El desafío invisible de O’Higgins 2026

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Por: Carlos Osses, comentarista deportivo.

La diferencia entre titulares y banca no es solo futbolística: es confianza, contexto y gestión de plantel. En O’Higgins el problema no es quién entra. El problema es lo que pasa cuando entran.

Porque mientras el equipo titular está en cancha, O’Higgins compite, se ve sólido, incluso superior por momentos. Pero cuando el equipo se mueve, cuando aparecen las alternativas, el rendimiento baja. Y baja mucho. Y eso ya no es una percepción. Es una constante.

Hoy el cuadro celeste tiene un buen equipo, pero no tiene un plantel competitivo. Y esa es una diferencia que en el fútbol se paga. Pero cuidado con el diagnóstico fácil: aquí no estamos hablando de malos jugadores.

Ni Yáñez, ni Godoy, ni Pinto, ni los que esperan su oportunidad en la banca son futbolistas sin condiciones. El problema es otro. El problema es que hoy no están logrando sostener el nivel que el primer equipo exige. Y eso no es solo fútbol. Es cabeza.

Porque el jugador que entra con dudas, juega distinto. El que entra a no equivocarse, se equivoca más. El que siente que está siendo evaluado en cada pelota, pierde naturalidad. Y ahí empieza a abrirse una brecha que no es solo futbolística, es mental.

El caso de Rodrigo Godoy es el más claro. No estamos hablando de una promesa. Estamos hablando de un jugador que en 2025 fue la gran revelación del fútbol chileno, el mejor canterano en el fútbol profesional, que llegó a la selección chilena para jugar el Mundial Sub20.

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Lo más preocupante no es que hoy no esté rindiendo. Lo más preocupante es que ya vimos su mejor versión… y hoy está lejos de ella. Entonces la pregunta no es si puede. La pregunta es: ¿cómo vuelve a ser ese jugador? Porque cuando un futbolista que ya rindió deja de hacerlo, el problema no es el talento. Es la confianza, el foco, el contexto.

Y ahí aparece otro caso que refuerza todo esto: Gabriel Pinto. Un jugador que fuera de O’Higgins, en Limache, logró rendir y mostrar su nivel. Y eso deja una señal clara: cuando un jugador rinde fuera y no dentro, el problema deja de ser individual y pasa a ser estructural. Por eso, reducir todo a cambios o minutos es quedarse corto.

Aquí la pregunta de fondo es otra. Mucho más incómoda, pero mucho más necesaria: ¿cómo se recupera un plantel? Porque ese es el verdadero desafío de O’Higgins 2026. Y no tiene una sola respuesta, pero sí caminos claros, como reconstruir la confianza. El jugador tiene que volver a sentirse capaz, y eso no se logra solo con discurso, se logra con respaldo real y con un entorno que no castigue cada error.

Generar contextos favorables. No todos los minutos son iguales. Hay momentos que ayudan a crecer y otros que terminan por hundir.

Claridad en los roles. El que entra tiene que saber exactamente qué tiene que hacer. Cuando entra a “ver qué pasa”, está perdido.

Trabajo mental. Hoy es imprescindible. Manejo de presión, redes sociales, foco competitivo. Si eso no se entrena, el talento no alcanza.
Competencia interna real. El titular tiene que sentir presión, y el suplente tiene que sentir que puede competir. Si no, el plantel se quiebra. Porque los equipos no se sostienen solo con titulares. Se sostienen con planteles.
Y hoy O’Higgins tiene jugadores que ya demostraron que pueden rendir en el fútbol profesional. El caso de Godoy lo confirma. El de Pinto lo refuerza. No es un problema de capacidad. Es un problema de confianza, de contexto y de gestión. Porque aquí no solo se forman jugadores. También se les fortalece —o se les debilita— la cabeza.
Y mientras esa brecha no se acorte, O’Higgins va a seguir siendo un equipo que compite… hasta que deja de hacerlo. Pero si logra resolverlo, si logra recuperar a esos jugadores que hoy dudan pero que ya demostraron que pueden, este equipo cambia. Porque tiene una base, tiene nombres y tiene nivel. Y si logra recuperar su plantel, O’Higgins no solo va a competir, será un serio animador del torneo.

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