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Kafka, en el centenario de su muerte

Klaus Wagenbach durante la presentación de las obras completas de Franz Kafka que han sido recogidas en una nueva edición. Efe/(Ll.G.)Lluís Gené.

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Inquietante, revolucionario y genial, el 3 de junio de 1924, moría de tuberculosis Franz Kafka, uno de esos pocos escritores capaces de definir por sí mismo todo un siglo: el ‘kafkiano’ siglo XX, un adjetivo ya habitual en el habla coloquial. Si su vida fue ciertamente gris, el escritor murió a los 40 años sin disfrutar del enorme éxito de sus novelas y relatos.

No es fácil entrar en los entresijos, extraños muchos, de la vida de Franz Kafka de la cual sabemos prácticamente todo porque él mismo dejó sus diarios además de una abundante correspondencia: más de 1500 cartas. Sin embargo, nada de eso explica del todo a Kafka ni su obra literaria que parece sumergirse de una profundidad abisal de una psique complicada, herida, fría, incluso contradictoria, tal y como él dijo: “Vine al mundo con una hermosa herida; con eso y nada más”.

Los escritos breves de Franz Kafka aparecen por primera vez debidamente ordenados en el panorama literario español gracias al tercer volumen de sus “Obras completas”, que edita Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg, un extenso muestrario de relatos y aforismos, generalmente inconclusos, con los que el autor checo ahonda en sus obsesiones. EFE/ARCHIVO

En definitiva se le percibe como un ser frágil, aislado, inmaterial, aquejado de profundas depresiones endógenas y estados enfermizos y angustiosos que murió por tuberculosis de laringe, con fuertes dolores, escuálido y sin poder tragar. Un mundo interior complejo, una experiencia vital única y una genialidad innata. 

Todo surgido de la imaginación de un oficinista de seguros de accidentes laborales que se pasaba las noches sin dormir para poder escribir, momento en el que se liberaba de ese trabajo que detestaba. En algún momento se da cuenta de que él solo podía vivir en la Literatura. Por eso escribió a su prometida, Felice Bauer : “No soy nada más que literatura”.

Su obra está considerada una de las más influyentes de la literatura universal y está llena de temas y arquetipos sobre la alienación, la brutalidad física y psicológica, los conflictos familiares, personajes en aventuras terroríficas, laberintos de burocracia y transformaciones…

El autor de La metamorfosis, El Proceso, El Castillo, La condena, Cartas a Milena….. fue un empleado raso de una empresa de seguros, trabajo que le daba seguridad, un sueldecito, pero que detestaba. Vivió con sus padres hasta pasados los treinta. Murió con apenas cuarenta años, el 3 de junio de 1924, es decir solo vivió media vida, una vida marcada por el fracaso vital más profundo.

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Fracasó en su intento de abandonar su opresiva profesión que tanto detestaba y le amargaba, fracasó en sus relaciones amorosas, por cuestiones que él mismo dejó escritas, no le gustaba el trato físico con la gente, les decía a sus novias, que no vivirían nunca juntos……no vivió quizás su sexualidad, quizás complicada o distinta, hablaba del dolor del erotismo… y trataba de posponer todo lo posible.          ..

 Fue el mayor de una familia de judíos afincados en Praga, sus hermanas murieron, mucho después en los campos de concentración víctimas del Holocausto judío. Vivió toda su vida en la misma ciudad -Praga- y estuvo obsesionado por la relación con su padre por el que se sentía humillado. ‘Carta al padre’, la carta más famosa del siglo XX, jamás llegó a su destinatario. La escribió Franz Kafka a su padre, de un tirón, del 4 al 20 de noviembre de 1919.

Respecto a La condena, la escribió este hombre obsesivo de un tirón en la noche del 22 al 23 de septiembre de 1912, publicado como libro independiente en 1916, y recoge la totalidad de los libros y relatos preparados y supervisados por Kafka.

¿Qué quiere decir con sus relatos?

Se han escrito centenares de estudios con sus posibles interpretaciones, pero nada explica su fuerza y hondura, su inabarcable complejidad que ha dejado en los registros de “kafkiano” para referirse a algo incomprensible, tal vez absurdo, pero algo más que absurdo porque en el mundo de Kafka todo está medido, todo tiene su lógica que no conseguimos desentrañar.

Tuvo relaciones fundamentalmente por carta con diferentes mujeres como Felice, que vendió su correspondencia después de su muerte, una aquella mujer gris a la que escribía dos y tres veces al día cartas de muchas páginas explicándole “lo imposible que sería tu vida conmigo”.

