamentos de

habitaciones para sus trabajadores. Así comenzaron las historias precordilleranas que aún se mantienen en el tiempo.

 

La primitiva fuerza de trabajo de El Teniente estuvo integrada por cerca de mil constructores encargados de levantar las obras y otros 100 operarios que se desempeñaron en el sector Fortuna de la mina antigua.

 

 

 

El campamento de Sewell

 

Entre 1905 y 1906, en la ladera de la montaña próxima a la Mina, fue construido un “establecimiento beneficiador de minerales”, integrado por una planta de concentración o molino, con capacidad para tratar 250 toneladas diarias de mineral que eran acarreadas por un “tranvía aéreo” desde el yacimiento, y un “dínamo” que suministraba la energía eléctrica.

En marzo de 1915 este poblado industrial recibió el nombre de “Sewell”, en recuerdo de Barton Sewell, alto ejecutivo de Braden Copper que

falleció ese año en Nueva York.

Con los años, el campamento y sus instalaciones progresaron conforme aumentó la producción de cobre, pasando a constituir una ciudad. Posteriormente, a finales de la década del 60- las familias se trasladaron al valle.  Y el año 2006, Sewell fue nombrado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

 

 

Primeras décadas

 

En las primeras dos décadas de explotación en El Teniente el trabajo industrial se concentró en el sector Fortuna, lugar que en sus 5 niveles entregó la mayor parte del mineral obtenido entre 1905 y 1920, con leyes del 2% y 3%. En paralelo, desde 1910, el sector Teniente pasó a convertirse en el área de extracción principal del yacimiento, donde se conocieron leyes del 4 y 5 por ciento.

 

 

Caminos y campamentos

 

La instalación de El Teniente implicó la ejecución de diversas obras necesarias para el funcionamiento de este mineral. La empresa Braden Copper emprendió la construcción de un camino de carretas -y luego un tren como medio de transporte-; habilitó una oficina comercial en Graneros

y bodegas en La Compañía; edificó una planta concentradora, un patio industrial, y creó una serie de campamentos de habitaciones para sus trabajadores.

Entre 1905 y 1906, en la ladera de la montaña próxima a la Mina, fue construido un “establecimiento beneficiador de minerales”, integrado por una planta de concentración o molino, con capacidad para tratar 250 toneladas diarias de mineral que eran acarreadas por un “tranvía aéreo” desde el yacimiento, y un “dínamo” que suministraba la energía eléctrica.

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En marzo de 1915 este poblado industrial recibió el nombre de “Sewell”, en recuerdo de Barton Sewell, alto ejecutivo de Braden Copper que

falleció ese año en Nueva York.

 

Origen del nombre del yacimiento

 

Sobre el origen del nombre del mineral hay dos versiones. Una es la leyenda de un teniente fugitivo que, tratando de cruzar la Cordillera de los Andes, acampó en un socavón en el cual quedó sorprendido por el color de su formación rocosa. Otra, basada en la realidad y menos conocida, habla del teniente del Ejército Libertador Juan de Dios Correa y Saa, dueño de la hacienda La Compañía entre 1822 y 1879. Él se preocupó de explotar este yacimiento que era parte de la misma.

 

Los pioneros del cobre

 

La historiadora Celia Baros indicó que además de ingenieros y superintendentes, la primitiva fuerza de trabajo de El Teniente estuvo integrada por cerca de 1.000 constructores encargados de levantar las obras, y otros 100 que se desempeñaron en el sector Fortuna de la mina antigua. “Muchos de ellos se arriesgaron a permanecer en la cordillera, refugiándose entre las primeras barracas, mientras resistían el frío y la altura en largas jornadas con escasos medios. Por lo general eran campesinos y solteros reclutados mediante “enganches” en el sur, que probaron suerte en un oficio minero desconocido. Sólo su buena condición física y muscular permitió que algunos se arraigaran en la faena, ya que la mayoría abandonaba el lugar, produciéndose una gran rotativa laboral en las primeras décadas”.

Pasado un siglo, más de 100.000 personas se han desempeñado en El Teniente, no pocos dejando la vida en la faena.

 

 

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