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De la información a la falsedad y la censura: El uso o “abuso” de redes sociales en tiempos de elecciones.

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Por: Luis Fernando González V, Subdirector

 

Hay cosas que por obvias muchas veces no se dicen, y por no decirlas dejan de ser obvias o por todos entendidas de una misma manera.

Con esto no queremos decir de manera alguna que la comunicación -al menos la escrita- sea univoca tanto para el emisor como para el receptor. Un mismo texto puede ser leído (entendido) de diversas maneras por distintos lectores e incluso por maneras que el emisor nunca sospecho que pudiesen ser leídas, debido a las diferencias en experiencias y vidas de cada persona. Por eso el uso del lenguaje claro, con una correcta redacción, al menos hacen que esta dificultad en algo disminuya. Cualquier semejanza con la realidad o con textos escritos por grandes grupos es solo eso, coincidencia.

Pero porque hablamos de esto, en plena campaña electoral de cara al plebiscito de salida que se llevará a cabo el próximo 4 de septiembre, es que en este contexto esta simple realidad se hace mucho más apremiante especialmente cuando gran parte de la comunicación política se ha visto reducida a unos pocos caracteres en las redes sociales.

Partamos entonces por lo obvio, no se puede negar el notorio incremento de la importancia de las redes sociales en materia política. Su penetración se extiende ahora mucho más allá de los vínculos sociales informales, llegando a lo más profundo de la esfera pública para conectar digitalmente a votantes y políticos.

El problema parte no en esta constatación, sino en el uso que a estas herramientas se les da en el contexto de campaña. Desde un punto de vista positivo las redes sirven para “emparejar la cancha”, permitiendo que todos los candidatos tengan una voz y la multiplicación de esta no dependa tanto de la publicidad o al acceso a medios de comunicación que puedan tener, al mismo tiempo, que ofrece una plataforma para que estas voces puedan no solo recaudar fondos sino también movilizar causas y apoyos políticos.

Pero en su extremo negativo, al mismo tiempo, las redes pueden ser utilizadas para difundir información falsa, ser mecanismos para la política de la cancelación y funas sin derecho a defensa, engendrando cinismo y desconfianza en el electorado.

Así vemos como el uso de bots, el spam, los trolls y los ciborgs, son especialmente comunes en época de elecciones. Producen noticias falsas, publicaciones virales, lenguaje provocativo y especialmente ofensivo.

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En este contexto uno de los casos más estudiados es el uso que se hizo de las redes en la elección de Donald Trump en 2016. Una serie de investigaciones periodísticas demostraron que la consultora británica Cambridge Analytica había adquirido de forma indebida información de 50 millones de usuarios estadounidenses de Facebook. Esos datos personales habrían sido utilizados para manipular psicológicamente los votantes durante las elecciones presidenciales de Estados Unidos del año 2016. En términos sencillos, Cambridge Analytica pudo determinar cuál debía ser el contenido, tema y tono de un mensaje para cambiar la forma de pensar de los votantes de forma casi individualizada. Según Cristopher Wylie, científico de datos y ex empleado de Cambridge Analytica, la compañía no solo envió publicidad personalizada, sino que desarrolló noticias falsas que luego replicó a través de redes sociales, blogs y medios.”, señala el artículo  Campañas Políticas: problemas y posibles soluciones de Macarena Granese, publicado en la revista Puntos de Referencia del Centro de Estudios Públicos, de enero de 2021.

En cierto sentido se puede suponer que lo que abre a estos comportamientos que son comunes en estas plataformas administradas por gigantes empresas estadounidenses son las pocas restricciones sobre el contenido y la posibilidad de publicar de manera anónima. “Sin restricciones de identificación ni contenido, la tendencia a la negatividad en los mensajes políticos, ya presente en medios más regulados, se amplifica. En consecuencia, las publicaciones en las redes sociales, aunque sean ciertas, suelen avivar en sus destinatarios emociones de ira, miedo, duda y desconfianza” señala Razvan Vlaicu, economista senior en el Departamento de Investigación del Banco Interamericano de Desarrollo.

Una situación similar tuvo lugar durante la campaña política a favor del Brexit donde el voto para abandonar la Unión Europea fue inesperado, por decir lo menos, tomando a muchos expertos por sorpresa. Uno de los factores que influyó en el resultado fueron los mensajes emocionales y poco verídicos propagados por las redes sociales. Esto, junto con una desconfianza hacia las elites políticas.

Al mismo tiempo el académico del Instituto de Comunicación e Imagen de la U de Chile, (ICEI), e integrante del Núcleo Inteligencia Artificial y Sociedad IA+SIC, Lionel Brossi, asegura que la importancia de las redes sociales es cada vez mayor. “Habilitan la posibilidad de enviar mensajes a diferentes segmentos del electorado, y esto tiene que ver con lo se llama microtargeting que es una estrategia de marketing que usa datos, categorías muy detalladas de los individuos o de la población en términos de sus intereses, de sus preferencias, para influir en sus decisiones. Esto también se utiliza mucho en el comercio para influir en las compras, pero en el ámbito político se da algo muy parecido”.

