En un escenario económico, donde llenar el estanque se ha vuelto un lujo para muchos, los pasillos del Terminal de Pasajeros O’Higgins lucen más concurridos que de costumbre y este fenómeno no es casualidad, ya que el sostenido incremento en el precio de los combustibles está obligando a los habitantes de Rancagua y comunas aledañas a replantearse sus traslados, especialmente aquellos que deben viajar diariamente hacia Santiago o el sur de la región.
Históricamente, el viaje en auto particular ofrecía una comodidad difícil de transar. Sin embargo, con la bencina rozando máximos históricos, la balanza se ha inclinado hacia el transporte público interurbano.
Según usuarios frecuentes, el gasto mensual en combustible, peajes y mantenimiento de un vehículo hoy triplica el costo de un abono o pasajes diarios de bus.
Gonzalo Münzenmayer, gerente general del Terminal O’Higgins, ha observado de cerca esta transición, y de acuerdo con el ejecutivo, la infraestructura del terminal ha tenido que adaptarse a una demanda que no solo crece en volumen, sino en exigencia de frecuencia.
«Hemos notado un incremento consistente en el flujo de pasajeros que antes optaban por el vehículo particular. Hoy, el Terminal O’Higgins no es solo un punto de paso, sino el eje estratégico para miles de trabajadores y estudiantes que buscan eficiencia frente al alto costo de la vida», comenta Münzenmayer.
El ejecutivo destaca que, ante este escenario, la coordinación con las empresas de transporte ha sido clave para evitar colapsos, especialmente en las horas de mayor tráfico hacia la zona Metropolitana.
El directivo del terminal menciona que entre los puntos clave del impacto del ahorro significativo de los pasajeros, es que un viaje ida y vuelta a Santiago en bus puede costar hasta un 60% menos que en auto particular (considerando combustible y peajes).
De acuerdo a la frecuencia reforzada, las líneas interurbanas han tenido que optimizar sus salidas para absorber el nuevo flujo de «pasajeros por necesidad».
Con respecto al perfil del viajero, Münzenmayer agregó que se observa un aumento en profesionales jóvenes que prefieren aprovechar el tiempo de viaje para trabajar o descansar, evitando el estrés de la conducción y el costo del estacionamiento.
Para la administración del terminal, el desafío no termina con el alza de los precios. La apuesta es que este «pasajero nuevo», que llegó por obligación económica, se quede por la calidad del servicio.
«Nuestro foco está en que el usuario encuentre un espacio seguro y expedito. Entendemos que el combustible es un factor determinante, pero nuestra meta es que elijan el Terminal O’Higgins por su conectividad y servicio», concluye el gerente general.
Mientras el precio del petróleo siga siendo una incertidumbre en los mercados internacionales, el Terminal O’Higgins seguirá siendo el termómetro real de cómo se mueven los rancagüinos, cada vez más en comunidad y con el ojo puesto en el presupuesto familiar.

Martina Núñez (Estudiante): «El gasto le toca a la familia»
Para los estudiantes, el impacto es crítico. Martina Núñez, estudiante de Ingeniería Comercial en la Universidad de O’Higgins (UOH), relata cómo su trayecto diario desde las provincias del sur se ha encarecido drásticamente.
«Yo viajo de San Fernando a Rancagua todos los días y normalmente me salía dos mil pesos; ahora aumentó a tres mil», explica Martina.
«Yo vivo en Chimbarongo, y el trayecto de Chimbarongo a San Fernando aumentó a setecientos pesos escolar. Al final, no contamos con un ingreso mensual como los trabajadores y el gasto le toca a la familia. Soy hija de madre soltera y nos toca más fuerte», comentó antes de abordar la locomoción.

Miguel Vásquez: El temor a la inflación
El fenómeno no solo afecta a los trayectos cortos. Miguel Vásquez, quien trabaja en Rancagua porque en su natal Concepción «el trabajo escasea», viaja ocho veces al mes y ha visto cómo sus pasajes subieron de un rango de $15,000 – $18,000 a $23,000.
«Es un aumento de un 20% proporcional. El sueldo no ha subido, seguimos ganando lo mismo», lamenta Miguel, ya que su preocupación va más allá del terminal.
«Todo sube en base al combustible. Yo creo que pronto esto se verá incrementado también en la canasta básica», expresó el confiado pasajero.

Alejandra Valencia: $1.000 aumentó a Santiago
La ruta hacia la capital, una de las más demandadas, también muestra cifras preocupantes. Alejandra Valencia, pasajera con destino a Santiago, estima el alza en cerca de mil pesos por pasaje, lo que representa aproximadamente un 30% de incremento.
«Si el aumento va asociado a una mejor calidad y seguridad, debe corresponder, pero con la situación económica del país, creo que no todos tienen el acceso. Hay mucha gente que viaja de Rancagua a Santiago y eso es preocupante», comenta Alejandra antes de abordar.
El Terminal O’Higgins hoy refleja una paradoja, ya que mientras recibe a más usuarios que buscan refugio frente al costo de la bencina, debe gestionar la frustración de quienes ven cómo el transporte público también se vuelve un servicio difícil de costear.
Como bien resume Martina Núñez, para muchos ya no se trata solo de «subirse al bus», sino de decidir qué otros gastos recortar para poder llegar a estudiar o trabajar.

