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El amor y consuelo que nos da Dios

Obispo de Rancagua, monseñor Guillermo Vera Soto

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Hermanos y hermanas:

Deseo continuar meditando con ustedes acerca del valor de la Cruz en nuestras vidas, en este tiempo que la Reliquia de la Santa Cruz peregrina en medio nuestro.

Una historia: Cuentan que un hombre un día le dijo a Jesús: – “Señor: ya estoy cansado de llevar la misma cruz en su hombro, es muy pesada muy grande para mi estatura”. Jesús amablemente le dijo: – “Si crees que es mucho para ti, entra en ese cuarto y elige la cruz que más se adapte a ti”. El hombre entró y vio una cruz pequeña, pero muy pesada que se le encajaba en el hombro y le lastimaba; buscó otra, pero era muy grande y liviana y le hacía estorbo; tomó otra, pero era de un material que raspaba; buscó otra, y otra, y otra…. hasta que llegó a una que sintió que se adaptaba a él. Salió muy contento y dijo: – “Señor, he encontrado la que más se adapta a mí, muchas gracias por el cambio que me permitiste”. Jesús le mira sonriendo y le dice: – “No tienes nada que agradecer, has tomado exactamente la misma cruz que traías, tu nombre está inscrito en ella. Mi Padre no permite más de lo que no puedas soportar porque te ama y tiene un plan perfecto para tu vida”. Muchas veces nos quejamos por las dificultades que hay en nuestra vida y hasta cuestionamos la voluntad de Dios, pero Él permite lo que nos suceda porque es para nuestro bien y algo nos enseña a través de eso. Dios no nos da nada más grande de lo que no podamos soportar, y recordemos que después de la tormenta viene la calma y un día esplendoroso en el que vemos la Gloria de Dios.

Cuando leemos el evangelio de la pasión del Señor nos impacta sin duda, cuando se dice que Jesús en la cruz gime ante el dolor, llega a rezar: ¿“Dios mío porque me has abandonado?

Nosotros, con no poca frecuencia, vivimos al igual que Jesús la misma situación: dolores, soledad dudas, dificultades, apuros económicos, problemas familiares, angustias, disgustos, etc. Acompañados de la fe queremos aprender de Jesucristo que en medio de todo el dolor y el cansancio cae, pero se levanta, Él sabe que hay una misión que cumplir, salvar la humanidad, y sigue adelante. Sabe que en medio de toda la soledad del mundo está la compañía y cercanía del Padre Celestial y eso lo reconforta, por eso en la Cruz rezará el salmo 22. “Dios mío porqué me has abandonado, sus primeros versículos parecieran los de una persona que ya no tiene razones para creer, pero el salmo continúa y es la oración de aquel que en medio del dolor y las pruebas experimentará el triunfo de Dios que asiste, consuela y permanece fiel.

Mirando la Cruz recemos por todos los que en medio nuestro caen bajo el peso de los problemas y dificultades, para que miren a Jesús y en El encuentren fuerza para levantarse, que no duden del poder de Dios en sus vidas  y eso también lo pedimos para cada uno de nosotros, que en no pocas ocasiones nos  sentimos cansados, desilusionados, por eso, ahora le decimos  al Señor que no queremos que venza en nuestras vidas la tristeza, porque ella es aliada del demonio y nos hace perder de vista el amor  y la cercanía de Jesús.

Que Dios les bendiga.

+Guillermo Vera Soto

Obispo de Ranacgua

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