“Las redes sociales, originalmente diseñadas para conectar a familiares y amigos, se están convirtiendo en un importante escenario en el que se desarrollan las campañas electorales. Al permitir a los usuarios crear contenidos y difundirlos de forma rápida, barata y precisa a grandes grupos, las redes sociales están transformando la dinámica del compromiso político. Estas nuevas reglas de juego presentan tanto ventajas como riesgos. Aprovechar las ventajas y minimizar los riesgos es una tarea difícil. Los Gobiernos, la sociedad civil y las propias empresas de redes sociales tienen que asumir una responsabilidad en este desafío”, señala el Vlaicu.

Así hay muchas voces que plantean restringir “los discursos de odio” o la difusión de las mal llamadas fake news. Pero el problema es que estos conceptos pueden ser muy amplios vagos, y existe el riesgo de que sean utilizados en interés de la persona u organismo encargado de regularlos, silenciando aquellos discursos adversos a la política de turno.  Así las cosas cualquier regulación que pretenda restringir el discurso es peligrosa y puede ser un atentado a la libertad de expresión, al mismo tiempo que la utilización de las redes sociales no exime de los delitos de injuria y calumnias, aunque el verdadero problema desde el punto de vista del lector es que no sabemos si lo que vemos en las redes es verdadero o falso.

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Pero este problema no es algo nuevo, mucho menos en política, las verdades a medias o directamente las mentiras siempre han sido parte de la política desde que la política nace como una necesaria organización de la sociedad en la antigua Grecia y más aún cuando es el poder el que esta en cuestión. Así finalmente el problema se reduce a la credibilidad, y en ese sentido los medios tradicionales han ido retomando terreno, o al menos las redes sociales de estos propios medios se han vuelto cada vez más en fuente de certidumbre. Más aún cuando las redes sociales en cuanto medio (más allá de las responsabilidades individuales de quien las utiliza) no se encuentran sujetas a ningún tipo de responsabilidad o regulación. Sobre todo, si “hoy en día estas plataformas se toman la libertad de eliminar, remover o deshabilitar posts o cuentas que van en contra de sus políticas. Políticas que muchas veces no son transparentes y cuya arbitrariedad de aplicación deja entrever cierto sesgo político ¿No es esto una edición de contenido? Y en caso afirmativo, ¿no las hace esto responsables por el mismo?”, se pregunta Macarena Granese Abogada de la Pontificia Universidad Católica de Chile e investigadora asistente del CEP, en una columna de opinión publicada en La Segunda el 26 de enero de 2021.

Así las cosas, una posible solución a esta problemática entonces parece no estar tanto en la regular los contenidos sino más bien en la educación, en que cada uno de nosotros sepamos discernir cuales son los mensajes verdaderos de los falsos. Finalmente, la mala utilización de las redes sociales es una realidad que seguirá existiendo, pero solo en la medida de que tenga resultados, es decir en la que hay personas que les crean, las difundan en sus propias redes y a la vez modifiquen sus conductas basadas en estas propias informaciones falsas.

Entonces lo primero es no perder la perspectiva de que Twitter en particular y las redes sociales en general no son la realidad, es la opinión de la gente que está detrás de un teclado, donde además quienes opinan siempre son una minoría, Si olvidamos esto, podemos encontramos que, al habernos olvidado de toda otra manera de comunicar, nos vemos envueltos en esta realidad virtual sin saber que hacer.  Nunca debemos olvidar que la realidad es mucho más amplia y rica que una red social.

En este sentido siempre tener en cuenta además que las redes sociales son una importante herramienta, que hay que utilizarlas, pero no son LA herramienta. Un mix entre los medios tradicionales y esta realidad virtual siempre es el mejor camino.

Pero no por esto los medios de comunicación no hemos tenido que cambiar también, de hecho las redes sociales de personas publicas son fuentes de información, así como videos y fotos de anónimos internautas son preciosas a la hora de ilustrar hechos de los que no siempre podemos ser testigos directos y nuestras propias redes sociales interactúan con nuestros lectores ya no solo como una manera unidireccional de entregar una información, sino a la vez sirven para recibir datos y conocer las preocupaciones de nuestra comunidad.

Por eso lejos estamos de quienes señalaban que el diario papel desaparecería con la llegada de internet.

Lo mismo se dijo cuando apareció la radio, o de la radio cuando apareció la televisión o del cine con la llegada de los video clubs o del cable, pero aquí estamos.

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Pero ciertamente esta nueva realidad virtual nos ha obligado a adaptarnos. Y en eso estamos.

Sin embargo, hoy más gente que nunca en nuestra historia lee El Rancagüino.

Nuestro sitio web www.elrancaguino.cl tiene poco más de un millón de visitas mensuales, y tenemos cerca de 350 mil seguidores en nuestras redes sociales. A estos números se suman los miles de ejemplares que salen en papel a las calles de la región y los miles de personas que en su WhatsApp reciben a diario nuestro papel digital.

Así, orgullosamente podemos decir que somos el medio de la región de O´Higgins, que en estos 107 años de existencia se ha ganado la credibilidad. Rendimos examen todos los días, a cada hora, y nuestros seguidores y lectores no hacen sino avalar nuestro periodismo local e independiente.

Es que, en esta era digital de cambios acelerados, estamos pasando de la era del like y las redes sociales a una era de contenido, donde la información relevante, creíble y disponible fácilmente será clave para contrarrestar las mentiras que algunos puedan decir.

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