
La historia de esta familia en Rancagua es un claro ejemplo de la perseverancia y el espíritu emprendedor que caracterizó a muchos inmigrantes que llegaron a Chile a principios del siglo 20. Su legado se ha mantenido a lo largo de varias generaciones y hoy las tiendas que permanecen en el área del comercio son administradas por nietos y bisnietos de Nicolás Anich Assis.
Repasando sus orígenes debemos comenzar por la llegada de Nicolás a Chile en 1908 en un barco proveniente de Siria a los 14 años, escapando de la guerra. Sus primeros pasos comerciales los dio junto a sus “paisanos” en Estación Central, Santiago, como vendedor ambulante. Unos seis o siete años después llega a Rancagua, lo que sería el inicio de su historia y compromiso con la ciudad.

En Santiago, compraba y revendía artículos como elásticos, hilos de bordar y coser, agujas, palillos para tejer, broches, alfileres de gancho, botones, polvos faciales, jabones, hojas de afeitar, entre otros productos. Entre sus proveedores estaba un comerciante judío. Nicolás se ganó el cariño del hebreo, quien mantenía una sucursal en Rancagua manejada por un socio, solicitándole a Nicolás que viajara a Rancagua para apoyar su gestión comercial. Tras permanecer por dos semanas, le propuso a Nicolás que se hiciera cargo de la administración de la tienda. Entonces, Nicolás Anich ofrece comprarle el negocio. (Extracto columna de Mario Noceti Zerega, publicada en El Rancagüino, el 26 octubre de 2015).
De esta manera se convertiría en el dueño de la Tienda La Sultana (Avenida Brasil 842), cambiándole el nombre a Casa Nicolás Anich e hijos, y cuando él ya se retiró quedó en manos de uno de sus hijos, Alberto, quien más tarde la llamaría Casa Alberto Anich y Cía. hasta su cierre.
Al igual que otros sirios residentes, el primero de los Anich apoyó a la ciudad para que pudiera crecer. Así a lo largo de su historia, crearon fuentes de trabajo, pero también dejaron huella en organizaciones religiosas, humanitarias, culturales.
CONSOLIDACIÓN FAMILIAR Y LEGADO COMERCIAL
Nicolás Anich se casó con Mariana Isa, una chilena de ascendencia siria y de esta unión nacieron cinco hijos: Isaac, Enrique, Alberto, Hilda y el menor Eduardo (Yoyo). De ellos, Enrique, (tuvo una próspera fábrica de camisas y supermercado en Bueras con Independencia); Alberto, dueño de la ex tienda La Sultana, e Isaac, quien falleciera en un accidente aéreo en 1972, todos ellos comprometidos con la abnegada labor bomberil de la ciudad, así como también en política. En tal sentido, Isaac fue candidato a diputado y elegido regidor de Rancagua en 1950, además en 1963 el municipio local le entregó la Medalla Santa Cruz de Triana. Hoy la guardia nocturna de la 3ra. Compañía de Bomberos de Rancagua, un carro bomberil y un pasaje en la ciudad llevan su nombre. Tampoco podemos dejar de mencionar al menor de ellos, Yoyo (Eduardo), por su contribución al comercio local (hoy con Comercial Anich de Calle Bueras 496), no solo con la venta de tejidos y la operación de su fábrica de chalecos, sino que también fue un pilar en la creación de empleos y en el desarrollo de Rancagua como centro comercial y comunitario, al igual que el resto de sus hermanos que se adelantaron en el rubro. El último de estos hijos vivos falleció en julio de 2024 a los 94 años de edad.

