La familia Martínez Ferrero ha mantenido prestigio y una influencia constante en Rancagua, construida sobre emprendimiento y negocios, vínculos culturales y diplomáticos y logrando conexión con España y con la comunidad de inmigrantes y descendientes. Además, se recuerda por su liderazgo comunitario, como la participación en el Centro Español y en organizaciones deportivas como el Club de Golf Los Lirios.
Doña Teresa Ferrero Ureta y don Eduardo Martínez Moreno se casaron en España en la década de 1940 y construyeron sus raíces con sus hijos Eduardo, Miguel, Pedro, Felipe y Pilar(mellizos), José Manuel, María Cristina y Ana María. Al día de hoy se suman al grupo, 31 nietos y 36 bisnietos, conformando una familia con orígenes españoles que arraigó su historia en Rancagua, a través del mundo empresarial, con los supermercados Independencia, y en el área social de la región.
Conversamos con José Manuel (Cote) Martínez Ferrero, quien hizo la vocería de su familia y recordó sus orígenes que se remontan a Quintanar de la Sierra, un pueblito cerca de Burgos, España, donde se casaron sus padres y de donde era originaria doña Teresa. De ahí se vinieron a Chile llegando a Valdivia, a fines de los años 40 donde los abuelos paternos tenían un campo. Allá hicieron crecer la familia y ya con cinco hijos emigraron a Rancagua en 1959. “En la década de los 60, mi mamá empezó a trabajar en un almacén en Astorga con Independencia. Este almacén era de un tío, quien decidió volverse a España y le ofreció el negocio a mi papá, quien lo compró. Así fue invitado por IBM a Estados Unidos por el tema de las cajas registradoras para el negocio del almacén. Regresó con una idea muy innovadora: hacer pasillos y estanterías para que la gente hiciera sus propias compras, lo que era revolucionario para la época. Compraron la mitad de la propiedad y posteriormente compraron la parte de atrás que llegaba a Cuevas, donde había una casa”, detalló.

TIENDA DE ABARROTES: SUPERMERCADOS
Eduardo Martínez Moreno, quien también fue vicecónsul de España para la región, era un verdadero visionario, describe Cote, al crear el primer supermercado con pasillos y góndolas, un concepto totalmente nuevo y revolucionario para la época. Esta tienda se ubicaba en Independencia y tenía un segundo piso con un departamento donde vivía la familia. “Mi mamá veía todo lo relacionado con cristalería, perfumería y abarrotes, incluso mi papá tenía una agencia de viajes dentro del supermercado”, asegura. La época del 70 la recuerda complicada tras el golpe militar, y cuando el local era tomado y saqueado. Muchas veces quebraban los vidrios del departamento y la instrucción a los más chicos era esconderse bajo la cama si rompían los vidrios, mientras los mayores ayudaban a sus padres a defender el negocio.
Asimismo, en esos años Martínez Moreno ya ofrecía el servicio de lo que hoy conocemos como delivery. Tenía dos triciclos y los hijos más chicos eran los encargados de llevar los pedidos a las casas de los clientes. “Nadie más lo hacía en esa época”, según cuenta José Manuel. Y hablando por él y sus hermanos, ayudar a sus padres en el negocio no era una obligación, sino algo que los entretenía, les gustaba y porque así retribuían el esfuerzo de sus padres.
Más adelante, el supermercado empezó a funcionar bien a pesar de los tiempos económicos difíciles. “Mi papá decidió abrir una nueva sucursal en calle Recreo en Rancagua, esquina Grecia. En ese entonces, era un peladero con manzanos. El supermercado Independencia en Recreo se abrió a fines de los 70. Mi padre siempre decía que un eje hacia la plaza (Los Héroes) era bueno. Y logró ampliarse entre 1975 y 1980”. Fue en esa época, “que mi papá mandó a mi hermano Miguel y a mí a un simposio en Argentina para aprender sobre el código de barras. En Chile no existía, todo era con etiquetas de precio. Años después traeríamos esta innovación a los supermercados de Chile, a fines de los 80”.

Finalmente, fue en la década de los 90, que su padre Eduardo Martínez, compró un terreno en Miguel Ramírez. Esa calle, ahora llamada Nueva Einstein, no existía, “y mi papá propuso crearla para conectar los lotes. Era un potrero. Consideraban una locura irse al final de Rancagua. Es que mi padre visionario, no miraba a uno o dos años, sino que se proyectaba a largo plazo. Veía Rancagua como un pueblo de crecimiento, especialmente hacia El Manzanal y Machalí”, evoca.
La construcción de dicho supermercado comenzó en 1992 lo cual incluyó un estacionamiento subterráneo y algo impensado en la zona. Recuerda un letrero “muy humorístico” en la calle Miguel Ramírez que decía: «Aquí no se está construyendo la central nuclear», que buscaba intrigar a la gente sobre la magnitud de la construcción.
Se construyó un supermercado más pequeño de lo que es hoy, y se cerró un contrato con Sodimac, siendo una de las primeras tiendas en regiones, con más de mil metros cuadrados e inaugurada en 1995 junto con el supermercado. “El supermercado inicialmente tenía 3.000 metros cuadrados y fue ampliado en 2007, después del fallecimiento de mi papá”, continúa detallando José Martínez.
En 1995, su hermano y papá vieron una oportunidad en el mayoreo y abrieron el Multimayor al frente del Rodoviario en el sector del Mercado. Además, abrieron otro supermercado Independencia en ese lugar, y que hoy es Unimarc.
En esos años, su papá hizo un “contrato de palabra” con el dueño de Corona de ese entonces y le entregó el local del centro, en Independencia, lo que demuestra que los empresarios de esa época eran de palabra, correctos y cumplidores”. Con esto, cerraron el supermercado del centro y se quedaron con el supermercado de Recreo, el Multimayor, el del rodoviario más una confitería en el mercado de Rancagua.

