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Una lluvia anunciada

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Para el frente de mal tiempo anterior se anunció casi un diluvio, múltiples llamados al cuidado y solo sucedieron algunas emergencias menores, y para este fin de semana la comunicación de riesgo fue bastante menor, pero la emergencia especialmente en el sector Santa Ana en Rancagua fue mayor.

Pero cabe preguntarse que sucedió, ya que si bien cayó mucha agua y en poco tiempo la ciudad resistió bien, es que una intensa lluvia pero con una isoterma 0 baja en general no causa la salida de ríos que son los que más complicaciones causan, pero la respuesta sigue siendo lenta. Es que las intensas precipitaciones que azotaron a nuestro país volvieron a poner en evidencia nuestra falta de preparación frente a las inclemencias del clima. No es algo nuevo; los chilenos vivimos en un perpetuo estado de vulnerabilidad cuando se trata de lluvias fuertes. No estábamos preparados hace veinte años, cuando las lluvias eran más frecuentes, y no lo estamos ahora. Pese a la frecuencia creciente de términos como “ríos atmosféricos”, seguimos sin aprender de las variables que nos hacen tan vulnerables ante episodios como el reciente sistema frontal que afectó la zona centro-sur del país.

El problema radica en múltiples factores. Por un lado, nuestras ciudades siguen expandiéndose sin una adecuada planificación territorial. Se alteran cauces, se ocupan lechos fluviales y se modifican cerros. La tala indiscriminada de árboles y la impermeabilización de suelos con cemento son prácticas comunes. Estas acciones no solo exacerban la situación, sino que también demandan enormes inversiones en medidas de mitigación, como la ampliación de la capacidad de los colectores de aguas lluvias.

El cambio climático no es un pronóstico lejano, ya está aquí y sus efectos se sienten cada vez más. Las precipitaciones, ahora más concentradas en cortos periodos, aumentan la escorrentía y, con ello, el riesgo de desbordes de ríos y deslizamientos de tierra.

Aunque las instituciones han fortalecido sus organismos de gestión de emergencias, con más presupuesto y esfuerzos de coordinación estatal, la respuesta sigue siendo inadecuada. La coordinación eficiente es una tarea pendiente, con un gobierno central que delega en gobiernos comunales de capacidades limitadas y una ayuda temprana extremadamente lenta, cuando son los primeros días tras la emergencia cuando más se necesitan. La ficha Fibe está lejos de ser una solución por la absurda necesidad de tener que realizarla en el hogar afectado. “La ficha FIBE debe tomarse en el hogar, en los domicilios de las familias afectadas, ya que requiere de una evaluación del estado de las viviendas. Si es que la FIBE se toma en algún albergue, debe ser validada en el domicilio de las personas afectadas, con observación directa del funcionario a cargo de este instrumento”, explicaba la seremi de Desarrollo Social y Familia, Nayadeth Ahumada Herrera. Es decir a alguien con su casa inundada debe esperar que las aguas bajen para poder ingresar al sistema y esperar que en un par de meses o semanas llegue la ayuda. Bien lo saben los vecinos de Coltauco que el año pasado se vieron afectados por graves inundaciones.

Por suerte no explotó un volcán, sino la ficha no podría ser aplicada si un hogar es enterrado por la lava o destruido por el fuego. Una burocracia que no hace sino multiplicarse cuando lo que se necesita es eficiencia.

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Además, existe una deuda en la profesionalización de la gestión de emergencias. A menudo, esta tarea recae en funcionarios encargados de otras áreas, resultando en una gestión deficiente y politizada. La ciudadanía también tiene su parte de responsabilidad. La acumulación de basura en canales y ríos, las construcciones irregulares, la destrucción de humedales y la deforestación son muestras de una falta de conciencia ambiental generalizada.

Las nuevas tecnologías pueden ser nuestras aliadas en la gestión de emergencias, en el control de riesgos y daños, en la planificación territorial sustentable y en la educación para la prevención. Reconocer nuestra vulnerabilidad y nuestra falta de preparación es el primer paso para corregir y mejorar. Es fundamental que dejemos de repetir los mismos errores y comencemos a tomar medidas concretas para proteger nuestras ciudades y nuestras vidas.

La lluvia no solo dejó inundaciones y caos; dejó, una vez más, una lección que debemos aprender. Es momento de actuar y estar preparados para lo que el cambio climático nos depare en el futuro.

Luis Fernando González V.

Sub Director

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