Un cielo despejado, la brisa suave y los verdes parques de la Parroquia Sagrada Familia de Machalí fueron el marco perfecto para que 19 niños -10 varones y 9 niñas- vivieran un momento inolvidable en su vida de fe, su Primera Comunión. La ceremonia, celebrada al aire libre bajo los árboles y en plena naturaleza, se transformó en una jornada de profunda espiritualidad, reflexión y alegría comunitaria.
Con sus trajes impecables y el corazón dispuesto, los pequeños recibieron por primera vez el Cuerpo y la Sangre de Cristo, acompañados por sus padres, familiares y amigos. La misa fue presidida por el párroco Emilio Maldonado, quien destacó la importancia de este sacramento en la vida cristiana y llamó a los niños a mantener vivo su compromiso de asistir cada domingo a la eucaristía.
“En el lugar que sea y en cualquier parte del mundo, no se avergüencen de recibir al Señor. A veces nos importa más lo que digan los demás que lo que piensa Dios, y lo que opina Dios es que nos ama mucho y por eso nos invita a su mesa”, expresó el padre Maldonado, invitando a los presentes a vivir la fe con humildad y sinceridad.
Los niños fueron preparados durante el año por los catequistas Jorge y Erika, quienes los guiaron paso a paso en este camino espiritual, los que en un ambiente de recogimiento escucharon con atención el Evangelio de San Lucas sobre el fariseo y el publicano, comprendiendo el valor de la humildad ante Dios.
El momento más esperado llegó cuando, con respeto y visible emoción, los pequeños se acercaron uno a uno al altar para recibir el Pan consagrado, sellando su compromiso espiritual con Dios, instante que fue acompañado de la música del grupo católico “Effatá” que llenó de emoción el ambiente con cantos de alabanza, creando un clima de comunión y esperanza, mientras los padres y familiares oraron para que los niños crezcan como personas de bien, comprometidas con su fe.
La ceremonia culminó con los acordes de la canción “Milagro de amor”, donde sus versos “Milagro de amor tan infinito, en que Tú, mi Dios, te has hecho tan pequeño y tan humilde para entrar en mí”, resonaron entre los árboles y los rostros conmovidos de las familias.
Así, bajo el cielo azul de Machalí y con la calidez de una jornada primaveral, la comunidad parroquial vivió una verdadera fiesta de fe y unidad, donde cada niño llevó en su corazón la luz del amor de Cristo y el inicio de un camino que los acompañará toda la vida.












