Fotos Marco Lara
Nuestro país en los años sesenta vivía un período de transformaciones muy importantes como lo fue la migración campo-ciudad, esto causó el crecimiento explosivo de las ciudades y la aparición de las denominadas “poblaciones callampa”.
Además de este cambio, se asomaba una problemática no menor que tenía que ver con el acceso a la vivienda, ya que esta no era considerada como un derecho en nuestro país, sumada también a la inflación que existía en la época. Este conjunto de factores desencadenó, a que miles de familias vivieran los primeros años de los sesenta esperando soluciones para adquirir su casa propia.
Es por eso que, personas de diferentes sectores de Rancagua y de zonas rurales “invadieron” terrenos de la Corporación de la Vivienda (CORVI) al oriente de Rancagua, siendo esto la consecuencia de promesas incumplidas por parte de autoridades de la época convirtiéndose así en la segunda toma histórica de nuestro país.
A este lugar llegaron 628 familias aproximadamente, terreno que quedaba en la ruta de acceso a la ciudad y que iba a ser transitada por todas las delegaciones del mundial de fútbol de 1962, en un contexto donde Rancagua era una de las sedes.
Hay que recordar que esta situación se desencadenó producto que las autoridades deciden aplazar sucesivamente el ingreso de los vecinos y vecinas a los terrenos en cuestión.
Frente a eso y luego de reclamos y evasivas, se decide notificar a los integrantes del comité llamado “los sin casa” formado en 1959 y donde pertenecían familias de diferentes territorios a que iban a ser reasignados y trasladados a otros terrenos pero periféricos, hecho que no gustó en los pobladores, puesto que previamente se había logrado reunir con mucho esfuerzo el dinero para comprar el terreno ubicado en el sector nororiente, que en ese entonces era un viñedo, propiedad de Felipe Salaya, con quien si se habría generado previamente un acuerdo a través de la regulación de la CORVI y con el apoyo de otras autoridades y donde este sí había accedido a vender ese terreno y a bajo costo. Situación que más tarde no fue así.
Es así como en la madrugada de un 25 de febrero de 1961, cientos de personas llegan a este lugar, en lo que más tarde se transformaría en un barrio conocido actualmente como 25 de febrero.
Una zona donde había que partir completamente de cero y donde la necesidad de cambiar la precariedad en la que vivían anteriormente, se transformaba en un impulso para estar ahí, pero a la vez en protagonista de una nueva vida.
Transformar un potrero en una población fue un enorme desafío para sus habitantes, que la componían familias que eran mayoritariamente gente joven que llegó con hijos,, en poco tiempo se transformó en una población con muchos niños y niñas. Pero no existían servicios básicos y conexión entre sus calles que en ese entonces eran de barro. La primera acción era el trazado de la población y la repartición de los sitios, acción que fue realizada por los propios pobladores.

LOS COMIENZOS
Vivir en 1961, y en un lugar completamente nuevo fue aún más duro para los primeros habitantes. Para obtener agua de consumo humano debían comprarla en un sector más alejado de la población, tampoco existía luz eléctrica donde la vela y las lámparas eran integrantes más de las familias. Recién en la década de 1970 lograron la urbanización, tenían acceso así al agua, luz y alcantarillado.
A partir de esta toma de terrenos, este barrio está constituido a la fecha por 576 viviendas con una población aproximada de 2.723 habitantes, distribuidos en 18 pasajes. Luego, con la recuperación de la democracia, Chile comenzó a desarrollar un programa habitacional que buscó dar solución más completa a las carencias habitacionales de las personas.
Teresa Vargas, es nieta de una de las fundadoras de la población y recuerda la travesía que le contó su abuela en una de las infinitas conversaciones que tuvo con ella.
“Yo sé que llegaron de amanecida, se tomaron este terreno en el cual tuvieron hartos inconvenientes porque los querían desalojar y siguieron llegando de a poco. Primero, una cantidad pequeña. Llegaron un 25 de febrero por eso el nombre de la población”.
Consultada por cómo era la vida desde pequeña relata que existe unión y apoyo, un sello que aún persiste entre sus habitantes.
“Yo los recuerdos que tengo de niña eran muy unidos en la población, siempre se compartían sus cosas, se ayudaban mutuamente. En esos tiempos era una población muy hermosa. La comunicación entre todos se daba en una sede en el cual había un teléfono y por ahí se llamaba a las personas cuando necesitaban comunicarse con ellas, yo por lo que recuerdo era así, después se empezaron a organizar mejor y designaron a un delegado de cada pasaje el cual se reunía con la directiva y ellos traspasaban la información hacía los demás vecinos”.
Por último, nos cuenta lo más difícil que vivieron los primeros habitantes desde el relato de su abuela.
“Las calles, tener que trabajar para sus veredas para la iluminación. Yo creo que eso fue una de las cosas que más costó por lo que me decía mi abuela”.
Rita Cáceres, tiene 90 años, estaba casada con quien en esa época trabajaba en el pavimento de las calles y es una de las mujeres de la población más longeva. Recuerda como si fuera ayer los primeros días de su llegada a este lugar que más tarde tendría como nombre 25 de febrero.

“La realidad es que nos tomamos este terreno porque iban a venir otros, un comité con más dinero a quedarse acá entonces, nosotros nos vinimos y era un grupo muy grande pensando que hoy en día en cada pasaje hay cerca de 32 casas y son 18 pasajes.
Los primeros años fueron muy sacrificados, en el hecho de dormir a la intemperie, había que comprar agua, ya más tarde pusieron un bidón para sacar agua”.
Para la organización interna entre sus habitantes existen las asambleas donde se designa una delegada en representación del pasaje, donde reside asistiendo a reuniones con la directiva, instancia donde se plantean las inquietudes en cada rincón de la población. Rita Cáceres es una de ellas.
“Tengo que ir a reuniones y ahora estamos organizándonos para celebrar el aniversario donde se contrata una orquesta que llega a una cancha, todos bailan, traen tortita. Es una forma de conmemorar porque aquí todos nos conocemos”.
Culmina recordando una vez más en breves palabras la llegada a su querida población.
“Nosotros cuando nos vinimos, cada uno se distribuyó un pedazo de tierra para ver donde iban a dormir, ya cuando ya se entregaron los sitios, cada uno tiene 10 metros de largo por 20 de ancho se fue paulatinamente separando el terreno, pero siempre teniendo la organización. Llegamos acá y no había nada, todo lo fuimos haciendo de a poco con adobe, ya después cuando teníamos más dinero fuimos haciendo más cosas”.
Con el valioso testimonio de sus principales protagonistas, hoy la población 25 de febrero cumple 64 años de existencia, el recuerdo a un territorio de relevancia histórica para la capital regional que hoy vive el desafío de la identidad e idiosincrasia de sus habitantes.
