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Apuesto que el gasfiter no le dio boleta

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Gabriel Cestau

Director Observatorio Perspectivas.

Mi gasfiter de confianza me ha sacado de miles de grandes apuros, pero creo que jamás me ha dado una boleta. Lo mismo me sucede con el electricista, el pintor y un largo etcétera. Hemos normalizado el hecho de que estas imprescindibles personas trabajen en la informalidad y, en consecuencia, no puedan enfermarse, accidentarse o tomarse unos días de descanso porque se quedan sin ingresos. Y ni hablar de la pensión para su vejez.

La informalidad es un desafío que no podemos ignorar, ya que afecta a más de 2,5 millones de personas en el país, quienes se ven desprotegidas y obligadas a “rascarse con sus propias uñas”. La situación se torna todavía más dramática cuando vemos que casi el 70% de los trabajadores por cuenta propia son informales, según muestra un estudio del Observatorio Perspectivas.

El mismo estudio destaca que los jóvenes se encuentran entre los grupos que menos cotizan para la seguridad social, pudiendo recibir una pensión hasta 25% más baja que quienes sí cotizan entre sus 25 y 29 años. Además, las personas que “optan” por esta modalidad se incrementan con la edad, dejándonos un montón de personas de edad avanzada con un elevado nivel de desprotección.

¿Qué podemos hacer por estos grupos de personas? La evidencia internacional nos sugiere varias pautas, simples y difíciles de implementar a la vez. La primera apunta a la importancia del crecimiento económico, que contribuye a la formalización del empleo. El estancamiento de nuestro país en los últimos años ha sido una piedra en el camino y, si nuestros esfuerzos se concentran sólo en repartir la torta y no en hacer crecer la inversión y la productividad, los engranajes crujen y la informalidad aumenta.

La segunda pone foco en la regulación laboral que, sin disminuir los estándares de protección, debe estar continuamente actualizándose. Para eso, debe existir un diálogo social constante con todos los actores involucrados, lo que se puede concretar en una comisión permanente a cargo de productividad laboral y marco normativo. Así lo han hecho países como Singapur, que han sido muy exitosos.

Esto se debe complementar con una implementación efectiva y fiscalización fuerte, para que no se quede sólo en propuestas. Además, es clave invertir mucho en capital humano, subsidios salariales focalizados y conciliación laboral. Entre otras iniciativas proempleo, la sala cuna universal duerme el sueño de los justos hace demasiados años.

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Finalmente, todo esto debe estar muy bien comunicado. ¿Usted o su gasfiter de confianza, tienen idea de cómo hacer para pasar de la informalidad a la formalidad y cuáles son los beneficios de hacerlo? Imagino que no y la mayoría de la población está como usted. Algo hay que hacer para cambiarlo.

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