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La poesía juvenil de Oscar Castro.

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Han pasado más de cien años desde aquel día en que llegó a la vida el niño Oscar Castro Zúñiga. Su cuna fue modesta, en un hogar también modesto, ubicado en la céntrica calle O’Carrol de Rancagua. Una ciudad de solamente 64 manzanas, habitada por no más de diez mil personas, con sus calles de tierra y de piedras, que no supieron que en aquel 25 de marzo de 1910 le había nacido un poeta.

Transcurrieron 19 años hasta el 9 de marzo de1929, cuando en el diario local, “La Semana” (que se transformó después en El Rancagüino”), apareció publicada, por primera vez, una poesía de la que era autor ese mismo niño, convertido en poeta.

Siguieron pasando los años y aquel joven, junto con alcanzar madurez, crecía y se desarrollaba en el campo de la poesía. En 1943 obtuvo su consagración, al otorgarle la Municipalidad el Primer Premio en el género Poesía del Concurso Bicentenario de Rancagua, por su libro “Las alas del Fénix”.

Unos años después, el libro de poemas “Por los caminos del Alba”, colocaba su figura en el plano nacional de la literatura chilena. Otros libros fueron engrandeciendo su nombre y su fama. Varias distinciones se fueron sumando.

Hasta que, en el triste día primero de noviembre de 1947, en un día como hoy, Oscar Castro Zúñiga dejaba atrás los caminos del alba, para iniciar aquel que va “más allá”, hacia el infinito…

El cambio de rumbo no fue obstáculo para el crecimiento de su figura como poeta, cuentista y novelista. Obras póstumas se agregaban a las que dejara publicadas. Y han continuado difundiéndose.

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Hoy, en este nuevo primero de noviembre, cuando la pandemia hace que por vez primera no se puedan reunir los rancagüinos en su tumba en el cementerio N°1, “con olor a vendimias y sabor del fruto dulce y del agua” que bebió el poeta, y este diario, que se honró con muchos de sus primeros versos, le están rindiendo hoy un nuevo homenaje, evocando su nombre, que no se olvida.

 

LA POESÍA JOVEN E INÉDITA DE ÓSCAR CASTRO

 

El historiador Héctor González, periodista y director de Diario El Rancagüino, en la época de 1990 realizó una recopilación de poemas escritos por Oscar Castro bajo el seudónimo de Raúl Gris, a continuación, la historia de algunos de estos versos.

¿Cuándo nacen los poetas?… Quizás si así como su obra y su recuerdo se prolongan, en algunos, infinitamente en el tiempo, su nacimiento no se produce al separarse físicamente de la madre que lo albergó en su vientre.

Tal vez los poetas existieron siempre. Estuvieron en el momento de la Gran Creación. Fueron parte de un átomo, de un cromosoma pequeñísimo, salido de la mano de Dios.

Se fue multiplicando y reproduciendo con el tiempo y con los siglos. Emergió algún día en un Hornero, o más tarde en un Shakespare o en un Dante, o pudo estar en el instante de la concepción de un Walt Whitman, de un García Lorca o de un Borges.

Creo que los poetas nunca nacieron, porque nunca morirán. Fueron destinados y predestinados a pasar por la tierra efímeramente, para dejarnos belleza en los espíritus con el sortilegio maravilloso del malabar de la palabra.

Se conservan algunas breves y hermosas descripciones de episodios de su niñez: grupos de muchachos bañándose en un canal cercano a Rancagua en los veranos, su ingreso al Instituto O’Higgins de los Hermanos Maristas’. la Primera Comunión, la primera vez que entró a una biblioteca pública… Pero no dejó escritos sus recuerdos del primer verso escrito, tal vez a hurtadillas,  enviado a alguna muchachita. Se sabe que unos pocos le fueron publicados en las revistas infantiles «El Peneca» y «Don Fausto».

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Sólo sabemos con certeza, que, en el mes de marzo de 1929, con 18 años de edad, llegó, tímidamente, hasta el Director del periódico de Rancagua Miguel González Navarro y le preguntó si podría publicar alguna poesía, entregándole al periodista dos o tres que traía en un cuaderno.

Allí fue donde Oscar Castro recibió su primer estímulo, la mirada comprensiva, la palabra de aliento de un hombre que también sintió en su pecho la vibración sutil de la poesía, y lo que es más, la promesa de publicárselas.

Quisiéramos adivinar cuál fue la emoción del joven Oscar, cuando el día 9 de Marzo de 1929, en una de las páginas del periódico «La Semana» (antecesor de «El Rancagüino») vio publicada por primera vez, una poesía con su firma y que se titula:

 

POEMA DE SU AUSENCIA

Está lejos, Señor, lejos de mi tristeza,

lejos como los cielos, las montañas y el mar.

Surge de mis recuerdos, trémula de belleza

¡y mis manos ansiosas no la pueden tocar!

 

Dile a los horizontes, Señor, que se hagan trizas,

para que caiga el muro que intercepta su voz,

haz que vuelva a sentir cerca de mí sus risas

y que se cure mi alma sangrante con su adiós.

 

En la distancia se hacen música sus palabras.

Yo la sueno nimbada de un claro resplandor.

¡Señor, saca la espina con que mi alma taladras

y haz que sienta de nuevo mi amor junto a su amor!

 

Tú sabes, mi Señor, cuánto la quiero y cuánto

he sufrido por esta larga separación.

Tú sabes que su llanto provocaba mi llanto

y su risa inundaba de paz mi corazón.

