La cultura de la leña

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¿Existe real fiscalización? Es la pregunta que asalta las dudas de muchos ciudadanos en O’Higgins, respecto a quién pone coto a la utilización de leña para calefacción en Rancagua y Machalí, además de las otras comunas que integran el valle central o zona saturada de contaminación.

En la capital, desde hace muchos años, se prohibió la leña y esto con el paso del tiempo se cumplió a rajatabla. Los santiaguinos entendieron que, una manera de ayudar a descontaminar era así. Acá en la región, como pasó a poco más de 80 kilómetros de distancia, hay resistencia. Y claro, si cuando comienzan las noches frías no queda otra que, si no se tiene por ejemplo un equipo de aire acondicionado, encender el calefactor a leña.

En Rancagua, durante la semana pasada, se notó de inmediato cuando se encendieron las estufas, pues había un aroma familiar en el ambiente y justo coincidió en esos días donde el invierno anticipó sus jornadas. Es más, cuando uno sube hacia Maitenes, por la Carretera El Cobre, y se desvía la mirada hacia el valle, se nota de inmediato ese aire enrarecido, que es justamente la capa que evita una ventilación adecuada de nuestro valle.

Además, en las otras comunas de la región, donde si bien no está prohibido el uso de calefactores a leña a excepción de salamandras y cocinas a leña, con la caída de la noche de inmediato se encienden las estufas.

Seguramente tardará años la comunidad regional en comprender que se debe realizar un cambio cultural pues la tradición suma años y años. Es de esperar que, esta transición, sea breve pues, nuestros hijas e hijos, lo agradecerán en un futuro próximo.

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