En el corazón de la región de O’Higgins, frente a la plaza principal del poblado, se alza una estructura que es mucho más que madera y adobe, más bien convertida en la identidad de un pueblo, es sin duda, la Iglesia de San Nicodemo de Coinco, construida en 1871, y que hoy se mantiene en pie, más por la fe de sus vecinos, que por el respaldo del Estado chileno.
El deterioro de este conjunto arquitectónico, reconocido por su fachada continua y sus corredores tradicionales, no es nuevo, ya que los registros de su declive estructural se dividen en dos hitos críticos.
El terremoto de 1985 dejó como cicatriz una leve, pero preocupante inclinación en su icónica torre campanario de madera, pero 25 años después, el terremoto de 2010, los daños pasaron de ser estéticos a considerables, comprometiendo la integridad de la nave central y dejando al templo en una situación de vulnerabilidad extrema.
PROMESAS DE PAPEL
Aunque el 27 de enero de 2009 el templo fue declarado Monumento Nacional, este título parece haber servido de poco para su protección efectiva. En 2019, tras 10 años de gestiones, se anunció con esperanza la aprobación del presupuesto para su reconstrucción. No obstante, al día de hoy, las soluciones definitivas no llegan y la estructura sigue expuesta al paso del tiempo y las inclemencias del clima.
La falta de acción de las autoridades de gobierno ha trasladado la carga de la conservación a la comunidad. En las próximas líneas, recogeremos el testimonio directo de quienes viven esta realidad día a día.
El párroco de San Nicodemo, Ernesto Castro, quien ha lidiado con la burocracia estatal, y los feligreses, que ven cómo el lugar donde celebraron bautizos y despedidas se desmorona lentamente.

PREOCUPACIÓN EN COINCO
El padre Castro, expresó su preocupación por el prolongado retraso en la restauración del templo, cerrado desde el terremoto de 2010.
“Lo que hemos vivido ha sido muy doloroso para todos los cristianos, los católicos y para todos los habitantes de Coinco. Lo más simbólico que tiene nuestra comuna no ha sido atendido como siempre hubiésemos deseado”, señaló.
El sacerdote indicó que, durante más de una década, la comunidad ha debido celebrar sus actividades religiosas en espacios provisorios.
“Desde el 2010 estamos sin templo. Hemos celebrado misa en la plaza de Coinco, en los jardines de la parroquia, en una carpa y ahora en salas que hemos acondicionado como capillas de emergencia”, explicó.
Asimismo, manifestó su preocupación por los adultos mayores que participan regularmente en las celebraciones religiosas.
“Mi gran preocupación ha sido ver a este pueblo fiel, en su mayoría adultos mayores, que vienen sábado tras sábado y domingo tras domingo a participar en la misa”, agregó.
El sacerdote hizo un llamado respetuoso a las autoridades para avanzar en la restauración del templo, declarado Monumento Nacional en 2009.
“Con todo respeto, quisiera insistir a las autoridades y a todos quienes tengan acceso a esta información que nos ayuden. Queremos ver nuestro templo en su esplendor, porque es patrimonio de todos”, afirmó.
Al destacar el valor histórico y social del antiquísimo templo, el padre Ernesto afirmó que “este templo comenzó a construirse en 1840 y se terminó en 1860. Es la casa común de la comunidad, el lugar donde las familias celebraron su vida, sus amores, el nacimiento de sus hijos y también la despedida de sus seres queridos”, recordó.
Finalmente, reiteró el llamado a concretar su recuperación, porque “si hemos esperado tantos años, solo pedimos que nos miren y nos ayuden”, concluyó.

Nora Pérez, feligresa de Coinco
“Estamos decepcionados, porque la mayoría somos adultos mayores y ya llevamos 15 años esperando. Hubo momentos en que el proyecto estaba aprobado, pero primero vino la pandemia y después nuevamente faltaron los recursos”, afirmó Nora Pérez, vecina de Coinco a su salida de la eucaristía dominical, quien aclaró que actualmente las misas se realizan en una capilla habilitada por la comunidad.
“Tenemos una capilla cómoda que se logró gracias al esfuerzo del padre y de la comunidad, pero necesitamos que se restaure nuestra iglesia”, dijo al señalar que, el deterioro del templo impide utilizarlo.
“Da pena recibir visitas y no poder entrar al templo. No podemos ni siquiera mover las bancas para comodidad de los adultos mayores, por miedo a que se caiga algo”, expresó en tono nostálgico Doña Nora Pérez.
Por último, subrayó, que sólo esperan que se logre luego para por lo menos decir: “gracias Señor, ya tenemos nuestro templo para venir a darte las gracias por todo lo que nos regalas”.

Cristobalina Garay Díaz, vecina de Coinco
“Siento mucha pena”, fue lo primero que expresó Cristobalina Garay Díaz, cuando se le consultó sobre las condiciones del mayor templo del pueblo de Coinco, donde además afirmó que, “en todas partes las iglesias ya están restauradas y la nuestra no. Era algo muy propio de Coinco, de nuestros abuelos y de nuestros padres”.
La vecina también pidió que las autoridades prioricen la restauración, porque “esperamos que algún día como coincanos podamos ver el templo culminado”.
Dijo Doña Cristobalina Garay, que tiene muy bonitos recuerdos de los bautizos, bodas y otras actividades que se realizaban en la iglesia de San Nicodemo, pero igual añora el nuevo templo reparado completamente
“Ojalá algún día se acuerden de dejar los presupuestos para la iglesia y de verdad nos ayuden”, dijo de manera insistente la feligresa coincana.
El templo de San Nicodemo forma parte de un conjunto arquitectónico único, pero su estado actual, representa un riesgo constante y una herida abierta en el patrimonio, no solo de la comuna de Coinco, sino de toda la región de O´Higgins.

