La hepatitis B puede permanecer durante años sin provocar síntomas evidentes, mientras el virus continúa dañando el hígado. En algunos pacientes, la infección crónica puede terminar provocando cirrosis o cáncer hepático. Ahora, un nuevo tratamiento experimental ha conseguido resultados que abren una posibilidad que hasta hace poco era muy difícil de alcanzar: lograr una cura funcional de la enfermedad.
El medicamento se llama bepirovirsen y está siendo desarrollado por la compañía farmacéutica GSK. A diferencia de los tratamientos actuales, que buscan principalmente mantener el virus bajo control y reducir el daño hepático, este fármaco pretende conseguir que el propio sistema inmunitario pueda controlar la infección después de suspender la medicación.
Los resultados más recientes corresponden a los ensayos clínicos B-Well 1 y B-Well 2, ambos de fase III. En mayo de 2026, GSK informó que los estudios habían mostrado tasas de cura funcional significativamente superiores a las obtenidas con el tratamiento estándar. Los resultados fueron publicados en el New England Journal of Medicine.
¿Qué significa «cura funcional»?
La expresión es importante porque no significa que el virus haya desaparecido por completo del organismo.
En los ensayos clínicos, se considera que existe una cura funcional cuando, después de terminar un tratamiento de duración determinada, el paciente mantiene durante al menos 24 semanas niveles de ADN del virus de la hepatitis B por debajo del límite de cuantificación y pierde el antígeno de superficie del virus, conocido como HBsAg.
En términos sencillos, significa que el organismo consigue mantener la infección bajo control sin necesidad de continuar tomando el medicamento.
Esta diferencia es fundamental: el bepirovirsen todavía no puede ser presentado como una cura definitiva de la hepatitis B ni como un tratamiento disponible para los pacientes.
Resultados que marcan un cambio
Los ensayos B-Well estudiaron el uso de bepirovirsen junto con el tratamiento estándar y lo compararon con el tratamiento estándar más placebo.
Los resultados mostraron una tasa de cura funcional de alrededor del 19% en la población total estudiada. En pacientes que presentaban niveles más bajos del antígeno de superficie del virus al comenzar el estudio, la proporción fue aún mayor, llegando al 26%.
En el grupo que recibió únicamente el tratamiento estándar no se registraron casos de cura funcional bajo los criterios utilizados en el estudio.
Los resultados son relevantes porque los medicamentos utilizados actualmente para la hepatitis B crónica permiten controlar la replicación del virus y reducir el riesgo de daño hepático, pero conseguir una pérdida sostenida del antígeno de superficie y controlar la infección después de suspender el tratamiento sigue siendo poco frecuente.
El bepirovirsen actúa de una manera diferente. Es un oligonucleótido antisentido diseñado para interferir con el ARN del virus y disminuir la producción de proteínas virales, entre ellas el antígeno de superficie. La reducción de estas proteínas también busca favorecer una respuesta del sistema inmunitario capaz de mantener el virus controlado.

Un problema que también existe en Chile
La hepatitis B no es solamente un problema sanitario de otras regiones del mundo.
De acuerdo con el informe epidemiológico anual abreviado del Ministerio de Salud, durante 2025 se notificaron 747 casos de hepatitis B en Chile. Se trata de casos confirmados y notificados dentro del sistema de vigilancia epidemiológica, por lo que esta cifra no debe interpretarse como el número total de personas que viven con la infección en el país.
La hepatitis B es una enfermedad de notificación obligatoria y su vigilancia es universal. El Ministerio de Salud establece que los casos diagnosticados, tanto agudos como crónicos, deben ser notificados a la autoridad sanitaria.
A nivel mundial, la dimensión del problema es considerable. La Organización Mundial de la Salud estima que unos 240 millones de personas viven con infección crónica por el virus de la hepatitis B y que en 2024 la enfermedad provocó alrededor de 1,1 millones de muertes, principalmente por cirrosis y cáncer hepático.
¿Cómo se transmite?
El virus de la hepatitis B puede transmitirse mediante el contacto con sangre y otros fluidos corporales infectados. Entre las principales vías se encuentran las relaciones sexuales, el contacto con sangre contaminada y determinadas exposiciones a instrumentos cortopunzantes.
