Bajo la dirección de Diego Soto, quedó retratada la historia de Nieves, una mujer que administra un balneario junto a su hijo. Su cotidianidad se ve interrumpida con la llegada de un motociclista, con el que se manifiesta un naciente romance, intensificado por una cineasta que les pide interpretar para su nueva obra al interés romántico del otro.
La película está ambientada en Doñihue, el valle vitivinícola ubicado a 25 kilómetros de Rancagua que alberga un encanto natural y patrimonial. Las cámaras de Soto se aseguraron de plasmar este atractivo, con un paisaje veraniego y escenas que permitirán al espectador sentirse identificado con escenarios típicos de la región y las áreas rurales.
El público, desde luego, se vio reflejado en lo cotidiano y entrañable del paisaje y los personajes, lo que le valió el Premio del Público y una mención especial del Jurado en la Selección Oficial de Largometraje, correspondientes al 32° Festival Internacional de Cine de Valdivia.
En conversación con El Rancagüino, el director del largometraje, Diego Soto, explicó que La Corazonada surgió desde una inquietud creativa muy concreta, pues “quería contar una historia de amor situada en un lugar que normalmente no vemos en las películas, y con personajes que no son los típicos protagonistas de Hollywood”.
Resulta importantísimo destacar que el escenario elegido fue una casa de Doñihue que se arrienda en verano para eventos, mientras que los protagonistas son personas alejadas de los estereotipos habituales del cine romántico, desde la construcción de los personajes hasta las personas que son ellos fuera de las cámaras, pues la pareja que se lleva el foco son los propietarios de la casa y son una pareja en la vida real.
En ese sentido, se refleja el fuerte componente personal de la película. Soto detalló que los protagonistas “además son mis tíos, y su única experiencia actoral previa es una película que hicimos en un estacionamiento que tienen en Rancagua, hace varios años”.
A partir de ahí, el director buscó experimentar con el género desde una mirada local, manifestando que “para mí era divertido probar poner en escena una comedia romántica en el campo con mis tíos y ver qué cosas de ese género lograban traducirse y cuáles no calzaban con nuestra realidad chilena y con la vida en el campo de la sexta región”.
Respecto al nombre de la película, el director explicó que responde a una lógica más emocional que racional, definiendo que una corazonada “es la intuición de que puede pasar algo, incluso cuando la razón no está tan de acuerdo”. Sin embargo, destacó especialmente el recorrido del personaje principal, asegurando que “sobre todo, es la corazonada de la protagonista, que tiene que aprender a escucharla y atreverse a vivir de manera más aventurera”.
Desde lo narrativo, La Corazonada se construye a partir de la observación y el afecto hacia quienes habitan ese espacio, por lo que para el director “era importante que la película capturara la sensación de estar ahí, en la casa de mis tíos, pasando el verano con ellos”.
Igualmente, Soto consideró que “también fue una oportunidad de poder observarlos, que es algo que el cine nos permite, mirar a la gente de cerca, verlos en detalles, en lo que transmite cada gesto y cada mirada”. Esa cercanía se equilibra con el humor, ya que “la película está hecha con afecto por las personas que aparecen en la imagen, por eso tiene ese lado emotivo, pero también son personas graciosas y tratamos de darles rienda suelta para que se expresaran y mostraran esa gracia”.
Asimismo, aseguró que la construcción de los personajes se dio de manera orgánica durante el rodaje, donde “los personajes son versiones alternativas de ellos mismos”. Explicó que “es como jugar a qué harían ellos si sus vidas fueran diferentes, en este caso, qué harían si se acabaran de conocer y se tuvieran que enamorar”.
Por ende, el proceso fue más intuitivo que estructurado, revelando que “más que un guion, llegábamos con propuestas de escenas que íbamos trabajando y viendo si funcionaban”, lo que permitió que la historia se fuera moldeando en el camino.

En el plano visual, la película “tiene un gran trabajo de luz natural de nuestro director de foto, Manuel Vlastelica, que trabaja con muy poquitos elementos de luz artificial”. Esta elección técnica buscó registrar el entorno de manera fiel, permitiendo “registrar la luz de Doñihue en verano, escoger los momentos en que la luz era más expresiva”. El uso de lentes teleobjetivos también fue clave, pues “eso ayuda a crear una atmósfera en la que los personajes están envueltos por el verde y la luz del campo”.
El rodaje se desarrolló de forma austera y colaborativa, derivando en “un rodaje corto, de ocho jornadas que distribuimos en distintos fines de semana”, recordó el director, detallando que en el equipo “hacíamos de todo. Era la manera de poder sacar adelante el proyecto con los recursos que teníamos y no tener que esperar a ganar fondos de producción”.
Tras el proceso de producción, la recompensa para el director y su equipo ha sido el recibimiento del público, que visualizaron como “muy sorprendente”, acompañado de “muchas risas y con espectadores muy encariñados con los personajes”, pese a ser una propuesta atípica dentro del cine chileno.
Finalmente, Soto subrayó la importancia de exhibir la película en regiones como O’Higgins, ya que “son quienes más van a poder verse reflejados e identificar cosas propias de los sectores alejados de las grandes ciudades”, reafirmando el carácter profundamente local de La Corazonada.
Desde el 15 de enero se podrá disfrutar de esta sutil pero hermosa carta de amor a los paisajes de la región, pues la obra distribuida por el Centro Arte Alameda llegará a Cinemark Rancagua en esa fecha.
