Cuando el plantel corto se empieza a notar

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La opinión de Carlos Osses, comentarista deportivo.

Hay eliminaciones que duelen y otras que dejan una sensación extraña. La serie que O’Higgins acaba de disputar en Copa Libertadores deja justamente eso: una mezcla de orgullo por lo que se compitió y, al mismo tiempo, la inevitable sensación de que se pudo haber llegado un poco más lejos.

El 2-0 sufrido ante Deportes Tolima en Ibagué terminó cerrando la llave. Pero si uno mira con calma lo ocurrido a lo largo de los 180 minutos, lo cierto es que fue una serie mucho más equilibrada de lo que puede reflejar el resultado final.

No hubo grandes diferencias futbolísticas. Hubo momentos para ambos equipos, pasajes de dominio repartidos y una intensidad propia de las noches de competencia internacional.

Y en ese escenario, O’Higgins volvió a mostrar algo que este plantel ha transmitido durante toda esta campaña: una enorme capacidad para competir.

Porque no es menor lo que ha debido enfrentar este equipo en las últimas semanas.

Un calendario exigente, partidos cada pocos días, viajes largos y prácticamente sin tiempo de recuperación. El ritmo del fútbol actual no da tregua: domingo y miércoles, una y otra vez. Aun así, el equipo volvió a dejar rendimientos que merecen reconocimiento.

El arquero Carabalí volvió a responder cuando el equipo lo necesitó. Miguel Brizuela sostuvo con firmeza el fondo celeste. En el mediocampo, Martín Sarrafiore y Juan Leiva fueron nuevamente motores de juego y carácter. Y Arnaldo Castillo, incansable en el esfuerzo, estuvo muy cerca de convertir un gol que pudo haber cambiado el destino del partido. Pero el fútbol también obliga a mirar la otra cara.

El caso de Brian Rabello fue uno de los que más llamó la atención. El volante, llamado a ser el socio natural de Sarrafiore en la creación, no logró gravitar como en otros partidos y terminó saliendo en el segundo tiempo, evidenciando que no está en plenitud física.

Y ahí aparece una de las conclusiones que deja esta serie. Cuando el plantel corto se empieza a notar.

O’Higgins tiene hoy 12 o 13 jugadores de muy buen nivel, futbolistas que han sostenido esta campaña, que han empujado al equipo en el torneo local y que lo llevaron a competir con dignidad en la Copa Libertadores.

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Pero cuando alguno de ellos no está, cuando el desgaste físico comienza a aparecer o cuando el calendario obliga a sostener el esfuerzo durante semanas, la diferencia se empieza a sentir. Y no es una crítica al plantel. Es simplemente la realidad de competir en el fútbol sudamericano actual.

Porque aun con esas limitaciones, este equipo ha sido capaz de mirar de frente a sus rivales, de competir en escenarios difíciles y de representar con orgullo a su ciudad y a toda una región. Eso también es parte del fútbol.

Ahora el camino internacional continúa en la Copa Conmebol Sudamericana, un torneo que este año presenta clubes muy competitivos y protagonistas en todo el continente. Habrá que esperar el sorteo para conocer el próximo desafío. Por ahora queda una sensación que seguramente comparten muchos hinchas.

Por un lado, el orgullo de ver a su equipo competir con entrega total. Pero por otro, ese pequeño vacío que dejan las oportunidades que estuvieron cerca.

Porque después de una llave tan pareja, uno no puede evitar pensar que la historia pudo haber sido distinta.

Lo que sí queda claro es algo que este plantel ha demostrado durante toda esta campaña: incluso en medio del cansancio, de los viajes y de las exigencias de dos torneos, O’Higgins nunca dejó de competir.

Y en el fútbol, a veces, esa dignidad también termina construyendo historia.

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