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Migrar en tiempos de dictadura

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Víctor Contreras Valenzuela, un chileno residenciado en el estado Cojedes, en el centro-occidente de Venezuela, muestra la otra cara de la moneda de una realidad que se vivió en Chile en los años 70, y que, hoy le ha tocado vivir a los venezolanos que se han dispersado por todo el mundo, por la situación política, social y económica que actualmente padecen.
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Fotos: Cortesía Franklin Güitten.

Muchos son los venezolanos que han llegado a Chile en busca de una mejor calidad de vida, huyendo de la situación económica y política de esta nación latinoamericana, siempre con la visión de ser partícipe del proceso de desarrollo de este país austral, aportando esfuerzo, conocimiento y ganas de trabajar, para una mejor calidad de vida y contribuir al avance y desarrollo de esta nación, en todas las áreas.

Veamos la otra cara de la moneda, un chileno que emigró a Venezuela a finales de los años 70, en búsqueda de una mejor calidad de vida, recuerda las hazañas que tuvo que hacer para salir de Chile y establecerse en un país, que le daba garantía laboral, financiera y sobre todo, emocional.

El diario El Rancagüino viajó hasta Venezuela, específicamente a la ciudad de San Carlos, capital del estado Cojedes, para conocer el caso de Víctor Humberto Contreras Valenzuela, un migrante chileno que huyó de nuestro país durante la dictadura del régimen militar de Augusto Pinochet, y que, hoy anhela regresar a su patria que lo vio nacer.

Víctor Contreras, actualmente se encuentra postrado en una silla de ruedas y padeciendo desde hace cuatro años las secuelas de un Accidente Cerebrovascular (ACV), para lo cual requiere de un costoso tratamiento médico, que ante la situación económica por la cual atraviesa, no cuenta con los recursos para la cura o alivio de su padecimiento, aunado a la crisis del sistema de salud en ese país.

En entrevista exclusiva al Diario El Rancagüino, Contreras nos contó gran parte de su historia y la forma de llegar a Venezuela, producto de la persecución que vivió del gobierno de ese entonces, que lo obligó a dejar su Patria por otra y que lo albergó desde 1.979 hasta la fecha.

Hoy, este chileno nativo de la comuna de Providencia, hijo de Víctor Manuel Contreras Godoy y Raquel Herminia Valenzuela Concha, agradece a Venezuela por haberlo recibido con los brazos abiertos, como lo ha hecho Chile con muchos venezolanos que han escapado del actual sistema de gobierno, con el fin de aportar y hacerla su segunda Patria.

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SU OFICIO ERA PROHIBIDO EN DICTADURA

Como especialista en explosivo, se mantuvo durante ocho años trabajando en División El Teniente, pero fue en ese tiempo cuando a la llegada del régimen de Augusto Pinochet, estaba siendo vigilado, porque según el propio Víctor, como especialista en explosivos “con Pinochet eso era prohibido”.

Conoció en Santiago al obispo Enrique Alvear, quien le advirtió que lo estaban siguiendo y le hizo los contactos en Venezuela para que abandonara Chile, ante el peligro que le asechaba de ser capturado por funcionarios de la dictadura de esa época.

PISÓ SUELO VENEZOLANO

Al pisar suelo venezolano llegó hasta Caracas, donde compartió residencia con algunos sacerdotes locales y posteriormente fue trasladado hasta Puerto Ordaz, en ciudad Guayana, estado Bolívar, donde le hicieron la prueba para ingresar a trabajar en el embalse del Guri, dada la vasta experiencia que tenía en explosivos y haber pasado 8 años trabajando en las minas de El Teniente.

Víctor aprovechó la visita de El Rancagüino para solicitar ayuda, ya que quiere saber si le corresponde pensión, por sus ocho años de haber trabajado en las minas. También cuenta, que en la ciudad que actualmente reside llegó una comisión de Chile, quienes le aseguraron que sí le correspondía su pensión, como uno de sus derechos dentro de la empresa explotadora de cobre.

Le dijeron que, en la Superintendencia de Pensiones, con la cédula debía figurar al beneficio de su pensión, intento que hicimos a través de la página web de la institución, pero fue infructuoso, es decir, no aparece.

Nos cuenta que, durante su estadía en el Campamento Sewell, tuvo su primer retoño, Renzo Contreras Villegas, que con un peso de 1,600 Kgs., fue ingresado a una incubadora que estaba inutilizada, en el hospital de esa época.

