Desde Roma con amor: la historia de Francisca Pérez, una rancagüina que transforma viajes en puentes culturales

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Siempre he admirado a quienes son capaces de comenzar una vida lejos de su zona de confort, sin red de apoyo, sin certezas, y aun así atreverse a soñar. Lo vi en mi hermano, en varios amigos, y también en Francisca Pérez, rancagüina de tomo y lomo, que hoy ha hecho de Roma su hogar y el turismo su camino de vida. La visité hace un tiempo y tuve el privilegio de realizar una cata de vinos para europeos —nada más ni nada menos que en el restaurante Hostería Circo, donde Romulo y Remo fundaron Roma.

Porque si a ti se te ocurre andar en góndola, correr autos Ferrari, navegar en un yate por las islas de Capri o simplemente comer una buena pasta como en las películas, Francisca es capaz de hacerlo realidad. Y si lo tuyo es lo espiritual o la historia, claro que también puede llevarte a vivir una experiencia profunda en el Vaticano. Porque viajar es, sin duda, una de las mejores inversiones para el alma.

Y comenzando esta historia dicen que las crisis son el inicio de grandes transformaciones. Para Francisca Pérez, una rancagüina de alma inquieta, ese cambio llegó con la pérdida de su padre y el quiebre de una relación, pero en lugar de rendirse, optó por comenzar de nuevo, tomó su mochila, sus ganas de sanar, y voló a Roma, ese lugar que la había enamorado a los 18 años y que, casi dos décadas después, la cobijaría en su momento más oscuro.

Lo que comenzó como un viaje de tres meses inspirada por la película Comer, Rezar y Amar, se convirtió en una vida entera en Italia. Han pasado ocho años desde entonces, y hoy Francisca no solo ha encontrado su hogar, sino también su vocación: ser anfitriona de turistas hispanohablantes en Italia, en especial chilenos que sueñan con conocer la historia viva que habita en cada piedra de Roma.

“Roma me abrazó cuando más lo necesitaba”, cuenta Francisca. Fue amor a primera vista. Caminar por el Foro Romano le erizó la piel, y regresar con 35 años, fue como volver al hogar que el corazón siempre supo que existía. Aunque la distancia hace que extrañe profundamente a su familia, sus amigas, y ese humor tan chileno que convierte hasta la tragedia en risa, el contacto con otros compatriotas le devuelve una parte de su tierra.

El turismo como forma de encuentro

Acompañar chilenos en su recorrido por Roma fue una experiencia natural. “Siento mucha alegría al ver que se relajan y disfrutan sabiendo que alguien los acompaña, que habla su idioma, que entiende cómo piensan”, explica. Es esa tranquilidad de sentirse en casa, lejos de casa, lo que convierte su trabajo en algo más profundo que un simple tour. Es una forma de conectar culturas.

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Lo que más disfrutan los visitantes, según Francisca, depende del grupo, pero hay clásicos que nunca fallan: la pasta en el bohemio barrio Trastevere, los helados italianos, y caminar entre ruinas que relatan una Roma gloriosa y eterna. “Seduce mucho encontrarse, en cada esquina, con una historia milenaria”, agrega.

Una misión con sentido: ser puente

Francisca ve su proyecto como mucho más que una oferta turística. Sueña con ser un puente que une culturas, donde chilenos puedan vivir una experiencia bella, exclusiva y con precios justos, y donde también los italianos puedan conocer Chile desde otra perspectiva. Su foco está en grupos pequeños, personalizados, con sentido humano y corazón latino.
Y aunque vive en Roma, el vínculo con Chile sigue más vivo que nunca: cada grupo, cada conversación, cada sonrisa chilena en suelo europeo la conecta con su origen. “Trabajar con chilenos me hace sentir en casa. Es como si fuéramos amigos de toda la vida”, dice emocionada.

¿Quieres vivir Roma con ojos chilenos?

Si estás planeando un viaje a Italia y quieres recorrerla con quien conoce el idioma, la cultura y el corazón de nuestros compatriotas, puedes seguir a Francisca en Instagram @franenroma o en su web: www.franenroma.com.
Porque el viejo continente también puede ser el nuevo hogar. Y porque hay formas de viajar que no solo mueven los pies… también transforman el alma.

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