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La crisis de salud en la Región de O’Higgins

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Dr. Luis Castillo Fuenzalida

Decano de Facultad de Ciencias de la Salud

Universidad Autónoma de Chile

Han pasado dos años desde que asumió la nueva administración del Servicio de Salud O’Higgins (SSO). A la luz de la sumatoria de indicadores, lamentablemente el balance no es favorable.

En la revisión del cumplimiento de los Compromisos de Gestión (Comges) el servicio está en el final de la lista; el número de personas en lista de espera quirúrgica 2023 es el mayor a nivel nacional; la cantidad de fallecidos estando en lista de espera es el sexto más alto; la lista de garantías retrasadas subió en forma significativa el año pasado; el número de funcionarios a contrata se incrementó casi un 30%, especialmente en el servicio; los días de ausentismo alcanzan a 33 días, cifra nunca antes vista y, finalmente, la productividad del servicio como un todo también ha disminuido.

Pese a esta crítica realidad no se percibe un cambio de rumbo que pueda ayudar a reducir los grandes déficits regionales. Entre ellos, los más urgentes de abordar son el acceso a la atención médica, especialmente en áreas rurales y comunidades marginadas, y en consultas de especialistas. Urge un enfoque integral público-privado que incluya la expansión a centros de atención primaria y la promoción de la telemedicina para garantizar que todos los residentes tengan acceso a servicios médicos de calidad en un tiempo razonable. La atención los fines de semana, la generación de operativos, el uso mancomunado de infraestructura, el enfrentamiento del cáncer en forma integrada publico privada etc. pueden ser tácticas útiles.

En salud mental, la pandemia exacerbó los problemas en la región. Se necesita más inversión en programas de apoyo psicológico y psiquiátrico, así como en la sensibilización sobre la importancia del bienestar mental. Los enfoques basados en la comunidad pueden contribuir a mejorar el compromiso de las personas con su salud mental y a un uso más eficiente de recursos. La integración de la salud mental en la atención primaria también es fundamental y debe ser coordinada por el gestor de red.

Otro aspecto preocupante son las enfermedades crónicas, como la diabetes y la hipertensión. Estas continúan siendo una carga significativa para el sistema de salud de O’Higgins y se requieren estrategias de prevención más efectivas, que incluyan iniciativas educativas para crear condiciones para el desarrollo de estilos de vida más saludables.

En materia de infraestructura la deuda también es impostergable. A pesar de los esfuerzos por mejorarla en la región, persisten desafíos en términos de recursos humanos y tecnológicos. Se necesita una mayor inversión en capacitación y retención de personal médico especializado, así como en la adquisición de equipamiento moderno para garantizar una atención de calidad y eficiente.

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Especial lentitud se observa en los proyectos de los hospitales Pichilemu y Rengo, ambos financiados por asociación publico privada cuyo origen tiene más de tres años y recién está en adjudicación el diseño de construcción. Este mecanismo ha sido impugnado, con argumentos ideológicos y no técnicos, en el presente y también en el pasado produciendo retrasos en la construcción y entrega de hospitales como el de Curicó (5 años) y el Sotero de Río (7 años). Gran deuda existe con la reposición del Hospital de San Fernando el que no ha sido priorizado.

Es fundamental adoptar un enfoque integral a través de un plan regional  que aborde no solo las necesidades inmediatas, sino también las causas subyacentes de los problemas de salud en la región. Sólo así esta no seguirá liderando los rankings por sus cifras mediocres.

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