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Hernán Bazán, el último de una generación que hizo grande a El Rancagüino

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A sus 92 años se despidió de la vida Bazán, dejando una profunda huella en la comunidad del Diario El Rancagüino. Acompañado de familiares, amigos, vecinos y compañeros de trabajo, se le rindió homenaje a un hombre que dedicó más de 60 años a alegrar la vida de muchos con su particular forma de ser, su amabilidad y compromiso.
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Más de 60 años recorrió los rincones del antiguo taller del diario El Rancagüino, alegrando la vida de muchos con su particular forma de ser, destacándose por su amabilidad, su compromiso incansable y su capacidad para crear lazos de afecto y cariño con sus compañeros. Ese fue Hernán Enrique Bazán Bazán.

Su amabilidad y dinamismo lo convirtieron en una figura entrañable en la comunidad de nuestro Diario El Rancagüino que difícilmente podremos olvidar. Siempre dispuesto a sacar una sonrisa con su espontaneidad, sarcasmo y carisma en los pasillos del diario donde escuchábamos una que otra rabieta del viejito querido que con cariño le llamábamos Bazán.

Su alegría y su incansable dedicación al trabajo nos enseñaron la importancia de crear lazos de afecto con los compañeros, dejando una profunda marca en todos los que tuvimos el privilegio de conocerlo.

Enrique Bazán junto a trabajadores y amigos de diario El Rancagüino.

UNA DURA NIÑEZ

Nacido en un humilde hogar en 1932, Hernán Bazán enfrentó desde pequeño carencias económicas y emocionales. Corría el año 1949, y un adolescente Enrique Bazán de 15 años llegaba a trabajar como mensajero en la sección de corretaje del medio de comunicación ganando 120 pesos, con lo que sacó adelante a su madre y su hermana, pues con coraje asumió precozmente el rol de jefe de hogar.

Su carácter resiliente y espíritu luchador lo convirtieron en un ejemplo de esfuerzo y superación. Siempre trató a todos con el mismo respeto y sin prejuicios, siendo un ejemplo de nobleza y generosidad.

ESTELA SU GRAN AMOR

Un joven Bazán siguió su carrera en El Rancagüino como repartidor y, con el tiempo, realizó labores administrativas y financieras; pero el medio de comunicación no solo fue el sustento laboral de la vida de este hombre, sino que también fue el lugar donde encontró el amor de su vida, su señora Estela Reyes Trujillo con quien contrajo matrimonio un 9 de febrero del 1971, en la Catedral de Rancagua.

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Hernán y Estela, eran de esas parejas que ya se ven poco, solo les bastó una mirada furtiva y la cita en el cine del día domingo, para saber que juntos construirían una hermosa familia con dos hijos, Cristian Marcelo y María Paz; y tres nietos Amparo, Mateo y Romina.

Enrique Bazán fue un esposo dedicado, un padre y abuelo amoroso, siempre dispuesto a sacrificarse para que su familia tuviera lo que él no pudo tener en su infancia. Durante su matrimonio, demostró una abnegación total, cuidando y protegiendo a su esposa con amor incondicional.

El testimonio de su hija María José refleja el profundo amor y agradecimiento de su familia: “Padre mío hay tanto por lo cual te tengo que agradecer. Gracias por enseñarnos con tu ejemplo que en la vida todo es posible, pero siempre y cuando pongamos esfuerzo, disciplina y perseverancia en conseguir nuestros sueños y metas, porque si tú pudiste vencer tantos obstáculos, nosotros también somos capaces de hacer lo mismo”.

“Gracias por el compromiso incansable que demostraste durante más de 60 años por tu amado trabajo en el diario El Rancagüino. Gracias por demostrarnos que ir a trabajar, vale la pena cuando eres capaz de crear lazos de afecto y cariño genuino con los compañeros que te rodean. Un cariño que te siguen demostrando hasta el día de hoy”, añadió su hija.

“Gracias por sacrificarte y trabajar arduamente para que nosotros tuviéramos todo lo que tú no pudiste tener cuando fuiste niño. Gracias por la abnegación con que cuidaste y protegiste durante los 52 años de matrimonio al amor de tu vida, mi madre, para que fuera lo más feliz posible y que nunca le faltará nada a tu lado”, dijo María José.

UN TESTIGO DE LA REVOLUCIÓN TECNOLÓGICA

Bazán fue un grande, de la generación en que los textos se hacían en máquinas de escribir y linotipias que iban fundiendo plomo para hacer las letras. Fue testigo de la transición del sistema caliente tipográfico al sistema frío del offset de El Rancagüino donde se imprimía pliego a pliego, para luego doblarlos, alzarlos y armar los diarios, labor que por muchos años fue de Bazán, hasta la llegada de la rotativa, máquina que armaba los diarios y los entregaba doblados, listos para la venta.

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“Bazán es el último de una generación que hizo grande al El Rancagüino, una generación que les tocó cambios gigantes”, dijo el director de diario El Rancagüino, Alejandro González.

“Partieron haciendo el diario con linotipia y tipografía; y terminaron con planchas offset y computadores, lo que significó un cambio en el modo de hacer todo. Bazán armaba los diarios, de dos en dos páginas, los intercalaba, era un gigante en hacer eso y terminamos con una máquina que entregaba el diario hecho”, dijo.

Detallando que “La tarea de Bazán era realmente difícil, yo salí a repartir diarios con él; pero muchas veces era vender diarios también, porque la tarea de los periodistas no servía de nada si el diario no se vendía. Fue de una generación que vivió tiempos muy difíciles, época de escasez, pero nos apoyábamos entre todos y funcionábamos. Con Bazán se fue el último de una generación”, dijo don Alejandro.

Así, la partida de Enrique Bazán marca el fin de una era. El fin de una generación que hizo grande a El Rancagüino. Para quienes trabajamos con él, Hernán Bazán será recordado con mucho cariño, pues nos deja un legado de amor, dedicación y alegría que permanecerá en nuestros corazones.

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