
Médica especialista en Medicina Familiar
Con cada anuncio de lluvia solemos preocuparnos por lo mismo: que no se corte la luz, que el techo no tenga filtraciones o tener suficientes provisiones.
Como médica de familia, creo que hay otra preparación igual de importante: cuidar nuestra salud antes de que aparezcan los problemas.
No existe una receta mágica, pero sí un conjunto de medidas simples que, si las mantenemos durante todo el invierno, pueden marcar una gran diferencia.
Ventile su casa. Aunque haga frío, abrir las ventanas entre 10 y 15 minutos cada día permite renovar el aire y disminuir la circulación de virus dentro del hogar. Puede hacerlo habitación por habitación; el efecto es el mismo y se pierde mucho menos calor.
Abríguese por capas. Varias prendas delgadas protegen mejor que una sola muy gruesa y le permiten adaptarse a los cambios de temperatura al entrar o salir de lugares calefaccionados.
Siga moviéndose. Cuando llueve es fácil pasar gran parte del día sentado, pero nuestro cuerpo necesita actividad. Caminar dentro de la casa, subir escaleras o realizar ejercicios suaves ayuda a mantener la fuerza muscular, protege el corazón y mejora el ánimo.
Tome agua. En invierno sentimos menos sed, pero seguimos necesitando hidratarnos. El agua siempre será la mejor alternativa, pero una agüita de hierbas o una infusión sin exceso de azúcar también contribuyen a mantener una buena hidratación.
Coma sano. El invierno invita a preparar comidas caseras. Las legumbres son una excelente alternativa: aportan fibra, proteínas y generan mayor sensación de saciedad. Si le producen hinchazón, puede remojarlas durante 24 horas y cocinarlas con hojas de laurel, para mejorar su tolerancia.
Cuide sus enfermedades. Si vive con hipertensión, diabetes, asma, EPOC o alguna enfermedad crónica, no suspenda sus medicamentos. Es precisamente durante el invierno cuando mantener su tratamiento puede prevenir una descompensación.
Use calefacción de manera segura. Evite los braseros y procure mantener una adecuada ventilación si utiliza estufas a gas o parafina, disminuyendo así el riesgo de intoxicación por monóxido de carbono.
Cuidado con las caídas. La lluvia vuelve resbaladizas las veredas, los accesos a las casas y las escaleras. Si tiene movilidad reducida, utilice los pasamanos disponibles y, si corresponde, su bastón o ayuda técnica.
Si conduce, disminuya la velocidad. Mantenga una mayor distancia con el vehículo de adelante y planifique sus desplazamientos con tiempo. Muchos accidentes son evitables.
Y una última recomendación: no enfrente este invierno solo. Si vive solo, avise a un vecino o a un familiar que pueda estar pendiente de usted, especialmente durante los días de lluvia intensa. Si necesita ayuda pídala oportunamente. Y no dude en contactar a los servicios de emergencias en caso necesario.
La mejor protección frente a un invierno difícil está en cuidarnos a nosotros, prevenir accidentes, pedir ayuda cuando la necesitemos y cuidar a quienes no lo puedan hacer por si mismos.
