OSSA 2015: El vino que honra una historia de más de dos siglos

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Siempre he admirado a las personas que son capaces de empezar una vida lejos de su zona de confort. También he admirado a quienes saben mantener viva una historia que no comenzaron ellos, pero la sienten como propia. Así es el caso de Viña La Rosa, una joya patrimonial enclavada en Peumo, con más de 200 años de historia en el vino Chileno. Su historia, tan rica como sus vinos, hoy se vuelve aún más relevante gracias al trabajo comprometido de Ismael Ossa, séptima generación de la familia fundadora, y un equipo técnico que ha sabido leer el lenguaje de la tierra y convertirlo en relato embotellado.

Este 2025, Viña La Rosa fue reconocida con el “Best in Show” en la edición número 30 del prestigioso concurso Catad’Or, por su vino OSSA 2015, un ensamblaje de Cabernet Franc, Carmenere, Cabernet Sauvignon y Syrah. El vino fue creado por Gonzalo Cárcamo, enólogo de la viña desde hace casi tres décadas, y representa una interpretación profunda del carácter del valle del Cachapoal, expresada con sensibilidad, técnica y un enorme respeto por el origen.

Pero aunque el galardón se celebra con orgullo, la verdadera historia está en lo que lo hizo posible.

Continuidad con sentido

“Cuando recibí la noticia, sentí una inmensa alegría. Se vienen muchos recuerdos… detrás de este vino hay mucha gente comprometida. El premio representa un gran logro para Viña La Rosa y su historia vitivinícola”, comparte emocionado Ismael Ossa, quien asumió la conducción de la viña como parte de una transición generacional, con la convicción de que la memoria se honra no solo mirando hacia atrás, sino proyectándola hacia el futuro.

Para Ismael, ser parte de la séptima generación no es solo una herencia: es una responsabilidad. “Es un gran desafío seguir adelante con esta historia, afortunadamente hemos consolidado un gran grupo humano, desde el directorio hasta quienes cuidan la viña día a día. Aquí nadie trabaja solo”, afirma.

La mirada del vino y del suelo

Desde el lado técnico, el OSSA 2015 también representa un punto de inflexión. Gonzalo Cárcamo, enólogo de la casa, lleva más de 27 años explorando el potencial del valle, aprendiendo de sus suelos, su clima y su gente. “Esta zona es rica en hierro, y nuestros vinos también lo son. El hierro imprime un carácter sanguíneo, muy particular. Para proteger esa identidad, mi enfoque fue reductivo: conservar la energía del vino, evitar oxidaciones innecesarias y preservar su frescura”, explica.

Cárcamo no habla solo de química. Habla de filosofía. De intuición. De saber esperar. “Un vino con crianza reductiva, con taninos activos y estructura, puede mantenerse vivo por más de una década. El OSSA 2015 lo demuestra. Su juventud sorprende”.

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Y aunque conoce al detalle cada fase del proceso, no cae en la soberbia técnica. “Uno tiende a tener prejuicios, como con los hijos. Pero hay vinos que te sorprenden. Este vino superó mis expectativas. El jurado supo ver lo que a veces uno, desde adentro, no alcanza a dimensionar”.

Una viña con voz propia

Durante 2024, Viña La Rosa celebró sus 200 años de historia vitivinícola en Peumo. Pero como bien dice Ismael, “tener historia no es suficiente si no la podemos mostrar”. OSSA 2015 es la respuesta a esa inquietud: una botella que habla con elocuencia de un linaje, de una tierra, de una forma de hacer las cosas con paciencia y respeto.

“Si Viña La Rosa fuera una persona, sin duda seria una persona perseverante e innovadora,  siempre tratando de hacer las cosas de mejor manera ”, comenta Ossa. Y  Gonzalo agrega: “una persona con muchas capacidades pero muy tímida, de bajo perfil, pero con mucho que contar ”.

Inspiración intergeneracional

Para Gonzalo, acompañar el proceso de transición entre generaciones también fue un aprendizaje. “Yo trabajé muchos años con don Ismael, el padre. Él ya sabía lo que buscábamos. Mi desafío fue transmitir eso a Ismael hijo, que pudiera sentir lo que nosotros sentimos por este lugar. Y lo logró. Tiene la misma impronta: amor por la tierra y respeto por las personas”.

Esa coherencia entre generaciones es lo que más inspira a quienes rodean este proyecto. Porque no hay marketing que suplante la verdad. Y en Viña La Rosa, la verdad está en las viñas, en la bodega, en las personas que siguen creyendo que hacer vino es, ante todo, un acto de confianza en el tiempo.

Más que un premio

El OSSA 2015 no es solo un blend. Es un símbolo de continuidad, de visión, de territorio. Es la confirmación de que una historia bicentenaria puede seguir evolucionando, sorprendiendo, emocionando. Sin disfraces. Sin apuros. Con la paciencia de quienes saben que lo bueno, como el vino, toma tiempo.

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En Peumo, bajo el sol tibio del Cachapoal, un equipo humano sigue afinando esa sinfonía silenciosa que es hacer vino con sentido. Y cada botella que sale de Viña La Rosa lleva consigo no solo un sabor, sino un relato: el de una familia, una comunidad, y una tierra que no deja de decirnos algo profundo, aunque sea en voz baja.

Y cerrando esta historia, como mujer del vino, como amante del patrimonio, y como testigo del enorme trabajo silencioso que ocurre detrás de cada botella y de todo su equipo enológico , me emociona profundamente ver cómo lugares como Viña La Rosa siguen vigentes no solo por su historia, sino por su capacidad de renovarse sin perder su alma.

Historias como la de Ismael, que toma el relevo familiar con humildad y visión, o como la de Gonzalo, que interpreta el valle con sensibilidad y conocimiento, son testimonio de que el vino chileno no solo compite en calidad, sino que también emociona. Que no solo se bebe, sino que se recuerda.

Por eso, si estás leyendo estas líneas, quiero invitarte personalmente a descubrir más de Viña La Rosa. A probar sus vinos con calma, a dejarte sorprender por su carácter. Puedes seguirlos en redes sociales como @vinalarosa y aprovechar los descuentos especiales que tienen en sus tiendas de San Vicente de Tagua Tagua y en Las Cabras, justo frente a la viña.

Una vez que la descubras, te aseguro que se volverá una parada obligada en tu ruta por el valle del Cachapoal.

Salud por las historias que siguen creciendo. Salud por Viña La Rosa.

— Valeria Gallardo Mendoza

Vino Sin Miedo

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