El suicidio, una amenaza latente de la que casi no se habla

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  • En Chile mueren 11 personas por cada cien mil habitantes por daño autoinfligido, esto según un estudio de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Asimismo, el país ocupa el cuarto lugar con mayor tasa de suicidio luego de Guyana, Surinam y Uruguay.

 

Texto : Gisella Abarca


«Este proyecto es financiado a través del Fondo de Fomento de Medios de Comunicación Social Regionales, Provinciales y Comunales y del Consejo Regional»

 

Los intentos de acabar con su propia vida y lograrlo son acciones silenciosas que tienen un efecto dominó que afecta no solo a las personas, sino también a familias, sociedades y comunidades, siendo el suicidio la segunda causa de muerte en personas entre los 15 y 29 años, a nivel global, según datos de la  Organización Mundial de la Salud (OMS).

“El sufrimiento es vivido de modo privado, donde incluso la búsqueda de apoyo o ayuda de cercanos puede volverse en extremo difícil. Por esa razón resulta muy complejo el acceso a esta vivencia de malestar extremo; y podemos observar con frecuencia como quienes sufren, viven su padecer aisladamente y en silencio mostrándose reservados o indiferentes o incluso negando el propio malestar”, explica el neuropsicólogo de Grupo Cetep, Roberto Garate.

En nuestro país mueren 11 personas por cada cien mil habitantes por daño autoinfligido, esto según un estudio de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Asimismo, Chile ocupa el cuarto lugar con mayor tasa de suicidio luego de Guyana, Surinam y Uruguay.

Y es que en la actualidad, cerca de 1.800 personas se suicidan al año en Chile, estimándose que han muerto más personas por suicidio que por homicidios y accidentes de tránsito. De ellos 400 son jóvenes según los datos del Departamento de Estadística e Información de Salud (DEIS). Aquí la distribución regional muestra que Atacama presenta la tasa más alta de suicidio (15,1) seguida por la el Maule (14,8), La Araucanía (13,6) y Los Lagos (13,4).

Es por esto la relevancia del día 10 de septiembre organizado por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP) y avalado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que tiene por objetivo crear conciencia acerca de la prevención del suicidio en todo el mundo. Esta fecha busca promover la colaboración de todos para que se aborden temas como autolesiones y el suicidio a partir de acciones preventivas. También, el desarrollo de capacidades para los proveedores de atención médica y otros actores relevantes en la difusión de mensajes positivos e informativos a la población en general y grupos de riesgo como los jóvenes.

El fin es  abrir y facilitar el debate sobre Salud Mental y su importancia en los lugares de trabajo, hogar y escuelas, entre otros para animar a las personas que contemplan la idea del suicidio a que compartan sus historias y busquen la ayuda profesional necesaria.

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FACTORES DE RIESGO

Las causas asociadas al suicidio pueden ser la pérdida laboral o financiera, el trauma o abuso, los trastornos mentales, uso de sustancias y las barreras para acceder a la atención médica.

La psicóloga de Grupo Cetep, Angélica Álvarez, explica que en general los intentos de suicidio o el suicidio consumado tiene explicaciones multifactoriales como falta de redes de apoyo, que aumentan la sensación de soledad y disminuye la sensación de pertenencia, la presencia de eventos vitales negativos como pérdidas de relaciones significativas, situaciones traumáticas como abuso físico o sexual o la vivencia de catástrofes o emergencias humanitarias, los bajos ingresos y la pérdida de fuente de ingresos, la edad avanzada también aumenta la probabilidad de suicidio.

Así el neuropsicólogo de Grupo Cetep, el Dr. Roberto Garate advierte que “El suicidio es un fenómeno clínico y social multicausal, donde se relacionan dos vivencias centrales, la individual y la colectiva”.

Y agrega que “al suceder un desencanto por la vida en términos de valores o metas la persona se pregunta con crítica extrema si tiene sentido vivir o se plantea su propia vida, sus posibilidades futuras, presentes o pasadas y eso puede ser contundente a la hora que una persona pueda tomar alguna decisión”.

 

POBLACIÓN VULNERABLE

Cada persona es distinta y tienen personalidades diferentes, por lo que a lo largo de la vida de todo individuo que haya presentado ideas de muerte o intentos de suicidio, estadísticamente, cualquier manifestación de suicidio incrementa el riesgo de muerte.

En este contexto, la psicóloga de Grupo Cetep Angélica Álvarez explica que “la población que tiende a ser más vulnerables es aquella que han sido diagnosticadas con trastornos de ánimo, esquizofrenia y trastornos por uso de sustancias presentan intentos de consumar la muerte. Esto se relaciona directamente con la idea de encontrar ‘alivio’ o una salida a síntomas difíciles de soportar como la desesperanza y pérdida del sentido de la vida”.

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Así la profesional añade que “también la población de riesgo es aquellas que sufren de enfermedades crónicas del sistema nervioso central, el lupus, el cáncer, SIDA, dolor crónico. Estas enfermedades que se relacionan con el compromiso de la vida de algún familiar y el deterioro cognitivo”.

