EDITORIAL: Entre la desinformación y la confianza: el rol del periodismo hoy

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El pasado 3 de mayo se celebró el día mundial de la libertad de prensa.

“No estoy en absoluto de acuerdo con lo que dices, pero daría todo para que puedas expresarlo.”

La frase, atribuida a Voltaire, sintetiza con fuerza la esencia de este derecho. No se trata solo de que cada persona pueda hablar, escribir o comunicar lo que piensa. Se trata, también, de que como sociedad seamos capaces de garantizar ese espacio incluso —y especialmente— cuando lo expresado no coincide con nuestras propias creencias.

Una prensa libre no es un lujo ni un favor que otorgan los poderosos. Es una necesidad pública, una condición indispensable para que quienes detentan cargos políticos, sociales o económicos rindan cuentas ante la ciudadanía. Sin una prensa independiente, capaz de fiscalizar, denunciar y representar la diversidad de voces, la democracia queda coja y los abusos florecen en la oscuridad.

Hoy, el rol del periodismo enfrenta desafíos complejos. Por un lado, vivimos en una era de abundancia informativa: nunca antes había sido tan fácil difundir contenidos, y nunca antes el volumen de desinformación había sido tan alto. Las redes sociales permiten conectar a millones de personas, pero también se han convertido en vehículos para la mentira, la manipulación y el miedo. Frente a esta realidad, donde muchas veces la opinión se confunde con la información, el periodismo profesional —riguroso, verificable, responsable— vuelve a ser un faro. No porque sea infalible, sino porque trabaja bajo principios que se pueden cuestionar, corregir y mejorar. Esa es la diferencia.

En Chile, los medios de comunicación hemos atravesado años difíciles. La pandemia, la crisis social, la incertidumbre política y económica han tensionado el ecosistema informativo. Pero también han mostrado la fuerza de los medios con historia, con rostro local, con vocación pública. El regreso de lectores y audiencias que buscan información confiable es, quizás, la mejor muestra de que la libertad de prensa no solo se defiende con declaraciones: se defiende con el ejercicio cotidiano del periodismo, con la preferencia consciente de quienes lo consumen, y con la voluntad colectiva de mantener abiertas las ventanas de la verdad.

Hoy más que nunca, vale la pena recordarlo: sin libertad de prensa, no hay democracia posible. Y esa libertad es tarea de todos.

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