Tras la amarga derrota por 3-2 ante Boston River en Montevideo, el panorama para O’Higgins de Rancagua en la Copa Sudamericana se ha vuelto definitivo: el equipo está obligado a conseguir un triunfo como visitante en Colombia para mantener sus esperanzas de clasificación.
Actualmente, el cuadro celeste se ubica en el tercer lugar del Grupo C con 7 puntos y aún no ha logrado sumar unidades fuera de casa en este torneo.
La convicción de Lucas Bovaglio
A pesar del golpe recibido en el Estadio Centenario, el director técnico Lucas Bovaglio mantiene la fe intacta en sus dirigidos. «Nos queda una vida, vamos a ir a Bogotá con la convicción y el deseo de salir a ganar, como lo hemos hecho acá y en cada escenario», declaró el estratega tras el encuentro en Uruguay, comentó en la previa del viaje que este lunes trasladó a la escuadra hasta tierras colombianas.
Bovaglio es consciente de las dificultades geográficas y ambientales que implica jugar en la capital colombiana, pero descarta que el equipo llegue mermado. «Vamos a jugar con 2.800 m de altura… con un estadio colmado en contra, pero este equipo, a mí me encanta cómo sale a jugar los partidos en Rancagua y fuera de Rancagua», añadió, enfatizando que no siente que el plantel presente un desgaste físico importante.

Un vestuario que respira aire de «final»
Dentro del camarín, el mensaje es de unidad y resiliencia. Los jugadores han calificado el duelo de este martes como el partido más importante de la temporada internacional. Francisco González fue enfático al señalar que «tenemos una final ahora en Colombia y vamos a ir a pelear por eso», agregando que el grupo está comprometido en «traer los tres puntos para lograr la clasificación».
Por su parte, el volante Felipe Ogaz manifestó afrontarán el juego «con toda la expectativa de ganar», mientras que Martin Sarrafiore envió un mensaje directo a la hinchada: «vamos a ir a dar la vida allá a Colombia y a conseguir la clasificación que tanto queremos».
En tanto, el delantero Thiago Vecino también se sumó a este sentimiento, indicando que deben «laburar para en Bogotá conseguir el resultado que queremos y seguir soñando juntos».
O’Higgins sabe que, en Colombia, el margen de error es inexistente; la misión es clara: ganar o despedirse del sueño continental.
