En comunas rurales como La Estrella, hablar de agua no es solo hablar de escasez. También es hablar de calidad, saneamiento, infraestructura y gestión. Bajo esa mirada se desarrolla el proyecto FIC “Modelo de gestión para sistemas sanitarios rurales”, ejecutado por la Universidad de O’Higgins y financiado por el Gobierno Regional a través del Fondo de Innovación para la Competitividad, con el objetivo de abordar de manera integral los desafíos que enfrenta la comuna en torno al recurso hídrico.
La iniciativa nació a partir de un diagnóstico territorial que evidenció problemas en la calidad del agua potable, tratamiento de aguas servidas, infraestructura y necesidades de capacitación para los operadores del servicio sanitario rural. “Los problemas asociados a recursos hídricos se repiten en otras comunas de la región”, advierte Carolina Reyes, académica de la UOH y coordinadora del proyecto, quien además sostiene que, pese al compromiso de las cooperativas de Agua Potable Rural (APR) o de los Servicios Sanitarios Rurales (SSR)”, muchas veces estas dificultades no son fáciles de resolver por factores técnicos, económicos y estructurales.
A juicio de la investigadora, una de las principales lecciones que deja la experiencia de La Estrella es que el mundo rural necesita una mirada más amplia sobre el agua. No basta con asegurar disponibilidad: también se requiere mejorar la calidad del suministro, fortalecer el saneamiento y modernizar redes e infraestructura. En ese contexto, Reyes plantea que “es necesario un acompañamiento efectivo, de carácter multisectorial”, donde participen instituciones públicas, salud, medio ambiente, economía y la academia, para mejorar la gestión de los recursos hídricos en los territorios rurales.
Lo que distingue a este proyecto es precisamente su carácter integral. Según explica Carolina Reyes, “formulamos un proyecto que involucrara las diferentes etapas del ciclo del agua urbano-rural”, incorporando calidad de agua potable, identificación de puntos críticos, planes de mejora operacionales, gestión de aguas servidas, manejo de lodos, evaluación del potencial reúso en agricultura y capacitación a operarios y comunidad. A ello se suma el trabajo para apoyar la implementación de la Ley 20.998, que regula los Servicios Sanitarios Rurales, y que hoy exige nuevas capacidades de gestión a los sistemas locales.
En la vida cotidiana, los impactos de avanzar en esta línea pueden ser significativos. La investigadora sostiene que mejorar el acceso a agua potable de calidad y al saneamiento puede reducir enfermedades, favorecer condiciones más equitativas, disminuir pobreza y proteger ecosistemas acuáticos. En paralelo, el proyecto ya ha avanzado en monitoreo constante de la calidad del agua y en la instalación de sistemas de filtrado en espacios sensibles de la comuna, como establecimientos educacionales y el centro de salud, con la meta de construir una solución sistémica para el territorio.
Si el piloto muestra buenos resultados, varias de sus acciones podrían replicarse en otras comunas de O’Higgins y del país. Entre ellas, la elaboración de líneas base de calidad de agua que permitan generar planes de mejora para APR o SSR, los programas de capacitación y los estudios de factibilidad para reutilizar agua servida tratada en agricultura y valorizar lodos como biofertilizante. En un escenario marcado por la crisis climática y la presión sobre el recurso, La Estrella podría transformarse en una experiencia piloto para pensar una gestión del agua más moderna, sostenible y conectada con la realidad rural.

