Sombrerería La Victoria: un oficio único con casi un siglo de tradición en Rancagua

-Ser maestro sombrerero es un legado que aún se mantiene vivo gracias a cuatro generaciones de la familia Abrigo. En calle Ignacio Carrera Pinto 1059, en el centro de Rancagua, su tienda y taller constituyen un patrimonio del comercio tradicional local, aportando una identidad cultural que trasciende fronteras.

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Fotos: Marco Lara

Desde 1928, Sombrerería La Victoria ha sido un símbolo de tradición y artesanía en Rancagua, la región y el país. Es un lugar único donde se confeccionan principalmente sombreros huasos, además de diversos estilos clásicos, modelos fedora, australianos, argentinos, tiroleses, pork pie, texanos y muchos más.

Ad portas de su centenario, destacamos a las cuatro generaciones que han mantenido vivo el legado de este local y emprendimiento familiar —Maximiliano, Manuel, Jorge y Bernardo Abrigo—, enfrentando desafíos y preservando un oficio artesanal lleno de historia y pasión, pero que estuvo cerca de desaparecer.

Es que el arte de la sombrerería no lo hace cualquiera. Confeccionar una pieza manteniendo las técnicas manuales tradicionales, prácticamente a mano, convierte este oficio en un patrimonio humano vivo. El uso de vapor, hormas de madera, el prensado del fieltro, el engomado y las terminaciones finas forman parte de un proceso que requiere varias etapas y una vasta experiencia, conocimientos que hoy dominan muy pocos artesanos.

A la confección desde cero que realiza La Victoria se suman las restauraciones y reparaciones de sombreros antiguos, devolviéndoles la vida mediante una cuidadosa limpieza, cambios de talla, hormado o modificaciones en su forma o modelo.

SU HISTORIA

Siendo maestro sombrerero, don Maximiliano Abrigo Muñoz enseñó el oficio a su hijo, Manuel Abrigo Reyes, transmitiéndole las técnicas de confección manual del sombrero de fieltro y de otros modelos tradicionales.

Fue Manuel quien llegó a establecer su talento en Rancagua, tras trabajar durante años en una sombrerería santiaguina llamada La Victoria, la cual cerró luego del fallecimiento de su dueño. Años más tarde solicitó autorización para utilizar ese mismo nombre y dar continuidad a ese legado. Así abrió su propio taller y local, La Victoria, en una céntrica calle de Rancagua, en 1928.

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Con el paso de los años, y desde muy joven, su hijo Jorge aprendió el oficio trabajando junto a él. Cuando don Manuel falleció, en 1971, Jorge asumió la conducción del negocio, dando paso a la tercera generación.

OFICIO PATRIMONIAL

Durante los años siguientes, don Jorge llevó la sombrerería a un nuevo nivel, expandiendo sus fronteras y ampliando la oferta de artículos tradicionales, como chupallas, mantas, ponchos, cinturones, zapatos y vestimenta huasa para hombre y mujer, además de diversos accesorios.

Recorrió rodeos y ferias costumbristas a lo largo de Chile, convirtiendo a La Victoria en un referente del mundo campesino y corralero.

Más que un accesorio, el sombrero representa un símbolo de identidad para el mundo huaso, y la sombrerería ha contribuido a preservar esa tradición. La calidad de sus productos permitió que, en 1992, don Jorge fuera invitado, junto a la Federación de Criadores de Caballos Chilenos, a representar la artesanía chilena en la Expo Mundo Rural, realizada en Salamanca, España.

La Región de O’Higgins mantiene una sólida tradición ligada al rodeo, la crianza de caballos y el folclore campesino. Por ello, los sombreros fabricados por La Victoria han sido utilizados durante décadas por huasos, corredores de rodeo, conjuntos folclóricos y agrupaciones ecuestres de todo Chile.

CUARTA GENERACIÓN

Hoy es Bernardo quien continúa con esta labor y espera seguir haciéndolo por muchos años más. Actualmente es el encargado de recibir a visitantes y clientes con un saludo cordial, una sonrisa y una conversación siempre dispuesta, en la que enseña con orgullo las hormas, moldes y herramientas ancestrales que heredó para preservar el talento de los maestros sombrereros.

Más que una tienda, la familia Abrigo representa el patrimonio artesanal de nuestra región. Desde Maximiliano hasta Bernardo, los Abrigo han convertido a La Victoria en uno de los pocos talleres chilenos donde el oficio del sombrerero ha permanecido vivo, de manera ininterrumpida, durante casi un siglo.

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