La opinión de Carlos Osses, comentarista deportivo.
No es solo un partido. Es una señal. El duelo de O’Higgins frente a Bahía, por la Fase 2 de la Copa Conmebol Libertadores 2026, marca mucho más que el regreso internacional del conjunto celeste.
Han pasado 12 años desde la última vez que el club disputó esta instancia en Rancagua. Fue en 2014, cuando recibió a Lanús con Eduardo Berizzo en la banca. Aquella noche quedó en la memoria. Esta abre una etapa distinta, con nuevos dueños, nuevas expectativas y una ilusión que vuelve a instalarse con fuerza en Rancagua y la región.
El Estadio El Teniente será una caldera. Los 12 mil espectadores de aforo confirmado anticipan un ambiente intenso, de esos que no se viven todos los años. El hincha jugará su partido desde temprano.
La reciente derrota 2-1 ante Deportes Limache dejó sensaciones mixtas. O’Higgins dosificó. La superficie sintética condicionó decisiones y el cuerpo técnico optó por administrar cargas, rotar nombres y evitar riesgos innecesarios a pocos días del desafío continental. La prioridad fue preservar físicamente a piezas claves. En ese contexto, el resultado se entiende.
Sin embargo, el partido también expuso aspectos que no pueden ignorarse. La falta de finiquito volvió a aparecer. El equipo genera, pero aún no logra traducir esa producción en goles con regularidad. Y sin Miguel Brizuela, la estructura defensiva perdió firmeza, mostrando desajustes que en este nivel pueden costar caro. Su presencia ordena, anticipa y otorga seguridad. Su ausencia se notó.
Desde lo futbolístico, O’Higgins muestra una idea clara, orden y compromiso colectivo. Se percibe un equipo que entiende lo que quiere hacer. Pero el rodaje oficial todavía es breve. Apenas tres partidos disputados y una estructura que sigue buscando consolidarse definitivamente.
Bahía llega con mayor continuidad competitiva. El calendario brasileño otorga ritmo, automatismos y adaptación constante a escenarios exigentes. También existe una diferencia económica evidente entre ambos planteles, una brecha estructural que no se desconoce.
Pero el fútbol no se define por presupuestos. Se define por concentración. Por intensidad sostenida. Por eficacia en las áreas. Y ahí estará el verdadero examen.
La localía puede ser determinante. Cuando El Teniente se enciende, el equipo lo siente y el rival también. La energía colectiva no reemplaza la táctica, pero potencia el carácter.
Este partido es una medición real para el plantel y para el proyecto que comienza. No basta con volver a la Libertadores. Hay que demostrar que el proceso está preparado para competir a esa escala.
La derrota reciente no cambia el desafío, pero sí lo vuelve más consciente. La ilusión sigue intacta, aunque ahora acompañada de responsabilidad inmediata.
Bahía traerá ritmo y experiencia. O’Higgins deberá responder con orden, convicción y contundencia.
La noche del 18 de febrero no será una más. Será el primer examen serio del nuevo O’Higgins. Y los proyectos que quieren consolidarse no eligen el momento perfecto: se prueban cuando el desafío aparece.
