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Con vigilias y en oración se vivirá Pentecostés

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La fiesta de Pentecostés es el segundo domingo más importante del año litúrgico, en donde los cristianos tienen la oportunidad de vivir intensamente la relación existente entre la Resurrección de Cristo, su Ascensión y la venida del Espíritu Santo.
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En distintas parroquias de la Diócesis de Rancagua se realizaron vigilias en la víspera de la Solemnidad de Pentecostés, ésta se trata de una celebración más extensa y solemne que una misa vespertina, teniendo elementos similares a la Vigilia Pascual. Eso se debe a que la fiesta de Pentecostés es el segundo domingo más importante del año litúrgico, en donde los cristianos tienen la oportunidad de vivir intensamente la relación existente entre la Resurrección de Cristo, su Ascensión y la venida del Espíritu Santo.

Es así como el sábado en la Parroquia Asunción de María de Lo Miranda, en la Parroquia Nuestra Señora de la Merced de Nancagua; en la Basílica Santa Ana de Rengo; en la Parroquia Monte Carmelo de Rancagua y en muchas otras comunidades se realizarán vigilias para esperar la llegada del Espíritu Santo.

Pentecostés

Tras la muerte de Jesús, muchos habían huido y se escondían con temor. Pero transcurrieron 50 días y ocurrió lo siguiente, según el relato bíblico: “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar.  De pronto vino del cielo un ruido, como el de una violenta ráfaga de viento, que llenó toda la casa donde estaban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego, las que, separándose, se fueron posando sobre cada uno de ellos; y quedaron llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar idiomas distintos, en los cuales el Espíritu les concedía expresarse” ( Hechos 2,1-4).

Así se les infundió a los discípulos de Cristo el Espíritu Santo, cincuenta días después de la resurrección.  Se había recorrido un espacio de tiempo que había enriquecido la vida de los discípulos. Fue el camino que les llevó hasta el momento en el que Jesús los envió a predicar la Palabra de Dios y a transmitir la Buena Noticia. Este tiempo les ayudó a preparar el corazón para recibir al Espíritu Santo y sentir que Cristo los estaba enviando a evangelizar.

Entre domingo de Resurrección y Pentecostés existe un tiempo de maduración de la fe, que se debe fomentar para poder decir, con seguridad, que somos hermanos de Cristo y, por lo tanto, hijos de Dios.

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