Hay un antes y un después luego de las 3.34 de la madrugada del sábado 27 de febrero de 2010. Bastaron tan solo 2 minutos y 45 segundos para que todo un país cambiara y no olvidara nunca más lo sucedido. Ese día la tierra bajo nuestros pies se movió con una magnitud de 8.8 en la escala de Richter con epicentro en la región de Ñuble, pero con una intensidad máxima de 9 en la escala de Mercalli, en el Bío-Bío, afectando al 80 por ciento de la población nacional, es decir, a 12 regiones, entre Atacama y Los Lagos.
Ese evento se convirtió -hasta hoy- en el segundo terremoto más grande de nuestra historia después de Valdivia en 1960 y el octavo más potente del mundo. Como olvidar también el impacto global del suceso que inclinó el eje de la tierra en 2,7 milisegundos de arco lo cual retrasó el día en 1.26 microsegundos.
A casi una semana de la tragedia, las autoridades declaraban 48 muertos y 130 mil damnificados solo en la región de O’Higgins. A nivel nacional, fueron más de 500 muertos -más de un centenar de ellos producto del tsunami-, 25 desaparecidos y más de 800 mil los damnificados.
Fueron varios días de incertidumbre posterior donde debíamos convivir con importantes réplicas sísmicas que incluso llegaron a producirse el 11 de marzo de ese año cuando sucedía en Valparaíso el cambio de mando presidencial. Ese día se registraron dos grandes movimientos cercanos a los 7 grados en la zona costera de nuestra región.
Estas imágenes nos recuerdan como se vivió el terremoto en nuestra zona.












