Hace un par de años que ya se viene hablando de las fuertes complicaciones que se venían dando en internet para la búsqueda, o más bien el verse expuesto a las llamadas fake news, o más precisamente desinformación. O de manera más directa, de mentiras que especialmente a través de redes sociales muy rápidamente se difunden.
También hablábamos como este fenómeno a significado una vuelta a los medios tradicionales. Poco a poco esta sensación de que las redes sociales lo son todo, y que venían a significar el fin de los medios, con la proliferación de estas noticias falsas, de tal abundancia y sofisticación que hacen que para el simple receptor sea difícil discernir que es un engaño o no, se ha ido diluyendo en un mundo liquido que hace que al menos dudemos de todo.
Así los medios entendidos como organizaciones profesionales dedicadas a la información nos dan como internautas al menos una cierta certeza de que lo señalado o lo informado sino es real, tiene un responsable reconocido.
Pero ahora todo este escenario viene a complicarse aún más con la aparición de la Inteligencia Artificial que ya es capaz escribir textos periodísticos y hasta ensayos a nivel de primer año de universidad, sin mayor intervención humana. Mientras esta tecnología por una parte al ser capaz de analizar millones de datos, de manera mucho más rápida y eficiente que cualquier reportero permite combatir estas desinformaciones a la vez que libera tiempo de los periodistas para poder dedicarnos a interpretación, al contexto y otras funciones superiores. Pero visto desde un punto de vista negativo ya es real la existencia de medios sin interacción humana, capaces de generar multitud de informaciones, que no siempre son verdaderas. Una compleja ecuación no sólo tecnológica, sino también ética y moral.
Partimos del innegable principio de que todo ciudadano tiene derecho a recibir información de calidad por lo que los medios periodísticos deben velar por que sus informaciones sean veraces. Este es un principio que sustenta todo el quehacer informativo, y que no solo es un imperativo moral para las empresas periodísticas sino también para los profesionales de la información, para los comunicadores que individual o colectivamente, se dedican a la creación y difusión de noticias. Sin embargo, en los últimos años, las informaciones a las que acceden los ciudadanos no siempre son veraces. De hecho, diversos estudios demuestran que el acceso a las noticias falsas (información no verificada) es mayor que a las noticias contrastadas o verificadas.
Una de las razones de porque las noticias falsas parecen difundirse a mucha mayor velocidad que las noticias verdaderas parece tener relación con que apelan a nuestros sentimientos de enojo, que nos hacen impulsivamente querer hacer algo, por lo que consideramos necesario difundir esta situación, además de la manera de ser escritas, con menos datos que una noticia real o un lenguaje “no profesional”, es que “la mente pone en marcha dos procesos mientras lee o recibe información, uno automático y superficial, y otro que requiere esfuerzo y concentración, que se utiliza para tomar decisiones que resulten estratégicas. En circunstancias de uso del proceso superficial, el cerebro juzga automáticamente la veracidad de la información sobre criterios como lo íntimo o familiar que es para las personas o lo fácil que es de comprender. Por ello, la información cuanto más fluidamente es procesada, más familiar puede resultar y más se tiende a tomarla por verdadera” (Small y Vorgan, 2009: 18).
Esta fluidez con la que asumimos determinada información conlleva a menudo un efecto colateral, que hace que la corrección o refutación de la información falsa nos lleve a creer aún con más fuerza la mentira. Un ejemplo de ello es que todavía existe entre un 20% y un 30% de los estadounidenses que sigue creyendo que Irak escondía armas de destrucción masiva, aunque la invasión del país y posterior guerra en 2003 demostró lo contrario.
Pero ¿Cómo combatir entonces estas fake news?. Una posible respuesta a esta pregunta que cruza todo el quehacer informativo, político y social propone utilizar las mismas armas con que muchas veces se generan estas desinformaciones, es decir la utilización de IA y de boots. En este escenario, los algoritmos de inteligencia artificial están empezando a mostrar su eficacia en la detección de noticias falsas ya que el inmenso caudal de información que llega a los portales a través de los agregadores de contenidos y que circula y se expande por las redes sociales hace muy difícil que los rastreadores humanos puedan verificar rápidamente una determinada noticia, y con frecuencia vemos cuando se consigue demostrar que una noticia es falsa, el daño que produce ya ha tenido lugar y se expande.
ROBOTS PERIODISTAS.
Pero, la tecnología ya ha dado un paso más, y ya no solo analiza datos, sino que aprende a partir de estos datos y es capaz de generar textos nuevos y originales.
Esto ya no es un experimento, es real y en español. Por ejemplo, la agencia EFE genera, desde noticias redactadas por un robot llamado Gabriele que son difundidas entre todos los medios abonados al servicio.
Estos robots están especializados en la redacción de noticias a partir de datos fiables. De esta manera, son mejores en campos como finanzas, economía, deporte, el tiempo, resultados electorales y loterías. “Las noticias son correctas siempre que los datos sean correctos”, explican.
