Tolima no asusta, desgasta

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La opinión de Carlos Osses, comentarista deportivo.

Eliminar a Bahía fue un golpe de autoridad internacional. Pero ahora, entre el desgaste físico que propone Tolima y la presión del torneo local con la UC en el horizonte, O’Higgins enfrenta su desafío más complejo: administrar energía sin perder ambición.

La noche ante Bahía no fue una más. No fue simplemente una clasificación. Fue carácter, fue orden, fue convicción en territorio exigente. Fue una señal de crecimiento para O’Higgins y una inyección de confianza para un plantel que necesitaba una confirmación internacional. Pero la Copa Libertadores no se juega con memoria. Se juega con presente. Y el presente ahora se llama Deportes Tolima.

EL cuadro colombiano no llega con el cartel ruidoso de un brasileño. No tiene el peso mediático de Bahía. Pero tiene algo igual de desafiante: estructura física, disciplina táctica y buen trato de balón. Es un equipo que no necesita deslumbrar para imponerse. Te lleva al roce, te obliga al duelo constante, te empuja a disputar cada segunda pelota como si fuera decisiva.

En el mediocampo, Brayan Rovira impone equilibrio y fricción permanente. No se desordena, no concede espacios y obliga a jugar incómodo; Juan Pablo “Tatay” Torres, ordena y le da pausa al juego; desde el arco, Neto Volpi transmite seguridad y liderazgo en momentos de presión, y; en ataque, Luis Sandoval representa potencia física y lucha constante, un delantero que no da una pelota por perdida.

No es un equipo de luces, es un equipo de desgaste. Y ahí está el riesgo. El Tolima viene de ganar en casa al Atlético Nacional el pasado domingo.

Después de un pico emocional alto como el que significó eliminar a Bahía, el cuerpo libera tensión, la mente respira, aparece el alivio. No es relajación consciente; es naturaleza competitiva. Pero ese pequeño descenso en la alerta puede ser determinante ante un rival que vive del desgaste. O’Higgins no puede entrar en ese terreno sin cálculo.

Porque además del desafío internacional, el calendario local no espera. En el horizonte aparece la Universidad Católica. Y el campeonato no encuentra a O’Higgins cómodo en la tabla, pues ha perdido terreno y necesita puntos: necesita regularidad.

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En Libertadores, Arnaldo Castillo ha sido energía pura. Presiona, corre, ataca espacios y está marcando goles. En la construcción, Martín Sarrafiore es pausa y claridad, el jugador que ordena cuando el partido amenaza con desbordarse, Miguel Brizuela se impone y es fuerte en defensa. Pero ningún equipo puede vivir permanentemente en máxima revolución. Administrar energía no es enfriarse, es elegir momentos, es entender que una llave se juega en 180 minutos y que un semestre no se sostiene sólo con impulsos.

Tolima propondrá fricción. Intentará llevar el partido al terreno físico. Si O’Higgins acepta todos los duelos sin pausa, el desgaste puede aparecer antes de lo previsto. Si elige mejor los momentos, si controla ritmos cuando el rival quiere vértigo, puede imponer inteligencia sobre fuerza.

Eliminar a Bahía fue una demostración de carácter. Superar a Tolima exigirá equilibrio. Sostener el torneo local frente a la UC demandará gestión. La épica enciende. La administración consolida.

En Copa no se gana corriendo más, se gana corriendo mejor. Porque en el alto rendimiento, lo verdaderamente complejo no es alcanzar el momento brillante. Es administrarlo y O’Higgins ya demostró que puede competir. Ahora debe demostrar que puede gestionar.

La historia se escribe con noches épicas. Pero los procesos se construyen con equilibrio.

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