Hay noticias que uno jamás desearía tener que contar, por más que nuestra formación deontológica profesional nos obliga. Una de ellas tiene que ver con muertes en la mina El Teniente, como un medio que ha sido testigo previo de catástrofes previas –como la tragedia del Humo, de 1945– se toman experiencias tan dolorosas como necesarias para informar desde el respeto.
Rápidamente esa misma tarde aciaga del jueves 31 de julio entendimos que debíamos publicar todos los contenidos contrastados y verificados que podíamos ofrecer a nuestras audiencias con la mayor celeridad, pues entre nuestros lectores estaban familiares y amigos de mineros preocupados por la situación.
A partir de allí hasta el domingo 3 de agosto, momento en que terminaron las labores de rescate, nos comprometimos a informar con la máxima responsabilidad y sin correr más de la cuenta por un par de clics adicionales ante datos no verificados. Nos comprometimos a un principio de responsabilidad, no solo por ética periodística sino también por el respeto ante la angustia y la incertidumbre de las familias de las víctimas.
Más allá de los números (6,5 millones de impresiones en redes, 240 mil interacciones, 130 mil páginas vistas en web y más de 4 mil 200 nuevos seguidores), nuestra satisfacción llegó por la positiva respuesta de los lectores ante nuestros contenidos. El esfuerzo, incluyendo noches sin dormir de nuestro equipo, tuvo sentido y fue premiado por un cariño mucho más valioso que cualquier métrica.



