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A 40 años de la tragedia de Willy González

Willy González al momento de firmar su vínculo con O’Higgins.

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26 de junio de 1984, una fecha que quedará grabada para siempre en la historia de O’Higgins debido al accidente que sufrió el arquero Willy González Boussellet, que perdió la vida en Rancagua a la edad de 27 años.
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Por: Waldo Correa.

A pocas semanas de llegar a la ciudad y sin siquiera haber debutado con la camiseta de O’Higgins, la explosión de gas que sufrió en su departamento del Edificio Esmeralda el día 10 de junio, le provocó una serie de quemaduras que terminaron con su muerte en la Posta Central de Santiago.

Han pasado cuatro décadas y hasta hoy los hinchas del club recuerdan este suceso y la trágica manera con la cual fue truncada la carrera Willy González Boussellet, además de las expectativas que se habían depositado en su incorporación, la misma que solicitó Luis Santibáñez, el entrenador de la época.

En 1983, el oriundo de Ovalle se situó en el listado de los mejores arqueros del campeonato nacional defendiendo el arco de Regional Atacama. En el balance general de la temporada, ‘Las Últimas Noticias’ lo destaca como el cuarto portero detrás de Roberto ‘Condor’ Rojas (Colo-Colo), Marco Antonio Cornez (Palestino) y Oscar Wirth (Universidad de Chile). En este ranking supera a goleros insignes como Eduardo Fournier, Antonio Muñoz y Adolfo Nef.

Hernán ‘Clavito’ Godoy, su entrenador en el norte guarda de él un gran recuerdo y enumera sus atributos futbolísticos. “Era valiente, temerario. Iba al piso se levantaba. Era de muy buenos reflejos. Seguro de manos. Tenía personalidad y voz de mando y jugaba bien con los pies. Nunca llegó atrasado a un entrenamiento”.

Sin embargo, su futuro tan promisorio, estaba a punto de terminar abruptamente. 

“Yo lo pasaba a buscar y se iba conmigo al complejo Baquedano. Era un arquero de muchas condiciones y venía con mucha predisposición”. Palabras de Guido Coppa, uno de los jugadores con quien cultivó una cercanía durante aquellos días.

O’Higgins reunía todas las características que Willy González estaba deseando para progresar en su carrera. Una institución que se encontraba en un ciclo glorioso, repleta de jugadores de categoría, permanente animador de los torneos locales y con varias participaciones en el concierto internacional.

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“Era un verdadero gato”, así lo define Waldo Quiroz. “Nos colocaban barreras para saltar casi desde cero, pero Willy era un verdadero gato y nos llamaba mucho la atención”.

René Serrano recuerda su arribo al club y la forma en la cual rápidamente se incorporó al grupo. “Lo recibimos con cariño. Él se merecía esta recepción, era un muchacho joven, lleno de vida y vitalidad. Era sencillo y muy sobrio. Era una muy buena persona. Llegó con una gran disposición y por eso tuvo una gran acogida”.

Sin embargo, y con solo un par de semanas de entrenamientos en O’Higgins, ocurrió el desastre la noche del domingo 10 de junio. Suceso que rápidamente se divulgó tanto en la ciudad como en el resto del país. La portada del Diario El Rancagüino consigna en letras mayúsculas “EXPLOSIÓN DE GAS”, agregando en la bajada “En la torre habitacional de la calle Campos: Gravemente herido el nuevo arquero del O’Higgins: W. González”.

Según las informaciones de la época, el impacto que provocó la explosión fue estruendoso. Fue percibido a varias cuadras a la redonda y provocó una gran tensión entre los vecinos del centro de Rancagua. Incluso, llegaron a imaginarse que se trataba de la detonación de una bomba producto de un acto terrorista.

Otro de sus compañeros que rememora la tragedia fue el ex defensor celeste, Osvaldo Vargas. “Fue terrible. Porque en ese minuto cuando sucede el accidente de Willy, habíamos terminado un entrenamiento en la tarde en Baquedano. Él había arrendado recién ese departamento y se lo habían entregado el día antes. Le dije que nos bañáramos en el complejo y él me dice que se quiere bañar en su departamento”.

“Luego me enteré de lo que había pasado. Nadie se dio cuenta que los arrendatarios anteriores sacaron el calefactor que estaba instalado en el living y seguramente no le pusieron un tapón a la cañería. Willy da el gas y quizás cuánto rato estuvo bañándose y con todas las ventanas cerradas. Él sale del baño, abre la puerta y ocurre la explosión que quema todas sus vías respiratorias”, agrega ‘Papudo’.

Los servicios de urgencia trasladan al deportista al Hospital Regional de Rancagua donde le proporcionan las primeras atenciones. Con el paso de las horas, estas atenciones entregadas al portero resultaron insuficientes y el martes 12, la junta médica resuelve trasladarlo a la Posta Central de Santiago, un centro que contaba con el equipamiento adecuado para personas que habían sufrido este tipo de accidentes.

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“Todos nos enteramos esa noche y entrenamos al otro día y no lo podíamos creer”, es el recuerdo de Cristián Enrique Trejos, el compañero del arco en ese plantel. “Teníamos mucha incertidumbre, aunque siempre nos dijeron que el asunto era grave”.

Ramón Climent, compañero de Willy en Regional Atacama y posteriormente, jugador celeste se emociona rápidamente al pensar en su partida. “Era muy profesional, muy educado por esos tiempos. Bien vestido, bien organizado y muy cauto con su dinero. Venía de una muy buena familia de Ovalle. Fue una muy buena decisión de Lucho Santibáñez llevarlo a O’Higgins, porque él venía después del ‘Condor’ Rojas. Él siempre quiso ganarlo todo, era un adelantado a los tiempos”.

“Cuando estaba en la Posta Central, yo le escribía al Willy una cartita que le pedía a una enfermera que se la leyera. Y él le respondía con un movimiento de su cabeza”, cuenta Climent. Era días donde el portero estaba completamente aislado del exterior y solo se relacionaba con personal clínico. Para muchos, la explosión fue de tal magnitud que solo su condición de deportista lo hizo mantenerse con vida.

Fue así que el 26 de junio de 1984 cerca de las once de la noche, dieciséis días después del accidente, Willy dijo adiós sin siquiera haber defendido el arco celeste en el fútbol profesional.

El muchacho que llegó a Rancagua lleno de ilusiones de grandeza y armado con la experiencia que acumulaba en primera división, vio precisamente en esta ciudad la culminación de todos estos sueños.

El plantel de jugadores recibió la noticia con profundo dolor. Algunos compañeros muy cercanos, acompañaron a Willy al Servicio Médico Legal para prepararlo en su retorno a Ovalle. Aquí la empresa Pullman Chile, encargada del traslado de los trabajadores del cobre, aportó con una de sus máquinas para trasladar a todo el plantel rumbo a la IV región.

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La despedida en Ovalle fue multitudinaria. El plantel de O’Higgins se trasladó al norte. Toda la ciudad se conmovió por la partida de uno de sus hijos. Un hombre querido y que representaba genuinamente a su gente en el fútbol profesional.

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