Estuvo comprometido también con otra empleada berlinesa cuyos dientes deteriorados le repelían, pero que fue ella finalmente quien rompió el compromiso harta de aquel hombre tan obsesivo e incompresible. Al final de su vida, ya muy enfermo de tuberculosis conoce, en 1923, a Dora Diamant que queda enamorada por su finura, intensidad y delicadeza.

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Una visitante observa diferentes portadas de la novela ‘El proceso’ del escritor Franz Kafka, que forma parte de la exposición ‘Frankz Kafka. El ensayo completo’ en el Martin-Gropius-Bau de Berlín (Alemania). Por primera vez desde que se escribiera hace más de 100 años, el manuscrito completo puede verse en Berlín. La idea de Kafka para escribir la novela nació de una conversación con su prometida Felice Bauer sobre su compromiso. EFE/Felipe Trueba

 La extrañeza de vivir

    Era un ser enigmático y frágil del que es imposible conocer bien porque por mucho que se ahonde, y se ha ahondado mucho en todos los aspectos, Kafka y su literatura parece escaparse, pese a que hayamos penetrado en su universo. Cuando nos acercamos a él no dejamos de sentir algo que es fruto del dolor y de la extrañeza de vivir.

    Su austeridad radical y ansia de pureza interior en su vida y en su literatura. No sabemos si los seres humanos tienen demonios como los de Kafka, pero el hecho de que lo suyos encontraran salida supuso una conmoción inmensa. Su potencia es abrumadora y nos sume en el mayor de los desconciertos.

   Sin duda, si alguien ha creado un mundo radicalmente suyo, personal e intransferible, ese fue Kafka, referencia para tantas emociones o sentimientos, un ser que escribió pocas obras completas y dejó -en su testamento- que su obra fuera quemada. Afortunadamente Max Brod, su amigo y albacea, no respetó su voluntad.

   Kafka reirá desde su ultratumba de ver a tanto psicoanalista intentado devorarlo para encontrar sus entrañas más profundas. Él demostró que no se puede entender el sentido de la vida. Debajo de Kafka no hay ninguna explicación coherente.

 Aquella inmensa capacidad literaria, Kafka tenía que convivir con una inmensa vida interior tras una vida “real” miserable, de oficinista, que le amargó la vida, similar al caso del escritor lisboeta, Fernando Pessoa, que se sentía vivir solo cuando escribía. Kafka, dicen sus biógrafos, como Reiner Stach, pasó gran parte de su existencia llena de contradicciones y ansiedades.

Se trató, como documentan los testimonios, de una gran personalidad bondadosa que amó y temió Praga a la vez; un hombre cada vez más introspectivo, entregado a sus novelas de manera obsesiva. Un mundo interior complejo, una experiencia vital única o una genialidad innata.

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Su literatura no puede ser más expresiva como el sinsentido que atravesaba la Europa de la época que se abría a las grandes masacres, la de Primera guerra Mundial y el anuncio del nazismo y el estalinismo. Tanto que hasta fue prohibido en la Checoslovaquia comunista. Dado su carácter visionario, fue el escritor emblema del siglo XX, kafkiano, sus burocracias, sus abusos de poder y absurdos.

Es una literatura cruel pero a la vez divertida (por lo ocurrente), al menos, él se reía mucho cuando le leía a sus amigos el lúgubre comienzo de El Proceso. Es inútil -dicen- buscarle un sentido a su mundo, al igual que el mundo carece de él, pero resulta consolador querer hallárselo e inventarse algo que tranquilice. El mundo de Kafka, frío y cruel, resulta imposible de aceptar. No hay una lectura tranquilizadora en Kafka.

 Su universo puede llegar a ser inaceptable. No es cómodo, no es una lectura que se pueda calificar de placentera, a pesar del humor subyacente que encontraba el autor en sus relatos. “Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó convertido en un monstruoso insecto”. ¿Puede haber algo peor? Así comienza la célebre novela de Franz Kafka. Alguien que es capaz de desvelar esto en la primera línea, y sujetar después todo un relato y un mundo de pesadilla, es un genio.

Sus relatos son de una precisión asombrosa, no sobra nada, pura exactitud que recrean un mundo inhabitable al que el lector tarda en acostumbrarse. Como le definió Hermann Hesse: “Etéreo como un sueño y exacto como un logaritmo” Kafka tiene todo el poder de la síntesis y la precisión que define a un escritor que nos sigue atrapando a todo tipo de lectores en su perturbador, y perturbado, laberinto literario, que permanece en constante actualidad, sea cumpla – o no-, efeméride alguna.

Amalia González Manjavacas

EFE REPORTAJES

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