Otra población de riesgo que dice la especialista son “los grupos minoritarios y que sufren mayor discriminación también se consideran de riesgo, entre ellos migrantes y refugiados, personas homosexuales, lesbianas, bisexuales, trans e intersexuales, así como también las personas privadas de libertad”.

Además, el neuropsicólogo de Grupo Cetep, Roberto Garate, explica que “todo sujeto que presente factores de riesgo son potencialmente vulnerables, debido a que está directamente relacionado con el menoscabo de la calidad de vida y, en consecuencia, la valoración de esta como fuente de sentido y gratificaciones”.

 

Depresión estacionaria y suicidio

PREVENCIÓN ES LA CLAVE

El suicidio es un problema de salud pública importante que a menudo sucede por el descuido, los mitos, tabúes y que está rodeado de estigmas. Por eso, es importante tener en cuenta ciertas precauciones y herramientas que se necesitan conocer para poder ayudar a aquellos que no están en el mejor momento y evitar posibles situaciones lamentables.

Existen las herramientas a nivel íntimo como la familia, amigos o cercanos en otros ámbitos que se relacionan con la comunicación y el conocimiento de los factores de riesgo, especifica el especialista Roberto Garate “Es importante la observación y la conversación cotidiana como punto de partida. Las redes de apoyo son fundamentales desde el punto de vista de la compresión, la empatía para quien sufre puede ofrecer mejores alternativas de contención y la posibilidad de implementar estrategias de apoyo oportuno y pertinente”.

Además, la psicóloga de Grupo Cetep, Angélica Álvarez, afirma que “otra de las medidas importantes es que aquellas personas que se encuentran en tratamiento farmacológico o psicoterapéutico no abandonen sus tratamientos”.

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Así, explica que “la contención en momentos de crisis es vital. Una escucha sin emitir opiniones, juicios de valor, sin dar consejos u órdenes, sin interrumpir y permitiendo la expresión de los sentimientos genera alivio hasta que los profesionales a cargo puedan intervenir”.

 

¿Cuáles son los signos y los síntomas de la depresión?

Entre los síntomas frecuentes de la depresión se incluyen los siguientes:

  • sentimientos persistentes de tristeza, ansiedad o “vacío”;
  • sentimientos de desesperanza o pesimismo;
  • sentimientos de irritabilidad, frustración o intranquilidad;
  • sentimientos de culpabilidad, inutilidad o impotencia;
  • pérdida de interés o placer en las actividades y los pasatiempos;
  • fatiga, disminución de energía o sensación de que está más lento;
  • dificultad para concentrarse, recordar o tomar decisiones;
  • dificultad para dormir, despertarse temprano en la mañana o dormir demasiado;
  • cambios en el apetito o en el peso sin haberlos planificado;
  • dolores y molestias, dolor de cabeza, calambres o problemas digestivos sin una causa física aparente, o que no se alivian ni con tratamiento;
  • intentos de suicidio o pensamientos sobre la muerte o el suicidio.

 

 

¿Es igual la depresión en todas las personas?

La depresión puede afectar a las personas de diferentes maneras, según su edad.

Los niños con depresión pueden mostrarse ansiosos, malhumorados, fingir estar enfermos, negarse a ir a la escuela, aferrarse a sus padres o preocuparse de que uno de ellos fallezca.

Los niños más grandes y los adolescentes con depresión pueden tener problemas en la escuela o una baja autoestima o pueden estar callados, frustrarse fácilmente o sentirse intranquilos. También pueden tener síntomas de otros trastornos, como ansiedad y trastornos de la alimentación, déficit de atención con hiperactividad, o consumo de drogas. Los niños más grandes y adolescentes tienen una mayor probabilidad de sufrir de somnolencia excesiva (llamada hipersomnia) y un mayor apetito (llamado hiperfagia). En la adolescencia, las niñas comienzan a tener depresión con mayor frecuencia que los niños. Es posible que esto se deba a factores biológicos, hormonales y de ciclo vital que son únicos en las mujeres.

Los adultos jóvenes con depresión tienen una mayor probabilidad de estar irritables, quejarse de haber aumentado de peso y tener hipersomnia, así como tener una perspectiva negativa sobre la vida y el futuro. A menudo, estas personas tienen otros trastornos, como ansiedad generalizada, fobia social, trastorno de pánico y consumo de drogas.

Los adultos de mediana edad con depresión sufren más episodios depresivos, su libido se reduce, tienen insomnio a mitad de la noche o se despiertan en la madrugada. Es posible que también mencionen con mayor frecuencia que tienen síntomas gastrointestinales, como diarrea o estreñimiento.

A menudo, los adultos mayores con depresión sufren de tristeza o aflicción, o pueden tener síntomas menos evidentes. Pueden informar que sienten una carencia de emociones, en lugar de un estado de ánimo depresivo. Además, las personas mayores tienen una mayor probabilidad de presentar otras afecciones de salud o dolores que pueden causar o contribuir a la depresión. En casos graves, pueden ser notables los problemas de memoria y razonamiento (llamados pseudodemencia)

 

 

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