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TRABAJAR CUATRO DÍAS Y DESCANSAR TRES: ¿UTOPÍA O REALIDAD?

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La reciente entrada en vigor de la ley 21.561 (“la ley de las 40 horas”), ha abierto distintas conversaciones sobre las condiciones laborales en Chile. Una de las aristas más novedosas es la posibilidad de distribuir las 40 horas en un régimen de 4×3. Esta medida ha generado aprensiones en relación con su real efectividad, pero también apoyos, incluso desde sectores de oposición al gobierno. ¿Realmente sería beneficioso para las personas trabajar 10 horas diarias en solo 4 días, o sería contraproducente para su bienestar y calidad de vida? ¿Ello va en desmedro de la productividad de las empresas, o la favorece? Al respecto, cabe mirar la experiencia internacional, donde la jornada de 4×3 viene, desde hace años, siendo materia de análisis y pruebas. Reino Unido, Islandia, Portugal, Bélgica y España han implementado distintos proyectos del estilo, también Estados Unidos y Canadá. Las investigaciones muestran interesantes hallazgos.

En Reino Unido se implementó una de las mayores experiencias realizadas hasta ahora, involucrando a 2.900 trabajadores y 61 empresas de distintos tamaños e industrias. Los resultados de la experiencia realizada en 2022 son elocuentes: el 71% de los empleados declararon tener menos agotamiento y el 39% estar menos estresados luego del cambio de jornada; el 60% consideró que era más fácil conciliar el trabajo con las labores familiares, y el 62% que era más fácil equilibrarlo con la vida social. Asimismo, se redujeron en un 65% las bajas por enfermedad, en un 57% la rotación voluntaria, y se registró un incremento medio del 1,4% en los ingresos de las compañías respecto al mismo período del año anterior.

La experiencia dejó, también, algunos desafíos pendientes, como la intensificación del trabajo que reportaron algunos empleados o la reducción de tiempos de convivencia; pero la evaluación global es positiva. El 92% de las empresas señalaron querer continuar con la medida, y muchos de sus directivos reportaron que “no podían imaginarse” el volver a una semana de cinco días.

En Portugal, en un ensayo reciente con más de 1.000 trabajadores de 41 empresas, el 95% de ellas valoró positivamente esta prueba piloto y el porcentaje de trabajadores que veían difícil o muy difícil conciliar su vida bajó de un 46% a un 8%. Otras investigaciones muestran similares resultados: la jornada laboral reducida ayuda a mejorar el equilibrio entre la vida personal y laboral y aumentar la productividad (Kamerade et al, 2019).

Por cierto, implementar una medida como esta en Chile debe considerar las diferencias estructurales y culturales entre nuestro país y los anteriormente citados, así como ajustarse a la realidad particular de distintas industrias. Pero justamente, los desafíos actuales requieren, en ocasiones, repensar formas de hacer las cosas que damos por sentadas. Tal como señala una de las organizaciones líderes en la promoción de la jornada 4×3, el “4 Day Week Global”, la apuesta es “remodelar la forma en que pensamos sobre el trabajo, alejando la conversación de las horas y centrándola en la productividad y el rendimiento”; y buscar asimismo un mayor bienestar y mejor calidad de vida de los trabajadores y sus familias, como es la apuesta de la ley 21.561. La jornada 4×3, al menos en lo que muestra hasta ahora la evidencia, parece lograr aunar positivamente ambos propósitos.

Francisco González

Académico Escuela de Psicología, Universidad Andrés Bello

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