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El precio de los alimentos.

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En los últimos años, los hogares chilenos han enfrentado un desafío económico creciente: el aumento de los precios de los alimentos. Este problema, que afecta desproporcionadamente a los sectores de menores ingresos, merece una atención urgente por parte de nuestras autoridades y de toda la sociedad.

El reciente informe sobre la inflación de alimentos entre enero de 2020 y noviembre de 2023 revela una situación alarmante. Con un aumento del 50,3% en la canasta básica de alimentos, superando incluso el índice de precios al consumidor (IPC), es evidente que los chilenos están luchando para mantenerse al día con los costos de los alimentos esenciales.

Este aumento no es simplemente un fenómeno local, sino que está impulsado por una serie de factores complejos. Factores externos, como el alza de los precios internacionales de los alimentos y los problemas logísticos derivados de la pandemia y el conflicto entre Rusia y Ucrania, a esto  se suman a las presiones internas, como los retiros previsionales y las ayudas estatales, que han aumentado la liquidez y la demanda, exacerbando así el problema.

En este panorama, es preocupante ver cómo alimentos básicos como las hortalizas, legumbres y tubérculos han experimentado aumentos del 72,4%, mientras que productos como la papa han visto incrementos astronómicos del 194% en solo tres años. Este no es solo un problema económico, sino también un desafío social que afecta la calidad de vida de millones de chilenos.

A pesar de estas cifras desalentadoras, hay señales de esperanza en el horizonte. La moderación de la inflación, según lo informado por el Instituto Nacional de Estadísticas, ofrece un respiro momentáneo. Sin embargo, no podemos permitirnos la complacencia. Es crucial que tanto el gobierno como las instituciones económicas tomen medidas concretas para abordar esta crisis alimentaria.

La inflación, conocida en todo el mundo como “el impuesto de los pobres”, golpea con mayor fuerza a aquellos que ya están en situaciones económicas precarias. Es por eso que debemos redoblar nuestros esfuerzos para proteger a los más vulnerables y garantizar que todos los chilenos tengan acceso a alimentos nutritivos y asequibles.

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Esta alarmante tendencia de aumento de precios debe ser un llamado de atención para toda la nación. Es hora de que revisemos de cerca toda la cadena de producción y consumo de alimentos, identificando y abordando las distorsiones y abusos que están contribuyendo a esta crisis. Desde los productores hasta los supermercados, todos deben asumir su responsabilidad en la búsqueda de soluciones sostenibles y equitativas. En última instancia, abordar la inflación alimentaria no solo es una cuestión económica, sino también moral. Como sociedad, debemos trabajar juntos para garantizar que todos los chilenos tengan la oportunidad de vivir una vida digna y saludable, y eso comienza con asegurar que nadie tenga que elegir entre pagar por la comida o satisfacer otras necesidades básicas

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