También puede transmitirse de una madre infectada a su hijo, especialmente alrededor del momento del nacimiento.
El Ministerio de Salud señala que en Chile la principal vía de transmisión identificada es la sexual. Por ello, el examen para detectar la infección está disponible en distintos niveles de la red pública para personas con sospecha o indicación médica, y el antígeno de superficie del virus también se solicita habitualmente en las unidades de atención de salud sexual.
Chile cuenta con vacuna contra la hepatitis B
A diferencia de lo que ocurre con otras infecciones virales, la hepatitis B puede prevenirse mediante vacunación.
Chile implementó en 2019 la vacunación universal contra la hepatitis B durante las primeras 24 horas después del nacimiento. El programa nacional contempla además medidas específicas para los recién nacidos de madres con hepatitis B, incluyendo la administración de vacuna e inmunoglobulina en las primeras horas de vida.
La prevención de la transmisión de madre a hijo constituye una de las líneas prioritarias del Programa Nacional de Control y Prevención de las Hepatitis B y C 2024-2030. El programa también establece como objetivo fortalecer el diagnóstico, el tratamiento y el seguimiento de las personas infectadas.
¿Qué tratamiento existe actualmente en Chile?
El descubrimiento del bepirovirsen no significa que las personas con hepatitis B crónica deban esperar un nuevo medicamento.
Chile dispone actualmente de tratamientos para controlar la infección crónica. El Ministerio de Salud establece que la hepatitis B crónica forma parte de las Garantías Explícitas en Salud (GES). Las personas beneficiarias con confirmación diagnóstica tienen derecho a evaluación inicial y tratamiento, y quienes ya están en tratamiento tienen acceso a continuarlo.
Entre los medicamentos incorporados al tratamiento se encuentran antivirales como tenofovir y entecavir, que permiten reducir la replicación del virus y disminuir el riesgo de progresión del daño hepático. El tratamiento se determina de acuerdo con las características clínicas de cada paciente.
Por eso, el posible avance del bepirovirsen no reemplaza los tratamientos actuales. Su eventual importancia estaría en conseguir que un número mucho mayor de personas pueda alcanzar una respuest
a sostenida y controlar la infección sin necesidad de mantener el tratamiento durante largos períodos.
El medicamento todavía no está disponible
Aunque los resultados de fase III son positivos, bepirovirsen sigue siendo un medicamento en investigación.
GSK ya ha presentado solicitudes regulatorias en distintos mercados. En Estados Unidos, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) aceptó la solicitud para revisión prioritaria y estableció el 26 de octubre de 2026 como fecha objetivo para su decisión. En Europa, la Agencia Europea de Medicamentos también aceptó la solicitud de autorización.
Esto significa que todavía debe superar las evaluaciones regulatorias correspondientes antes de que pueda convertirse en una alternativa terapéutica autorizada y, posteriormente, analizarse su eventual incorporación a los sistemas sanitarios de cada país.
Por ahora, el resultado más importante es otro: por primera vez un tratamiento en fase III ha mostrado una proporción significativa de pacientes capaces de alcanzar una cura funcional de la hepatitis B, abriendo una nueva línea de investigación contra una enfermedad que hasta ahora podía ser controlada, pero rara vez eliminada funcionalmente.
Qué se debe tener presente
La hepatitis B puede avanzar sin síntomas durante mucho tiempo. Por eso, una de las principales herramientas para enfrentarla sigue siendo la prevención mediante vacunación y el diagnóstico oportuno.
El nuevo medicamento representa una esperanza para el futuro, pero no cambia por ahora las recomendaciones para quienes viven con hepatitis B: deben mantener sus controles médicos y seguir el tratamiento indicado por los especialistas.
La posible llegada de terapias capaces de conseguir una cura funcional podría significar un cambio importante en el manejo de la enfermedad, pero todavía queda una etapa decisiva: comprobar su seguridad y eficacia ante los organismos reguladores y determinar cómo y cuándo podrá llegar a los pacientes.
