O’Higgins y una verdad incómoda: en Copa, perdonar se paga caro

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Por: Carlos Osses, comentarista deportivo.

Hay derrotas y empates que dejan sensaciones distintas. Y lo que está viviendo hoy O’Higgins en la Copa CONMEBOL Sudamericana va justamente por ahí. Porque más allá de los resultados, este equipo compite, propone, genera fútbol y por largos pasajes incluso supera a rivales de jerarquía internacional. El problema es que no concreta. Y en torneos de este nivel, perdonar tanto termina costando carísimo.

Lo de O’Higgins no es casualidad ni suerte. Hay un equipo trabajado, con una idea clara y con rendimientos individuales muy altos. Omar Carabalí atraviesa probablemente uno de sus mejores momentos, sosteniendo al equipo en situaciones complejas y entregando seguridad permanente. La línea defensiva se ve mucho más firme y ordenada que hace algunos meses. En el mediocampo hay dinámica, circulación y capacidad para generar ocasiones. El equipo llega, se instala en campo rival y logra competir de igual a igual incluso ante equipos con mucho más presupuesto e historia internacional.

Pero el gran problema aparece donde se definen los partidos: el área rival.

Y ya no es algo aislado. Se ha repetido de manera demasiado notoria en esta Copa Sudamericana. Pasó frente a São Paulo en Brasil, donde O’Higgins generó ocasiones suficientes para incluso traerse algo más que una derrota ajustada. Volvió a pasar frente a Boston River en Rancagua, en un partido donde el equipo debió haber goleado. Y nuevamente ocurrió ante São Paulo en El Teniente, en una noche donde O’Higgins fue superior en varios pasajes, creó las ocasiones más claras y terminó lamentando otro resultado corto para lo que mostró en cancha.

De esos tres partidos, perfectamente O’Higgins pudo haber sumado al menos siete puntos. Sin embargo, terminó consiguiendo solo cuatro. Y esa diferencia, en un torneo internacional corto y competitivo, termina siendo enorme.

Porque en Copa no basta con jugar bien. Hay que golpear cuando el rival lo permite. Y hoy O’Higgins está dejando escapar partidos que podrían haber cambiado completamente su panorama en el grupo.

La tabla hoy muestra a O’Higgins peleando el segundo lugar junto a Millonarios, un equipo colombiano que futbolísticamente no atraviesa su mejor momento, pero que igualmente tiene algo que los equipos grandes suelen conservar: capacidad de reacción y jerarquía para resolver momentos límite. En Uruguay parecía perder un partido clave frente a Boston River, caía 2-1 y en los últimos minutos terminó ganándolo 4-2. Ahí también se ven las diferencias que muchas veces marcan las campañas internacionales.

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Ahora el escenario empieza a estrecharse. O’Higgins deberá visitar a Boston River en Uruguay, un partido donde seguramente volverá a generar oportunidades y donde ya no puede permitirse seguir perdonando. Y luego tendrá que cerrar en Bogotá frente a Millonarios, probablemente el desafío más complejo del grupo por contexto, presión, altura y necesidad del rival.

Ese partido, muy posiblemente, terminará definiendo quién acompaña a São Paulo a la siguiente fase.

Por eso la sensación que deja este O’Higgins es extraña. Porque ilusiona desde el juego, porque transmite competitividad y porque da la impresión de estar muy cerca de dar un golpe internacional importante. Pero al mismo tiempo preocupa esa falta de contundencia que puede transformar buenas actuaciones en una eliminación prematura.
El fútbol internacional suele ser cruel con los equipos que perdonan demasiado. Y O’Higgins ya empezó a comprobarlo.

O’Higgins enfrentó al cuadro brasileño en el estadio Codelco El Teniente de Rancagua. Foto: Ricardo Obando/El Rancagüino.

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