Pastizales como crónicas de un incendio anunciado.

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Solo ayer bomberos de Rancagua de manera casi simultanean debieron enfrentar dos emergencias donde el fuego afectaba a una gran extensión de pastizales y donde había un claro peligro de afectar viviendas, esto en el Rabanal y en Bosques de San Francisco donde lamentablemente en este último lugar una casa se vio dañada por el siniestro, pero pudo ser una tragedia aún mayor.

Emergencias que no habrían ocurrido si simplemente el pasto se hubiese cortado.

Parece fácil decirlo, y en realidad la acción concreta de cortar el pasto no es tan compleja. El problema son las cientos de trampas burocráticas que existen para poder intervenir en predios que muchas veces son privados, pero que en la práctica están abandonados. Entonces quienes viven cerca de estos sitios eriazos parecen vivir la crónica de un incendio anunciado, ni ellos, ni el municipio ni nadie parece tomar determinaciones. O acciones concretas que permitan cortar efectivamente el pasto, desde el municipio muchas veces señalan que es deber del privado -dueño del terreno- quien tiene la responsabilidad de su mantenimiento, pero no siempre ese dueño es habido o tiene la voluntad de cumplir con su responsabilidad, por muchas multas que arriesgue y quienes sufren las consecuencias son los vecinos. Pareciera que es más simple que en estos casos ya sea el municipio, la Delegación Presidencial -el estado en su más amplia concepción- quien corte estos pastos y después persiga las responsabilidades que al dueño le puedan caber, es decir pasarles la cuenta.  En algunos sectores han sido los propios vecinos que ante el peligro que viven quienes con sus recursos limpian los terrenos, aunque de manera ilegal. Si fuese necesario un cambio legal para hacer concreta esta simple medida de precaución debiese hacerse con urgencia.

Es que si bien la gran mayoría de estos siniestros comienzan por la acción humana, ya sea por descuido o intencionalmente, son un eterno dolor de cabeza para la comunidad, donde  los voluntarios que en días de mucho calor deben enfrentar esas emergencias, gastando valioso tiempo y recursos. Pero, más allá de quien haya prendido el fósforo o no apague correctamente una colilla de cigarros, o por descuido prenda un pastizal con una chispa que sale de un esmeril, de una soldadura u otros trabajos estos incendios no habrían ocurrido sin pasto.

Esta simple acción significaría un ahorro significativo de recursos a bomberos y una mayor seguridad para las personas, más aún en un año como el actual donde hasta hace poco llovía en nuestra zona por lo que el pasto continuará creciendo con más fuerza, secándose con las altas temperaturas y siendo combustible de las llamas.

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