Con la llegada de grandes cadenas de retail, como Líder y Jumbo a Rancagua, “mi papá empezó con la idea de arrendar los locales y retirarse del negocio de supermercados y dedicarse al inmobiliario. En eso mipapá falleció en 2001. Entre 2002 y 2003, entregaron primero Recreo y luego el local de Miguel Ramírez a la cadena Líder, quienes buscaban arrendar. Líder quería comprar, pero la familia decidió arrendar. Se quedaron con los locales del mercado y rodoviario. Un par de años más tarde arrendaron los primeros dos y la confitería fue cerrada”, relató este representante de los Martínez Ferrero.
Los hermanos comenzaron a mirar hacia el rubro inmobiliario. Tuvieron varias bombas de bencina y construyeron el primer complejo de casas con piscina del lado norte de Rancagua. Así se fueron dando cuenta de que su padre fue parte de muchas obras sociales sin que ellos supieran, como canchas de fútbol y baby. En este rubro, la familia apostó por la construcción del supermercado Bigger y la Ferretería Imperial que se levantó en Carretera 5 Sur con Avenida República de Chile, que luego vendieron. En 2010, construyeron el Sodimac Constructor de Avenida Koke con la Alameda. Y muy cerca de allí compraron el terreno del primer terminal de Agrosuper en Chile para levantar allí el Central Mayorista de Walmart (que luego en 2019 fue quemado en el estallido social, pero estaba asegurado). Actualmente, tienen un porcentaje menor en fondos de inversión en el mall Plaza América donde siguen con presencia en su directorio. Ahora construyen en la región el Distrito Machalí, asociados con una cadena regional, en un terreno de 3 hectáreas que se hace por etapas. La primera corresponde al supermercado con locales comerciales en actual funcionamiento. La segunda etapa incluirá juegos de niños cerrados y locales comerciales de comida. También se construirá una estación de gasolina.
LA ESCUELA FAMILIAR
La escuela que les dejó su padre y madre la describe como «maravillosa», caracterizada por una visión siempre a largo plazo. “Los negocios no solo se miden por la ganancia, sino por el aporte a la comunidad y a la sociedad”, agrega Martínez quien rememora: “Una de las enseñanzas más importantes de mis padres fue la humildad, el trabajo duro y la rectitud. Salíamos del colegio y el trabajo que hacíamos dependía de nuestras notas. Lo peor era tener que barrer la calle Independencia, también teníamos que reponer en el almacén, vender aceite en tambores y todas otras actividades cotidianas. Los hermanos ayudábamos en lo que podíamos. Yo fui bodeguero, luego pasé a sala y después estuve a cargo de dos de los supermercados. Mis hermanos Miguel y Felipe también ayudaban mucho en los negocios. Además, ambos (sus padres) se complementaban muy bien, respetaban sus espacios y no peleaban. Eran un equipo potente con un motor impresionante”.
Dos de ellos fallecieron tras un cáncer: Pedro y Miguel. Miguel Martínez Ferrero fue un conocido empresario, también vicecónsul de España en la zona y además destacado dirigente deportivo. Falleció en junio de 2024. El año pasado, su madre falleció a los 96 años. Después de la muerte de Miguel, su deterioro cognitivo empeoró. Su mamá era muy trabajadora y apoyó a su papá en todo, asevera su hijo Cote.
Don Eduardo y doña Teresa pertenecieron al Rotary de Rancagua. También armaron el Centro Español en Rancagua, que entre 1915 y 1972, funcionó en un edificio ubicado en la Plaza Los Héroes. La institución se adjudicó el Parque María Luisa donde doña Teresa dirigió el grupo de las “Damas Españolas” quienes trabajaban a la par con los hombres para mantener el club activo, “era un club familiar donde se juntaban y compartían todos”, dice melancólico José Manuel.
Además del Rotary y el Centro Español, se involucraban mucho con la comunidad y los trabajadores del supermercado, a quienes consideraban familia. “Mi padre consideraba a sus trabajadores como familia. Al principio, cuando solo tenían el supermercado de Independencia, hacían una comida anual para los empleados. A medida que crecieron, arrendaban lugares más grandes, llegando a tener 1.500 trabajadores. Aunque la relación personal se perdió un poco por el tamaño de la empresa, el cariño de los ex trabajadores se mantiene hasta hoy. Incluso algunos trabajadores que siguen con nosotros lo eran de la época de nuestros padres”.
Respecto a sus hermanos, Miguel era muy parecido a su padre en la forma de negociar, Felipe en la forma de ser, siempre buscando oportunidades de negocio, y él se atribuye el olfato para los negocios. Su padre no dudaba en invertir si creía en algo, “pero también se equivocaba y se levantaba trabajando. La escuela de mi padre y madre que nos dejó es ser siempre humilde, no prepotente y perseverante”, concluye.

