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La Chola

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Por: Carlos Pérez Wilson, Vicerrector Académico, Universidad de O’Higgins.

¿Tanto rollo por una perrita? Me comentaba un vecino ayer al preguntarme por la noticia que leyó en RRSS. La verdad es que sí, mucho rollo y mucha pena. No sólo por lo que puede significar la muerte de una mascota, sino por lo que esa mascota significaba y simbolizaba para mucha gente de esta comunidad universitaria.

Entre los más antiguos, se dice que para ser una universidad “de verdad”, debe haber perros universitarios, de esos que llegan sin dueño, y que forman parte del paisaje, como que siempre han estado allí. Piénselo, los tienen casi todas las universidades, y nosotros no fuimos la excepción con nuestra querida Chola.

Cuando estábamos iniciando el proyecto de la Universidad de O’Higgins al instalarnos en las dependencias del ex -hospital que actualmente ocupamos, todos los espacios eran nuevos para nosotros. Pero sin importar quiénes fuéramos, ella nos recibía cada día como una amable anfitriona, y nos acompañaba a todas partes, a cualquier hora. Siempre con su paso tranquilo y sereno, contrastaba con las prisas y urgencias que teníamos que enfrentar en esta carrera contra el tiempo. Ya más entrada en años, con sus dolores y su tumor, se limitaba a levantarnos la cabeza y asentir, casi disculpándose por no poder acompañarnos o acercarse para dejarse querer un rato.

El año 2017, cuando llegaron las y los estudiantes, ella pasó a ser una verdadera rockstar. Todas/os querían cuidarla, tomarse una foto y postear sus andanzas, o bien estudiar o almorzar cerca de ella. La Chola nunca molestaba, al contrario, sus visitas a las salas u otros lugares eran siempre una ocasión de sonrisa entre los y las participantes. Según algunos estudiantes, incluso la Chola tenía el don de adivinar quién estaba pasando un mal día, y se acercaba para acompañar hasta que volviera el ánimo.

Siempre llamó la atención el nombre: Chola, un término usualmente utilizado de manera despectiva hacia clases sociales humildes, parecía perder ese propósito al verla responder tan orgullosa al llamado de su nombre. ¿Su edad? otro misterio, algunos creemos que fueron 18, otros más, pero lo que es seguro es que fueron bastante más de los 7 años que nos pudo alegrar todos estos días.

Fue sin duda todo un personaje, nombrada y referida incluso en cuentas de rectoría y ceremonias solemnes como titulaciones o cuentas públicas. La Chola, podría decirse, fue una “pionera UOH”, en el sentido que fue un elemento de cohesión importante para ir dotando de un sentido de identidad y pertenencia a una comunidad de personas que iba creciendo cada vez más. Y qué decir del equipo de guardias, a quienes supongo que los miraba como su “manada”, lo que explica el enorme sentimiento de pena que los/as embargaba con su partida, casi como despidiendo a una colega.

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La despedida de la Chola es parte de la historia de la Universidad. Ella, en resumen, representó para muchas y muchos de nosotros aquel espacio de tiempo que uno siempre quisiera tener para y hacia el otro en una verdadera comunidad universitaria.

Carlos Pérez Wilson, Vicerrector Académico, Universidad de O’Higgins.

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