María Marta Serrano Sánchez la tíamadre legado de amor, humildad y generosidad

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Roxana González S.

Según su cédula de identidad la Martita tenía 94 años, pero se comenta que en el sector rural se acostumbraba ir a inscribir a los hijos cuando tenían entre 5 a 10 años de edad; llevaban a 2 o más y los registraban a todos juntos, por lo que su nieto Luis Orellana Briceño piensa que su Lela tiene más de 100 años.

Estuvo casada con su gran amor Pedro Briceño hasta que una repentina muerte los separó, tuvieron 4 hijos, Pedro José, Juan Marcos, María Cleofa y María Marta.

Mujer trabajadora y aperrada, todos los días se levantaba con el primer rayo de sol para atender a su Pedro amado con un desayuno de encebollado con tortilla calientita y un rico té al lado del “poyo” donde hervía la tetera.

Luego comenzaba con la ordeña de sus vacas y alimentar a sus aves, recoger huevos, recolectar las hortalizas de su huerta para empezar a preparar los 3 platos de comida que siempre había en su mesa.  Imperdibles porotos con riendas y cazuela de pollo de su corral y un tercero a elección del día.

Por la tarde hacer sus quesos frescos, deliciosos y gigantes, los más comentados de Lo Ulloa, todo el que probó quedó maravillado con su sabor y textura.  Mano de monja, todo lo hacía con amor y alegría.

Mujer de campo que jamás se quejaba de estar cansada con todo el trajín del día.  Su hogar, la casa de adobe y madera con largos corredores para admirar el atardecer y respirar el aire puro de su tierra, su noria que recogía el agua más pura y cristalina; las palmatorias con las velas que acompañaban las noches y la oscuridad del amanecer.

Martita fue la tíamadre de todos sus sobrinos de sangre y los que adoptó; los amó a todos por igual, también cobijaba a los que habían perdido a sus padres.  Siempre hubo un plato de comida o un trozo de tortilla con un tazón de leche para calmar el hambre, no dejaba a nadie pasar por su casa sin irse con el estómago lleno y una conversación con muchos consejos de como ser y comportarse en la vida.

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Cuando llegó la electricidad al sector fueron los primeros en comprar un televisor, no se imaginan la cantidad de personas que se juntaba cada noche a mirar lo que transmitiera esa cajita con sonido y blanco y negro.

Martita se nos apagó rodeada del amor de sus hijas María Cleofa y María Marta, sus nietos luz de sus ojos Elías, Pedro y Luis, además de su único yerno Rolando Orellana quienes no dudaron en acogerla en su casa para estar todos a su lado y acompañarla las 24 horas.

Esta hermosa mujer dejó una huella imborrable de amor, todos han perdido un trozo de corazón con la partida de este ser de luz que llegó a iluminar a quien toco con sus manos y esperan que Dios la reciba en su reino y se reencuentre con sus hijos y esposo.

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