 

Ahora está lejana, mi corazón solloza.

La busco al lado mío ¡no la puedo encontrar!

Desde lejos me llega su voz maravillosa

y siento sobre mi alma su perfume pasar.

 

 

Durante un tiempo se alternaron en las páginas del periódico las poesías firmadas por Raúl Gris y las que firmaba Oscar Castro. Pero, poco a poco las del triste y melancólico Raúl Gris fueron escaseando al mismo tiempo que aumentaban los versos con mayor vida de Oscar Castro.

La última poesía de Raúl Gris, titulada

 

DESESPERACIÓN

Porque yo sé que no me quiere,

me mataré piadosamente

en una noche gris cualquiera,

con el retrato de la ausente

sobre mi enfermo corazón.

 

Ella me miente por no hacerme

triste la vida sin su amor;

pero yo sé que no me quiere:

¡dolor inmenso del amor!

 

Cuando después que me haya muerto

lea estos versos angustiados

¿resbalarán por sus mejillas,

como lavando su pecado,

lágrimas tibias de dolor?

 

Yo no lo sé, pero presiento

-presentimiento redentor-

que irá al encuentro de mi madre

y llorarán juntas las dos.

 

Transcurrió el tiempo y el nombre de Raúl Gris no volvió a aparecer en el periódico. Más de alguien debe haber pensado: ¿Se mató efectivamente, como anunciaba en su triste y último poema?

Pero hay una curiosidad más. Raúl Gris había desaparecido en 1930. Pero, repentinamente, catorce años más tarde, en 1944, en la Página Literaria de «El Rancagüino», reaparece con una esporádica poesía con la firma de Raúl Gris.

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CAMINO DEL OLVIDO

Aquel caminito de álamos

ahora será de oro.

Irán cayendo las hojas

en un vuelo de abandono

para cubrir las pisadas

que dejaremos nosotros.

 

Mi corazón se ha quedado

dormido en aquel recodo

en que una tarde se unieran

nuestros labios temblorosos;

sobre él se irá amontonando

la mortaja del otoño

¡pero el brillo de mis sueños

será una estrella en el polvo!

 

Zarzales de los senderos,

montes de suave contorno

que nos miraron pasar

en nuestros sueños absortos…

Campesinas de ojos mansos

que, con rubor en el rostro

veían desde los huertos

el amor que iba en nosotros…

¡Todo es en mi corazón

sólo un recuerdo glorioso!

 

Dulcemente, dulcemente

irá cantando el arroyo.

Serán azules las tardes

en el campo rumoroso

y florecerá, como antes,

un lucero tembloroso,

sobre el caminito de álamos

todo cernido de oro.

 

 

En 1932 el 16 de agosto, «La Semana» publica en su edición de aniversario la poesía:

 

NOVIA

Eras una canción tañida entre las rosas.

Perfuma mi jardín tu corazón fragante.

La mañana de azules pupilas milagrosas

aproxima el temblor de tu mano distante.

 

Pintas con el fulgor de un oro atardecido

cada cosa que besas con tu limpia mirada.

Dejaría en tu voz mi poema dormido

para que amaneciera tibio de madrugada.

 

Huelo tu corazón caído entre las rosas.

En la luz matinal va desnuda tu pena,

y una abeja que pasa zumbando melodiosas

oraciones, te trae, pequeñita y morena.

 

Sonámbula tu voz por mi senda lunada.

La noche, lirio azul entre las mariposas

te refleja desnuda en mi agua iluminada.

Duerme el color de tus ojeras en las cosas.

 

Regazo de canción para la milagrosa

cabeza del Amor, va tu ensueño de seda

recogiendo una lumbre de fragancia gloriosa

en la calma de alguna dormida rosadela.

 

Luna de tu piedad en mi sombra. Armonía

del recuerdo que pasa con la planta desnuda

deshojando perfumes en mi melancolía

¡suave reino interior de tu caricia muda!.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Poema publicado. Rancagua, 27 de abril 1929

 

Campesina

 

La soledad de tus manos

huele a romero y a ruda.

Tienen tus ojos la sombra

de una campiña sin luna.

 

Pasa tu vida cantando

La canción del agua pura.

A veces en tu alma tiembla

la soledad de la lluvia.

 

Fruta perdida en la selva,

yo he divisado tu pulpa,

y desde entonces mi vida

lleva clavada una angustia.

 

Me ha perseguido el recuerdo

De tus pupilas obscuras.

¡Cómo quisiera alumbrarlas

Con mi lámpara de luna!

 

Raúl Gris.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Poema publicado en La Semana, Rancagua 1 de Mayo de 1929

 

Poema de Livia

 

Será una tarde clara. Yo estaré moribundo.

Cantaré primaveras sobre el campo verde.

Serán floridos todos los rosales del mundo.

Mi alma se tendrá el destello de una luz que se pierde…

 

De pronto, tu recuerdo se encenderá en mi pecho.

Te crearé un camino con mis cinco sentidos,

y veré como llegas al borde de mi lecho

con el suave silencio de los astros dormidos.

 

Besarás con ternura mi frente atormentada

para calmar mi fiebre con tu boca sedante,

y sentirán mis venas un temblor de alborada

que rasgará la sombra de aquel supremo instante.

 

Se quebrará mi vida, como se quiebra un vaso;

Y plegando mis alas ¡pobre pájaro herido!

me dormiré en la almohada tibia de tu regazo,

tembloroso de amor y borracho de olvido.

 

Raúl Gris

 

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