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Su trabajo en la mina consistía en la producción de minerales con explosivos, en el cual se mantuvo durante ocho años.
La misma comisión que llegó a Puerto Ordaz de su país de origen, le manifestó la posibilidad de pedir la repatriación, lo cual se lo hizo saber a la cónsul de esa época, quien lo desanimó por lo tardío de ese trámite, aunque asegura que sus coterráneos que requerían de servicios de salud, los trasladaban y los curaban aquí en Chile.

ESPERANZADO DE VOLVER A CHILE PARA SU SANACIÓN

“Chile está adelantado en el área de salud para mi problema, es decir, que la solución está allá”, dijo esperanzado este chileno con muchas ganas de viajar a su país.

Cuando fue consultado sobre su larga estadía en Venezuela, Víctor Contreras no vaciló en responder con llanto: “el venezolano es bueno, buenas personas, buenos amigos y cariñoso. No tengo nada que decir”.

“Me encantaría ir a curarme”, prosiguió con llanto ante un caluroso clima que invadía la habitación del hogar, donde reside junto a su pequeño grupo familiar.

De su matrimonio con una rancagüina, nació su primogénito Renzo Contreras Villagra, quien se ha encargado de su cuidado y alimentación, del cual se siente orgulloso y agradecido por haberse comportado como “el mejor de los hijos”.

Un mensaje al gobierno, es “que no olviden los que están afuera, porque en Chile está la solución para mí, pero cómo yo llego allá”, se preguntó al final de la entrevista.

RENZO CONTRERAS VILLAGRA, EL HIJO EJEMPLAR

El primogénito de Víctor Contreras llegó a Venezuela junto a él, cuando apenas tenía 5 años, pero en la actualidad, su Patria Chile la añora, aunque fue en el 2010 cuando regresó acompañado de su madre, Rosa Margarita Villagra Reyes, experiencia que compartió en pleno terremoto que devastó gran parte de las regiones del país el 27 de febrero de ese mismo año.

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“Dios mío, tanto tiempo sin venir a Chile y voy a venir a morir aquí”, fue lo primero que expresó al vivir la amarga experiencia del devastador terremoto.

Su viaje a Chile se debió a un deseo de su madre por visitar a su familia, en el barrio El Tenis y reconoce que su estadía por tres meses en Rancagua la disfrutó al máximo, tanto que después del terremoto se dedicó a trabajar en el área de refrigeración durante dos meses, en el cual le fue muy bien, pero posteriormente decidió regresar a Venezuela.

Cuenta como anécdota, que su madre regresó en 2013 a Rancagua desde Venezuela, padeciendo de un cáncer, pesaba apenas para ese entonces 40 Kgs., pero producto de la alegría de estar nuevamente con su familia, subió a 47 kilos, su mejoría fue evidente, por la alegría de estar en Chile y más aún, con su familia.

La muerte de Rosa Margarita Villagra se produjo en el 2015, desde ese entonces Renzo mantiene hasta ahora contacto con su familia, que -según- debe estar establecida en esa población de Rancagua.

Su estadía en Venezuela se mantiene en la ciudad de San Carlos (Cojedes) procedente de Upata, estado Bolívar, junto a su esposa, y hoy es reconocido en la capital cojedeña como “El chileno”, que lo llena de orgullo y lo identifica.

El volver a Chile es una opción que “me aprieta, pero no me ahorca”, dijo muy convencido Renzo Contreras, al confesar que le gustaría volver a visitar su país natal, “pero me quedo aquí en San Carlos”.

Cuando se le preguntó que con cual opción se quedaba, si con el frío de Chile o el calor de Venezuela, a lo que Renzo respondió sin vacilar: “con el calor de Venezuela”.

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Durante la conversación, que atentamente escuchaba su padre, Renzo contó que “cuando estuve en Rancagua, lo viví, porque fui al Campamento Sewell, quería conocer la nieve, pero a principios de mayo la temperatura bajaba a -3° en horas de la noche y 10° durante el día, por eso “me quedo con el calor de San Carlos”.

Reconoce que son muchos los venezolanos que emigran a Chile, y de esos, hay pocos que dejan mal parado el nombre de Venezuela, pero también muchos que están dejando muy en alto lo mejor de este hermoso país.

Confiesa que lo que más le ha gustado del país que lo adoptó, es su gente, y por eso “me quedo en Venezuela”.

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