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Orientaciones para Comunidades Educativas por celebración del Día del Padre

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A través del trabajo colaborativo que desarrollamos entre SECREDUC O´Higgins, Seremi de la Mujer y Equidad de Género y la Superintendencia de la Educación, nos hemos permitido abordar con una mirada integral la próxima celebración del Día del Padre, que usualmente se festeja la segunda semana del mes de junio.

Si bien es cierto que el Día del Padre es una fecha en que se celebra el rol del papá al interior de las familias, es también un día para reflexionar acerca de las relaciones humanas, las dinámicas familiares y cómo estas permean en la vida de niños, niñas y adolescentes.

En lo que nos compete como ente rector de la educación en la región y que subyace a la misión del Ministerio de Educación cuyo norte ético es velar por los derechos de todas y todos los y las estudiantes del país, es que invitamos a las comunidades educativas a revisar, dialogar y resignificar las acciones tendientes a la celebración de este día especial.

Para muchos niños, niñas y adolescentes la figura del padre es una proyección de cariño, contención, alegría y seguridad; no obstante, sabemos, por las dramáticas cifras que acompañan los índices de violencia intrafamiliar, (en nuestra región alcanzaría un 19,8 % según la IV Encuesta de Violencia Intrafamiliar y en Otros Espacios ENVIF-VCM) que también es una figura que opaca la vida de la familia. Es en este sentido que debemos ser cautos a la hora de convocar a nuestros estudiantes a celebrar a sus padres, intencionando esta celebración a reflexionar acerca de los roles y sentido que tienen en la formación las personas que acompañan nuestra vida y que generan admiración y afecto; por ello,  es dable ampliar el horizonte y señalar esta fecha en el sentido de familia que esta figura tiene, a través de, por ejemplo, conversatorios, focus group o juegos con el fin de propiciar un ambiente en el que ningún niño, niña o adolescente sienta que debe celebrar a alguien que eventualmente ha causado daño en algún grado a sí mismo/a o a su familia, por ello, hemos sugerido no desarrollar trabajos evaluados en ninguna asignatura, cuyo foco sea el mencionado y de hacerlo, que éste no se transforme en una obligatoriedad.

Debemos aplicar criterio en esta materia, pero ante todo debemos hacer valer la ley que nos indica “respetar, promover y proteger el desarrollo físico, mental, espiritual, moral, cultural y social de los niños, niñas y adolescentes hasta el máximo de las capacidades del estado”.

Son los sostenedores, equipos directivos, docentes, asistentes de la Educación, quienes a través del contacto directo con las y los estudiantes conocen su realidad y pueden, precisamente aplicar este criterio, en función de su bienestar y desarrollo integral.

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El sentido de esta sugerencia nace de la solicitud de mujeres quienes han advertido la necesidad de aplicar criterio cuando se instruye a niñas y niños desarrollar temáticas que puedan afectar su emocionalidad.

Esperamos que puedan desarrollar esta reflexión al interior de comunidades educativas para fortalecer el diálogo participativo e integrar perspectivas que muchas veces, por el devenir propio de nuestro quehacer, pasan por alto.

Alyson Hadad Reyes

Seremi de Educación

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