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No son manías, es TOC.

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El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) se caracteriza por ciertas conductas o rituales con los que la persona afectada pretende aplacar unos pensamientos que se repiten y que escapan a su control, una combinación que impacta de manera muy notable sobre la calidad de vida. Algunos personajes famosos, como Leonardo Di Caprio o Amanda Seyfried, han confesado que tienen un TOC.
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“Tenía mucha ansiedad que venía del TOC y pensé que tenía un tumor en el cerebro. Me hice una resonancia magnética y el neurólogo me mandó al psiquiatra. A medida que voy cumpliendo años, los pensamientos y temores compulsivos disminuyen mucho. Me ayuda bastante saber que muchos de ellos no están basados en la realidad”, señala la actriz Amanda Seyfried en una entrevista con la revista “Allure”.

Leonardo Di Caprio también ha manifestado en varias entrevistas que tiene TOC y ha revelado que va pisando las manchas de chicle que encuentra cuando camina por la calle. “A veces soy capaz de decir: Ok, estás siendo ridículo. Deja de pisar cada mancha de chicle que ves. No necesitas hacerlo. No tienes que retroceder 20 pies (unos 6 metros) y poner tu pie sobre esa cosa. No va a pasar nada malo”, detalla Di Caprio al diario “The Telegraph”.

En la película “El aviador”, Di Caprio dio vida a Howard Hughes, quien también padecía este trastorno aunque en un grado más severo. “Durante el rodaje lo dejé fluir y nunca escuchaba a la otra voz. Recuerdo a mi maquilladora y a mi asistente llevándome al set y diciendo: Oh, Dios vamos a necesitar 10 minutos para llevarlo al set hoy porque tiene que volver a pisar esa cosa y tocar la puerta de cierta manera y después entrar y volver a salir”, recuerda el actor.

“Me permití a mí mismo hacerlo porque quería que aflorase. Estaba intentando ser el personaje. Fue algo realmente molesto, incluso después del rodaje”, añade Di Caprio en declaraciones a “The Telegraph”.

Otros personajes famosos como Charlize Theron, David Beckham o Daniel Radcliffe también han indicado que padecen TOC. Pero, ¿en qué consiste exactamente el TOC? La psicóloga Amaya Terrón explica que el TOC está incluido en la categoría de los trastornos de ansiedad.

LOS RITUALES DEL TOC.

La especialista aclara que las personas diagnosticadas con TOC se caracterizan por presentar una serie de rituales, conductas casi mecánicas, que les ayudan a huir de unos pensamientos que se repiten de forma obsesiva y espontánea. Esos pensamientos, que no controlan, les provocan mucha ansiedad, que no saben reconducir salvo con estas compulsiones. Esto les impide funcionar con normalidad en sus vidas.

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“Debido a estas comprobaciones, tics o rituales dejan de ser operativos y dependen de su consecución para volver a sentir cierta paz, que se vuelve a empañar en cuanto aparecen de nuevo las ideas obsesivas. De este modo, se encuentran sometidos a un círculo vicioso del que es muy difícil salir sin ayuda especializada”, apunta.

“A los rituales, costumbres, tics o las mal entendidas ‘manías’ se les denomina compulsiones y a los pensamientos recurrentes, automáticos e intensos generadores de ansiedad se les llama obsesiones. La naturaleza y contenido de las ideas obsesivas varía mucho entre las personas que padecen TOC, pero lo que es común a todas ellas es la ansiedad que provocan y los mecanismos que activan para huir de ellas”, detalla Terrón.

La psicóloga precisa que, una vez que se ha desencadenado el pensamiento, la persona experimenta un sentimiento de malestar que puede aparecer en forma de ansiedad, miedo, angustia, culpa, rabia, etc. La persona afectada tiene la necesidad de salir de la situación que le hace sentir mal y ante la imposibilidad de lograrlo “recurre a una serie de comportamientos disruptivos ritualizados o comprobaciones mecánicas. Estas compulsiones le generan una sensación temporal de calma pero no resuelven el problema”, aclara.

“Una vez que ha pasado el episodio y ante la disfuncionalidad del ritual como medida curativa o preventiva se vuelven a presentar las ideas obsesivas que desencadenan de nuevo el cuadro clínico”, describe.

No obstante, la especialista destaca que estas ideas obsesivas y compulsiones deben repetirse con cierta intensidad y frecuencia para que se considere que hay un trastorno obsesivo compulsivo. Terrón comenta que el TOC tiene fases y a veces parece que mejora, “pero sin tratamiento no se resuelve del todo sino que tiene picos según variables situacionales y personales”.

En lo relativo a las causas del TOC, la psicóloga subraya que los orígenes de los trastornos son multifactoriales y no tienen una génesis común o universal. “Hay personas que llegan por unas vías y otras por otras pero, al ser un trastorno de ansiedad, básicamente lo que hay debajo es un miedo, una angustia, una fobia o algún trauma no resuelto”, manifiesta. En este sentido, señala que las conclusiones de los estudios científicos mezclan factores biológicos, psicológicos, sociales y situacionales.

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“Los orígenes pueden variar desde: una contribución hereditaria, una personalidad más obsesiva, un trauma complejo, una mala experiencia, una situación extrema estresante, un trastorno del apego, una educación basada en la imposición de la culpa, etc. Todo esto puede contribuir no solo al origen sino también al mantenimiento del TOC”, expone.

Para tratar este trastorno, la especialista afirma que es necesario acudir a terapia con un psicólogo clínico sanitario. Terrón indica que en algunas ocasiones es preciso recurrir, además, a un psiquiatra que proporcionará al paciente ayuda farmacológica.

“NO HAY DOS TOC IGUALES”.

Para Terrón, “las terapias más eficaces son aquellas en la que se trata a la persona con respeto, se le enseña a cerca de su padecimiento y se encamina el tratamiento según la génesis y la evolución del TOC”. La psicóloga explica que en su consulta suele utilizar técnicas de tipo cognitivo-conductual para tratar la sintomatología más superficial y técnicas más psicoanalíticas para entender cómo se ha generado el trastorno y cómo ha evolucionado. Así, “no solo puedo darle una explicación al paciente sino que me dirijo al origen, lo que minimiza las recidivas en la enfermedad”.

La psicóloga añade que no se trata solo de aplicar una u otra técnica “sino de empatizar y respetar a la persona que tienes enfrente, pues esto es la base de una buena alianza terapéutica y lo que asegura el éxito final del tratamiento”.

Algunas personas, además de TOC, padecen otros trastornos como la depresión. En este sentido, Amaya Terrón aclara que quienes acuden a consulta por un TOC, por lo general, han luchado contra estos pensamientos durante mucho tiempo y van a terapia cuando el cuadro es ya muy intenso, por lo que no es raro encontrar cierto grado de frustración, rabia, culpa o incluso cuadros depresivos como consecuencia de la indefensión que les provoca la propia enfermedad. Otras veces, en cambio, el trastorno depresivo precede al TOC.

La psicóloga recalca que las vías por las que se llega a lo patológico no tienen un patrón común o universal, por lo que hay que investigar cada caso de forma particular para adecuar el tratamiento a cada persona. “No hay dos TOC iguales porque no hay dos personas iguales”, concluye.

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