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Palabra del Pastor: Solemnidad de la Santísima Trinidad y el bautismo

Obispo de Rancagua, monseñor Guillermo Vera Soto

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En su mensaje, Monseñor Guillermo Vera, obispo de Rancagua, nos recuerda que el Señor “nos regala el bautismo, hacernos templos vivos de Dios”.
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Muy queridos hermanos y hermanas:

En este domingo en que celebramos la  Solemnidad de la Santísima Trinidad, escucharemos en el evangelio cómo el Señor cuando se va al cielo envía a los apóstoles y les dice: “Ahora vayan por todo el mundo, prediquen el evangelio y a los que crean bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

Sí, Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, la Santísima Trinidad. Este misterio nos habla que este Dios tan grande y todopoderoso es un Dios uno, es un Dios familia, es un Dios comunión y  Él encuentra el mejor lugar donde estar en ti y en mí.

Entonces,  el  Dios que creó el cielo, la tierra, el Dios que existe desde siempre y para siempre, encuentra en tu corazón y en el mío, en nuestras almas, el mejor lugar para habitar. Tú y yo somos la iglesia más bonita, la catedral más hermosa para el mismo Dios.

En el bautismo nos convertimos en ese templo viviente donde Dios quiere habitar. Qué bueno es que esa verdad la podamos tener siempre presente, somos templo de Dios. Que esa verdad nos ayude entonces a caminar en la presencia del Señor. Por nuestra fragilidad como que hemos echado a Dios de nuestras vidas, pero no olvidemos que el Señor siempre está a en puerta llamando;  el Señor siempre nos está invitando a que abramos nuestro corazón, nuestra vida y nuestras existencias para que Él pueda estar con nosotros. Eso es lo que nos regala el bautismo, hacernos templos vivos de Dios.

El bautismo, por lo tanto,  nos indica la dignidad, la grandeza que que tiene cada hombre y cada mujer a los ojos del Señor. Que esa dignidad, que esa grandeza que tenemos la sepamos cuidar en nosotros y en los demás.

Por lo tanto, vivamos en el respeto de unos por otros y a imagen de Dios Uno y Trino, tratemos de vivirlo también en la comunidad, tratemos de vivir esa unidad, ese cariño, ese respeto en nuestras familias -en primer lugar-, con las personas con las cuales compartimos la vida, en la comunidad de la Iglesia,  procuremos esa unidad. A pesar de ser distintos, trabajemos  por la unidad, por aquello que potencia lo mejor que hay en nosotros y podamos así ir construyendo esas comunidades vivas afectivamente y efectivamente, trabajando por el bien unos de otros.

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Al celebrar esta fiesta de la Santísima Trinidad, al contemplar a este Dios grande, todopoderoso y eterno, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y entendiendo que ese Dios quiere habitar en nosotros, seamos también hombres y mujeres que en la Iglesia seamos apóstoles del bautismo, por lo mismo, padres cristianos bauticen a sus hijos lo antes posible después de su nacimiento. No quieran ustedes privarles de esa gracia tan grande que reciben al hacer que Dios entre en la vida, en el alma de esas criaturas y sean elevadas a la dignidad de hijos e hijas amadas por Dios. Cultivemos y propaguemos este deseo del bautismo y tratemos nosotros, los que lo hemos recibido, de vivirlo a diario y que así no se nos olvide. Somos tan valiosos a los ojos de Dios, que ese Dios poderoso y eterno no encuentra un mejor lugar para habitar que en tu corazón y en el mío. Vivamos más en la presencia de Dios, vivamos más como hijos amados de Dios.

Dios los bendiga,

+Guillermo Vera Soto, Obispo de Rancagua

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