Con los años, Nicolás Anich gestionó la llegada de su hermano menor Abdón, que llega en 1923 con su esposa Lidia Lues y una hija: Yamili. En Chile nacerían Emilio, Fernando, Mario Bady, Miguel, Nelly y Jorge. Abdón se unió al negocio familiar, fortaleciendo así la presencia de la familia siria en el comercio rancagüino por al menos ocho años y luego se independizó.
La familia creció y se consolidó en la ciudad, convirtiéndose en un apellido reconocido y respetado. La empresa que fundó Nicolás Anich ha perdurado a lo largo de las décadas, manteniendo su carácter de negocio familiar y adaptándose a los cambios del mercado.
ABDÓN ANICH ASSIS
La historia de los Anich también prosigue con don Abdón y la creación de su propio emprendimiento junto a su esposa Lidia Luez, arrendando un local en la misma calle Brasil número 1033. Así se inicia la rama comercial de los Anich Luez.
Abdón fallece en 1944 de una enfermedad súbita por lo que Lidia y sus hijos se hacen cargo del negocio familiar, liderándolo Emilio y Miguel junto a su madre. Es que, con los años, cada uno de ellos fue tomando nuevos rumbos y los dos hermanos que lideraban el proyecto familiar forman la Sociedad Tienda y Paquetería Emilio y Miguel Anich Ltda. Ambos trabajaron juntos por décadas, y a principios de la década de 1970 deciden separarse de forma amistosa, quedando Emilio con el rubro de tienda y Miguel con el de paquetería en locales contiguos en la calle Brasil.

Hasta el día de hoy funciona la sociedad vigente que conformó Emilio Anich e Hijos Ltda, en Brasil 911 donde actualmente podemos encontrar telas y más. Allí Emilio y Amira se dedicaron a formar la mayor tienda de telas y artículos afines de la ciudad. En la misma década, entra al negocio familiar su hijo mayor Tito para apoyar a sus padres por más de 30 años.
Tras el deceso de Emilio, Tito y su familia se hacen cargo de forma exclusiva del local para una década después ingresar a dirigirlo la siguiente generación representada por Juan Ignacio Anich. Hoy junto a su padre Tito, son los actuales herederos de esta tradición comercial centenaria de la familia Anich en Rancagua.
LA BOTICA ANICH
Para corroborar cada dato de esta historia entrevistamos a Mario Bady Anich Japaz, nieto de Lidia y Abdón Anich Assis, este último hermano menor de Nicolás. Es necesario explicar el nexo de don Mario con el primero de su familia en llegar a Rancagua. Sus padres son Emilio Anich (hijo mayor de Abdón y Lidia) y Amira Japaz, siendo el menor de sus tres hermanos: Abdón (Tito), abogado, y Lidia, Ingeniero Civil.
En 1984 don Mario abre la farmacia La Botica Anich, con el apoyo de su papá Emilio. Él mismo recuerda que ese año ya existía una Farmacia Anich (ubicada donde está actualmente Reina Victoria) y que pertenecía a Enrique, hijo de Nicolás Anich. Así se convierte en el segundo en dejar un legado comercial en el competitivo mercado farmacéutico del país.
Consultado sobre el legado de su familia, coincide con muchos en aseverar que los valores como la lealtad y honestidad eran intransables para ellos. “Asimismo, el amor por el trabajo. Es gente muy trabajadora que llegó a la ciudad, hicieron crecer sus negocios y a la vez criaron bien a sus familias. De hecho, en la primera generación de nacidos acá en Chile ya empezaron a salir varios profesionales y de la segunda, prácticamente todos somos profesionales. Siempre trabajando todos, el esposo con la señora, mi papá con mi mamá y después entrábamos nosotros y si había que ir a ayudar por una fecha especial como Navidad ahí estábamos”, recuerda don Mario.
Cree también que llevar este apellido siempre ha sido una gran responsabilidad y sobre esto comenta: “Es un apellido que se ha mantenido limpio a través de la historia, nunca ha habido escándalo en la familia. Creo, hemos hecho una buena vida y, hoy por hoy, somos muy chilenos”.
Actualmente valora que su madre de 95 años aún esté con vida. “Mi madre Amira, de 95 años, todavía vive y toda su vida trabajó con mi padre y conmigo aquí en la farmacia. Ella era la cajera hasta antes de la pandemia y hasta hoy la gente y clientes me pregunta por su salud. Estoy muy orgulloso de ella y del aporte que, como familia, hemos hecho en esta región del país y para su gente”.