Pero es cierto, las maquinas no son humanos y fallan al entregar diversidad de puntos de vista y contexto e interpretación. Los robots periodistas redactan con una rapidez y una capacidad analítica sin competencia, y resuelven de manera eficiente noticias que se limitan a transmitir datos: los resultados de un partido de fútbol y una bajada brusca de la bolsa, por ejemplo.
De hecho, nosotros mismos ya hemos publicado varias notas generadas por un robot, esto con los resultados de O´Higgins durante el presente campeonato a minutos de terminado el encuentro.
Son informaciones útiles, necesarias y que son consumidas por los usuarios. Pero ¿no es precisamente la interpretación y su subjetividad lo que hace único al humano a la hora de redactar una información?
Pero incluso las maquinas ya escriben columnas de opinión por ejemplo en The Guardian el 8 de septiembre de 2020 público un artículo titulado “Un robot escribió por completo este artículo. ¿Ya está usted asustado, humano?” y está firmado por GPT-3.
Este modelo de lenguaje se entrenó leyendo millones de sitios web –hablan de 450 gigabytes de texto de entrada– incluyendo páginas, Wikipedia y libros online. De esta manera, GPT-3 comenzó a crear patrones que le permiten establecer probabilidades de conexión entre las palabras. Así, el columnista de The Guardian no sólo “lee” textos, sino que además aprendió a “escribir” textos nuevos, basado en su aprendizaje previo. Para ello, uno le introduce indicaciones y a partir de ellas GPT-3 genera párrafos originales.
GPT-3 es un modelo de lenguaje. Es como una especie de «autocompletado» que tenemos en buscadores como Google, pero claro, a un nivel mucho mayor. Puedes por ejemplo escribir dos o tres frases de un artículo y GPT-3 se encargará de escribir el resto del artículo. También puedes generar conversaciones y las respuestas estarán basadas en el contexto de las preguntas y respuestas anteriores. Y hace un par de meses esta tecnología está al alcance de todos. Basta conectarse con el ChatGTP un sistema de chat basado en el modelo de lenguaje por Inteligencia Artificial GPT-3, desarrollado por la empresa OpenAI. Es un modelo con más de 175 millones de parámetros, y entrenado con grandes cantidades de texto para realizar tareas relacionadas con el lenguaje, desde la traducción hasta la generación de texto.
Esta IA ha sido entrenada para mantener conversaciones con cualquier persona. Sus algoritmos deberían ser capaces de entender lo que le estés preguntando con precisión, incluyendo adjetivos y variaciones que añadas en tus frases, y de responderte de una manera coherente.
Si bien esta tecnología no es de por sí negativa, sino que significa grandes avances y ahorro de tiempo, estos cambios en el paradigma de la tecnología también conllevan peligros, como lo es la generación de fake news casi imposibles de detectar. Por ello, muchos intelectuales, emprendedores y personas involucradas en la tecnología están en pro del desarrollo de nuevas tecnologías a la vez de su regularización por parte de los gobiernos para evitar conflictos en el mundo como el sonado caso de Cambridge Analytica, en las elecciones presidenciales del 2016 en Estados Unidos.
LOS MEDIOS LOCALES
Pero en este contexto los medios locales tenemos más que nunca una única ventaja que jamás podrá ser sustituida por una máquina, que lo es la cercanía. Somos parte de esta comunidad, los problemas y las ventajas de nuestra región nos afectan a nosotros tanto como a nuestros lectores. Así que siempre podrá confiar que es un ser humano, con sus defectos y virtudes, el que escribe estas páginas.
Así, en medio de esta era de cambios gigantescos, nosotros también hemos ido creciendo. Hoy podemos decir que más gente que nunca en nuestra historia lee El Rancagüino. De hecho, poco menos de la mitad de nuestro tráfico en internet proviene de fuera de nuestra región, mayoritariamente de Santiago, es que muchas veces pese a no vivir en esta zona mantenemos nuestro vínculo emocional por lo que deseamos saber que sucede en nuestra querida tierra.
Nuestro sitio web www.elrancaguino.cl tiene poco más de dos millones de visitas mensuales, y tenemos cerca de 350 mil seguidores en nuestras redes sociales. A estos números se suman los 8 mil ejemplares que en promedio salen diariamente en papel a las calles de la región y las miles de personas que a diario reciben El Rancagüino en su formato de papel digital directamente en sus celulares a través de whatsapp. Ejemplo de ello es esta edición dominical completamente digital.
Así, orgullosamente podemos decir que somos el medio de la región de O´Higgins, que en estos 107 años de existencia se ha ganado la credibilidad que hoy es nuestra mayor fortaleza. Podemos equivocarnos, puede suceder, pero jamás inventar alguna situación. Rendimos examen todos los días, a cada hora, y nuestros seguidores y lectores no hacen sino avalar nuestro periodismo local e independiente.